Tres historias

Solange Estévez (33), es madre soltera de cuatro niños. Dice estar cansada de llenar solicitudes laborales y que nadie la llame. Junto a sus hijos colabora en la venta de tortas fritas y ayuda en la cocina, mientras aguarda una nueva oportunidad.

«Pedimos colaboración a la gente, desde ropa, frazadas o comestibles. Se les explica la situación y los vecinos responden.

Un pesito que nos donen es de gran ayuda para nosotros. Hay días en los que me desespero. No es nada agradable la incertidumbre de no saber qué les vas a dar de comer a tus hijos».

José Búrguez (50), padre de cuatro niños, fue policía hasta hace dos años. Luego de la baja del cuerpo policial, trabajó en una barraca, una pollería y la construcción.

«No hay trabajo y a mi edad es todavía más difícil conseguirlo. Ahora estoy ayudando en el merendero a cambio de un plato de comida para mi familia. Uno intenta mantener la dignidad porque la esperanza es lo último que se pierde, pero, como está la situación, no veo una salida».

La problemática de José Silveira (41) no difiere mucho de la de sus compañeros. Es albañil, padre de dos chicos y, desde hace ocho meses, desocupado.

«La construcción ha sido uno de los sectores más golpeados y yo, como tantos otros compañeros, me encuentro sin trabajo. Los que colaboramos con la olla intentamos resistir esta crisis. A veces uno flaquea, pero lo importante es mantenernos unidos». *

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