Retratos urbanos

"Nací con el arte en las venas"

«Guardo tus cartas de amor

como reliquias y aunque

no vale la pena que las lea

hoy que me encuentro tan

solo en el exilio sin tu cariño

tendría que olvidarlas».

Siempre tuvo vocación de artista, pero ella despertó después de unos cuanto años. Nació en Treinta y Tres y heredó parte de sus habilidades de la madre que tallaba en madera, pero a la que poco conoció pues murió cuando Juan Carlos sólo tenía un año. La infancia en el campo fue dura, trabajó desde que era un niño. De muchacho entró a una arrocera, en donde cortaba arroz, hasta que un día decidió venirse a Montevideo a probar suerte. Al principio fue difícil, sólo traía 45 pesos que pronto se acabaron y tuvo que dormir en parques. Luego vinieron varios empleos, en una fábrica de parqué, en una barraca de lana, descargó bolsas de trigo y fue peón de la construcción. Pero para esa época ya pintaba. Se le dio la posibilidad de exponer en el Ateneo de Montevideo. Allí se unieron la casualidad y la suerte que junto a la calidad de su trabajo impresionaron a un inspector de la Universidad del Trabajo que resolvió mover cielo y tierra hasta llevarlo a dictar clases en esa institución. Con más tiempo para expresarse a través del arte y muy a gusto con la nueva ocupación dedicó más de veinte años a la docencia.

Mientras, incursionó además en la escultura, la talla en madera y empezó a escribir poemas, prosas, líricas y cantos criollos.

Sus obras se encuentran en más de cuarenta países y espera en los años de vida que le quedan realizar el sueño que aún le tiene pendiente.

 

–¿Cómo descubrió su vocación por tres ramas del arte?

–Nací con el arte en las venas. Empecé con la pintura. Estudié en Treinta y Tres y después fui a la escuela Pedro Figari. Un día, mientras pintaba, tenía el caballete al lado de una profesora y ella me dijo que por el lenguaje de mis manos podía escribir. En ese momento me pareció un disparate, pero después comencé y me resultó una forma más de expresión. Lo de la talla se originó en Toledo, trabajaba en la bodega de Francisco Vidiella, él tenía montes con árboles de todo tipo. En la hora del descanso yo los recorría porque eran para mí una fuente de inspiración a la hora de pintar. En determinado momento agarré un hacha y le di forma a dos pedazos de madera, así nacieron mis dos primeras esculturas.

 

–Hay obras suyas en varios países del mundo ¿cómo llegaron hasta ellos?

–Sí, en 43 países, Venezuela, Argentina, Brasil, Alemania, Africa, Marruecos, Estados Unidos. La mayoría llegaron hasta allá por colecciones privadas que les vendí a diplomáticos, presidentes y cónsules que estuvieron en Uruguay, vieron mi trabajo, les gustó y lo compraron. También adquieren mis obras muchos turistas argentinos.

 

–Escribe mucho, pero muestra poco ¿por qué?

–No sé, algún día me decidiré, corregiré todo y lo enseñaré. Me gusta mucho escribir y todo me inspira, pero prefiero vender cuadros o esculturas.

 

–Aparte de corregir sus poemas ¿tiene algún otro proyecto?

–Sí, acceder al medio que tanto soñé. Quiero ir a Estados Unidos. Salir al encuentro de algo que postergué en mi vida. Y no se trata sólo de recoger el aplauso del público. Porque a esas comunidades ya me acerqué y demostré lo que soy capaz de hacer, sino que ansío obtener una justa respuesta de la gente. Allá se aprecian las artes, las expresiones del alma. Es uno de los centros del arte mundial, donde convergen todas las culturas, que permiten enriquecerse. Quisiera vivir eso para tener la satisfacción de decir me costó llegar, estoy en el otoño de mi vida y pude alcanzar este medio que tanto soñé. *

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