De coleccionistas
Por Horacio Buscaglia
Directo de Internet:
Lorelle Otis Thomas del estado de Michigan, en los EEUU, tiene una inmensa pila de cajas de cartón. Dentro de ellas se encuentran los ejemplares de su colección, que muestra orgullosa a quien quiera verlos. Claro que no todos quieren verlos porque se trata de animales aplastados. Sí, leyó bien: animales aplastados. Su colección incluye sapos, ratones, liebres, ciervos, lagartos, vacas (!), coyotes, ardillas y otros animales que eligieron mal el momento de cruzar la carretera. Todos los bichos secos de su necrocolección fueron aplastados por distintos vehículos que, indiferentes, cruzan los caminos hacia su destino.
Lorelle no es una sádica o perversa, no señor, todo lo contrario. Con su muestrario quiere llamar la atención de los conductores sobre lo insensibles que somos frente a la naturaleza que nos rodea.
En 1998 hubo una muestra que reunía a coleccionistas, llamada «Magníficas obsesiones» donde la colección de Lorelle fue rechazada. (No me imagino ver un zorrino despanzurrado al lado de unos sellos antiguos). «Así es como tratamos a la vida silvestre», se quejó ella, habituada a los rechazos de este tipo.
Y no sólo colecciona las víctimas de los automovilistas, también tiene un poster de un restaurante llamado «Muerte en la Ruta», cuyo eslogan es: «Si usted lo mató, nosotros se lo cocinamos», y más abajo se puede leer: «Tenemos el mejor sabor en la rutas de América.»
Sus alumnos, vecinos y amigos le llevan los animales muertos que encuentran en las carreteras.
«A algunas chicas les llevan flores, a otras bombones. Cuando alguien ve un animal muerto, se acuerda de mí. Es lindo.»
Buena gente la Lorelle, ¿no? Centradita. *
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