Política y poder detrás de los Juegos Olímpicos
El fin del reciente punto muerto en el que se hallaban las relaciones entre Estados Unidos y China, que con motivo del caso del avión espía estaban enfrentados en una especie de reto para ver quién es el más valiente y fuerte, jugó un papel decisivo en la decisión tomada por amplia mayoría el viernes 13 de julio en Moscú por el Comité Olímpico Internacional (COI) de designar a Pekín como sede de los Juegos de 2008.
Pekín, París, Toronto, Estambul y Osaka querían organizar los Juegos Olímpicos de 2008, mientras que el Comité Olímpico Nacional (CON) de Estados Unidos aspira a que los Juegos de 2012 se disputen en suelo estadounidense. El gobierno de George W. Bush decidió finalmente permanecer neutral ante la pretensión china de ser sede olímpica en 2008, en tanto que ciertos miembros del Congreso de Estados Unidos no querían que China se adjudicara los Juegos a causa del comportamiento de este país en materia de derechos humanos.
Esos congresistas querían apoyarse en miembros estadounidenses del COI y en la intervención del CON de Estados Unidos para obstaculizar la designación de Pekín para 2008, pero un eventual voto estadounidense contrario a la adjudicación de los Juegos a China podía implicar que el COI, a su vez, se opusiera a que los Juegos de 2012 se disputaran en suelo norteamericano. De ahí la posición de neutralidad del gobierno Bush.
Pero la intromisión de la política en los Juegos Olímpicos no es una novedad, porque siempre fueron muy políticos. Los de Berlín en 1936, con Hitler en un primer plano, los de Ciudad de México en 1968, los de Munich en 1972, los de Montreal en 1976, los de Moscú en 1980 y los de Los Angeles en 1984 estuvieron a la vanguardia en ese sentido. Asimismo, los Juegos Olímpicos de Invierno a disputarse en 2002 en Salt Lake City están sumidos en el escándalo por las denuncias de compras de votos de miembros del COI.
También la historia olímpica está llena de protestas por motivos políticos. En 1952, el COI decidió invitar a equipos de China y Taiwan. Esa decisión llevó a que China boicoteara los Juegos Olímpicos desde esa fecha hasta los Juegos de Invierno de Lake Placid en 1980. En 1956, los equipos egipcio, libanés e iraquí boicotearon los Juegos de Melbourne para protestar por la invasión a Egipto por parte del Reino Unido, Francia e Israel que había ocurrido a principios de ese año.
John Carlos y Tommie Smith, dos grandes atletas negros estadounidenses, hicieron en los Juegos de 1968, subidos al podio de los vencedores, el saludo con el puño cerrado y enguantado en negro del Black Power, en una acción política que fue difundida profusamente por los medios mundiales de comunicación. En 1972 en Munich se produjo la matanza de 11 deportistas israelíes por parte de terroristas palestinos y en 1976, en ocasión de los Juegos de Montreal, se produjo el boicot de Africa luego de que muchos países de ese continente exigieron, infructuosamente, que Nueva Zelanda fuera excluida de los Juegos porque su equipo de rugby había jugado con Sudáfrica, que en ese entonces mantenía su política de apartheid.
Cuando el COI ignoró la demanda africana con el argumento de que el rugby no era un deporte olímpico, los gobiernos africanos hicieron que se retiraran de los Juegos de Montreal los competidores de 28 naciones. El COI había excluido a Sudáfrica de los Juegos Olímpicos en 1968, a fin de presionar al gobierno de ese país para que pusiera fin a su política de apartheid en el deporte. Los sudafricanos pudieron competir recién en los Juegos de Barcelona en 1992 luego de que en su país se dejara de lado su política racista.
En 1980, Estados Unidos y otros 61 países a instancias de Washington boicotearon los Juegos Olímpicos de Moscú cuando el presidente James Carter protestó por la invasión soviética en Afganistán.
Como consecuencia de ello, la Unión Soviética y 16 de sus aliados boicotearon los Juegos de Los Angeles de 1984.
El COI no quería verse envuelto en el embrollo de los aviones espía norteamericanos y que este se convirtiera en el tema principal en su reunión de Moscú para asignar la sede de los Juegos Olímpicos de 2008. El fin del entredicho estadounidense-chino permitió que ello no sucediera.
Pero eso no significó que la votación del viernes 13 de julio tuviera lugar en medio de un vacío político. Es que los deportes tienen un perfil muy alto y ello significa que pueden convertirse, en caso de necesidad, en una plataforma política.
(COPYRIGHT IPS)
(*) Evan Weiner es escritor y comentarista radial. Colabora regularmente en el Street & Smith’s Sports Bussiness Journal, en el National Sports Weekly y en el Basketball News.
Compartí tu opinión con toda la comunidad