La columna amarilla

Del diario íntimo de Fulano

Por Horacio Buscaglia

 

Ayer perdí mucho tiempo tratando de pensar en cosas inútiles, pero no lo logré. En estos tiempos cualquier cosa que se piense tiene una utilidad. Hasta lo menos pensado.

Por eso es que hace más de dos horas que estoy buscando ese tiempo que perdí para poder venderlo a todos los que les falta tiempo para hacer algunas cosas. Pero se me complica la cuestión, porque al buscar el tiempo perdido de ayer y no encontrarlo, estoy perdiendo el tiempo de hoy y si sigo así voy a entrar en un círculo vicioso.

Y no quiero volver a estar dentro de una circunferencia depravada como la otra vez, porque me acostumbro y me cuesta mucho salir.

Mientras pienso esto, miro de reojo al espejo y me doy cuenta que está esperando que me dé vuelta para esconder su punto de vista. Sigo sin poder descubrir qué es lo que hacen cuando nadie los mira.

Pongo agua a calentar, para el mate, pero parece que hoy (al agua) no le calienta la propuesta y demora en entrar en ebullición. La palabra «ebulle» no entra en mi pieza, tampoco la interjección «Â¡Ea!». Una media sucia está acurrucada en un rincón, no puedo imaginarme qué es lo que le causa temor, salvo que disimule (la media) y en realidad esté al acecho.

Por si acaso, me pongo las zapatillas. Hace tanto tiempo que las tengo que ya saben hacia dónde voy.

Al llegar a la puerta me doy vuelta de golpe y me veo acostado en la cama.

Voy hasta mí y trato de despertarme.

No me doy cuenta si lo logré. La caldera silba para sacarme de la situación. No lo logra. *

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