Retratos urbanos

El hombre que le lustró los zapatos a Acosta y Lara y Aparicio Méndez

Mario Barneche – Lustrabotas

 

as botas son altas, casi a media pierna, una última cepillada y quedan prontas. Mientras guarda los cepillos y las pomadas conversa con el cliente. Después le da el cambio y hace una seña, es a una persona que está en la barra de la parrillada, le indica que enseguida va a lustrarle los zapatos.

Mario Barneche hace treinta años que lustra botas, es su oficio. Lo aprendió de muy joven y lo empezó a practicar con vergüenza. Comenzó en el Sorocabana. Lustró los zapatos de Armando Acosta y Lara, de Aparicio Méndez, del profesor Reyes Abadie. Recuerda con tristeza el lugar que además de permitirle trabajar le dio la posibilidad de conocer personas que le enseñaron mucho.

A través de las ventanas del viejo bar, vio cómo cambiaba el país, sus transformaciones y el doloroso ocaso del local que guardó sus pimeros pasos en el arte del lustrado. Con el paso del tiempo combinó su oficio con otros empleos. Fue portero en la Intendencia de Montevideo, trabajó de sereno y en alguna chacra de Melilla, pero nunca descuidó la tarea que hasta hoy le permite ganarse la vida.

Mario lustra zapatos desde hace más de un decenio en el Mercado del Puerto. Allí pasa gran parte del día y dice que se siente un miembro más de él. El resto de su jornada transcurre entre Gardel, D’Arienzo y Zitarrosa, en el cuarto de una pensión céntrica.

–Su oficio antes era más frecuente, actualmente se ven muy pocos lustradores. ¿A qué se debe?

–Antes era típico lustrarse los zapatos, pero es una costumbre que se perdió en el tiempo. Una de las razones es que hay mucho champión, eso mató al lustrador. Hace muchos años se usaba, había un salón en la calle Yi donde yo llegué a lustrar, se trabajaba permanentemente. Funcionaba junto con una peluquería, en el antiguo bar Añón. Aquí en el Mercado sólo puedo estar yo, no se permite más de uno, pero en la calle se ven algunos más.

–A pesar de eso ¿tiene mucho trabajo?

–Sí, yo a veces quiero descansar y no puedo. Me llama uno y me hacen señas dos más. Acá viene mucho turista y el público en general paga bien, pero es muy exigente. De todos modos se nota la falta de dinero que hay en la población.

–¿Cuánto cobra por lustrar un par de zapatos o de botas?

–Por los zapatos cobro 25 pesos y por las botas 50. Por día lustro diez pares aproximadamente. No me puedo quejar, con lo que gano pago la pensión, como y le mando un poco de dinero a mi hija. *

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