"Nunca puse precio a mi trabajo; las personas me dan lo que pueden"
Juanchi González Payador
Por eso el verso le quiero tender / que a usted le voy a brindar / y en este lindo lugar / aquí le queda un versito / Un saludo para usted / que le deja Gonzalito»
Los ojos muy celestes, el cuerpo menudo. Camina lento y está encorvado. Habla rápido y de a ratos tartamudea.
Recorre los pasillos con la guitarra en la mano. Tiene setenta años y desde hace cuarenta ofrece sus payadas en el viejo Mercado del Puerto.
Se llama Juanchi González, pero se lo conoce por Gonzalito. Dicen los asiduos concurrentes, que es un puntal del Mercado.
Como complemento a sus versos, vende números de lotería. Con eso y una pensión de su padre vive junto a una hermana, en el barrio Borro.
Algunas veces la gente lo llama, otras se acerca él mismo a las mesas y recita una payada. Mira a la persona y de inmediato se inspira e inventa un verso, «la gente me pide que le cante y le dedique la payada. Conmigo pasan bien y se ríen, les gusta lo que hago».
–Lo que usted hace no es fácil, hay que tener una gran imaginación, ¿cómo aprendió?
–Aprendí cuando tenía 19 años. Me enseñaron varias personas. Al principio fue con un primo que tocaba la guitarra. Después me enseñó un cieguito, con él canté durante mucho tiempo en los cafés. Y otra cosa que me sirvió fue escuchar por radio a los payadores.
Antes había una radio que se llamaba Artigas, estaba ubicada en Millán y Bvar. Artigas, ahí cantaban payadores muy buenos, de los que hoy ya no queda ninguno.
Uno que a mí me gustaba muchísimo era Luis Alberto Martínez.
–¿Cómo logra mientras improvisa que las palabras rimen?
Se trata de hilvanar las palabras e ir llevándolas. Parece difícil, pero con el tiempo y la práctica se logra.
–¿Sus cantos son a voluntad o tienen precio?
–Nunca le puse precio a mi trabajo, es a voluntad. Las personas me dan lo que pueden. Es mi manera de vivir, no poniéndole precio a lo que hago.
A mí me parece que está bien de esta manera, así la gente puede colaborar mejor. Si uno pone precio a lo mejor la gente no puede pagar.
–¿Habitualmente cuánto le da la gente y cuánto recauda por día?
–Y… me dan de a cinco o diez pesos. Entre semana hago doscientos o trescientos pesos y los sábados saco un poco más.
Pero no es lo único, a mí me reconforta mucho la forma en que me tratan las personas. Me conocen y me demuestran cariño y respeto. Me dicen que soy bueno, que tengo valor y que no me vaya nunca del Mercado. *
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