ESTRUENDO EN MALDONADO

Polémico bombazo tiró el Centro del Espectáculo

Exactamente a las 16 horas estallaron las 200 cargas dispuestas en cinco líneas con un punto de inicio de casi un kilo de dinamita cada una y un total de 50 kilos de explosivos controlados electrónicamente mediante un mando a distancia.

Las paredes de ladrillo cedieron y el techo abovedado, construido por el ingeniero uruguayo Eladio Dieste, se vino abajo en menos de un segundo aunque casi la mitad cayó entero.

Una enorme nube de polvo se coló entre el espacio que dejan el Hotel Conrad y el edificio Beverly Tower, las dos construcciones más cercanas, ubicadas frente a la construcción demolida. El viento que soplaba desde el mar y la magnitud del estallido habían provocado algunos temores acerca de eventuales daños en las fachadas vidriadas de ambas construcciones.

Pero técnicamente el trabajo realizado por la Brigada de Ingenieros Nº 1 de Montevideo fue impecable. El equipo de demolición estuvo a cargo del teniente coronel Daniel Etchevarría y su hermano, el mayor ( r) José Luis Etcheverría, experto en explosivos.

Centenares de personas se concentraron en la franja costera para apreciar un espectáculo hasta ahora nunca visto en Maldonado.

En el muelle de pescadores de Parada 3, habilitado especialmente, se ubicaron el ministro de Turismo, Alfonso Varela; el de Vivienda y Medio Ambiente, Carlos Cat; el intendente de Maldonado, Enrique Antía, junto a varios jerarcas municipales; y un importante número de altos oficiales del ejército. Además llegaron periodistas de varios puntos del país para cubrir el hecho.

Pero no fue esa la única bomba que explotó ayer.

La mecha encendida

En el momento en que el edificio cayó surgieron algunos tímidos aplausos entre algunos de los jerarcas presentes. Luego se dispusieron a realizar las declaraciones de rigor.

En una vereda el ministro Varela intentaba convencer a los periodistas de que «la demolición tenía como objetivo la recuperación de la franja costera para disfrute del turismo».

Aseguró a la vez que «el ministerio continuaría en esta política de protección medioambiental».

Pero las dudas surgieron a la hora de hablar de dinero. Varela sostuvo que «ya se habían pagado los 200.000 dólares correspondientes al acuerdo logrado con la empresa concesionaria» y por tres veces negó «tener conocimiento de que los propietarios del Beverly Tower hubieran aportado dinero para cubrir los costos de la demolición».

Pero en la vereda de enfrente, Alfredo Etchegaray, relacionista público y último concesionario del Centro del Espectáculo, aseguraba a otros periodistas que «el edificio se demolió para proteger intereses privados» que no quiso identificar «porque ustedes saben bien de qué hablo y tampoco quiero mencionar porque estoy harto de recibir presiones que hasta han afectado mi salud».

Juró por «su madre y todas las personas que me quieren, que no he recibido un peso hasta el momento» y reveló que «los propietarios del Beverly Tower recibieron su cuenta de gastos comunes aumentada con un aporte que debían hacer para pagar la diferencia entre lo que el ministerio acordó con la empresa concesionaria y lo que efectivamente gastó en proyectos y reparaciones».

Entre uno y otro el intendente Antía respondía airado a la periodista que le preguntó si «alguno de los empresarios de los edificios ubicados enfrente habían colaborado en su campaña electoral».

El jefe comunal sostuvo que «eso era una canallada que tiene nombre y apellido y que no pienso responder».

Aunque aseguró que «se presentaría en el juzgado para realizar la denuncia penal». *

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