"No se puede hablar del mundo si no se tiene contacto con la gente"
Nazario Osano Estatuista
La tarde está muy fría, el muchacho llega casi pronto, tiene puesto el atuendo y la peluca, le falta armar el pedastal y al algún retoque al maquillaje. Nazario Osano se instala a realizar lo que para algunos es un trabajo y para otros es arte, para él es una forma de vida. Hace dos años que vive como estatua viviente durante dos horas al día.
La ubicación cambia, porque no le gusta «quemar» su trabajo, ahora se lo puede ver en 18 de Julio y Fernández Crespo pero antes estuvo en la Peatonal Sarandí, en Bartolomé Mitre, frente a la Intendencia y en la feria del Parque Rodó. Lo que intenta de ese modo es mantener viva la sorpresa en la gente.
Cuenta que lo que él hace no es nada nuevo, aunque la «moda» en Montevideo no tiene más de seis años. Su profesión nació en Francia, cuando pasada la Revolución Francesa, Napoleón Bonaparte prohibió toda forma de expresión artística y cerró los teatros. De ese modo los artistas salieron a la calle a imitar estatuas, ellos lo hacían en forma distinta a lo acostumbrado, pues se paraban delante de la estatua y permanecían totalmente inmóviles. Y a eso es a lo que Nazario aspira, pero aún tiene que perfeccionarse para lograr la quietud absoluta.
Ser estatuista requiere mucha concentración y combinar varias técnicas, ¿te costó lograr esa integración?
Yo aprendí con una estatua, como si fuera un discípulo y un maestro, porque no hay escuelas ni talleres de estatuismo. Debí practicar danza contemporánea, dominar técnicas de mimo, actuación, yoga y Tai-Chi. La combinación de ellas me permite obtener el estado de conciencia con el que yo trabajo. Para lograr ese estado preciso los primeros quince minutos que son pura concentración y en los cuarenta y cinco minutos siguentes logro llegar.
–¿En qué consiste el estado de conciencia?
–Es difícilde explicar porque es algo vivencial. El cuerpo queda depositado sobre el pedestal y la mente totalmente en blanco. Es un estado «alterado», diferente al que tengo habitualmente.
–¿Cuando te dejan una moneda, se modifica ese estado?
Sí, cada moneda me hace volver, en ese momento utilizo los movimientos de danza y las técnicas de Tai – Chi. Cada vez que me muevo me cargo de aire, aflojo los puntos que puedan tener contención, cambio el peso del cuerpo de un pie a otro y el apoyo de los brazos. Al quedarme quieto vuelvo a una respiración constante y controlada y a poner la mente en blanco.
–¿Cómo reacciona la gente ante tu presencia en la calle?
–Todos los días vivo todo tipo de experiencias con las personas que se paran delante de mí, gente demente, simpática, otras que se emocionan, adultos, niños. Me gusta que se me acerquen, que me hablen. Me permite despertarme, cobrar vida. A veces me doy cuenta que hay quienes no tienen una moneda para darme y no se atreven a acercarse, eso no importa, yo quiero que vengan igual. Hay cosas que me conmueven de la gente, que me hacen evolucionar, me permiten un intercambio de energía con ella. La calle tiene magia, no se puede hablar del mundo, ni de la realidad, ni del país si no se tiene contacto con la gente. Por lo menos se necesita una o dos horas semanales con ella. *
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