Retratos urbanos

"La música es mi vida"

Orlando Tamargo: Músico

Hace horas que permanece en el mismo lugar. Sentado en un banco, con un bolso inmenso que guarda sus pertenencias y un cartel de presentación. A los pies una lata con unos cuantos billetes y también monedas. En sus manos el saxofón.

Orlando Tamargo partió desde la tierra de José Martí, de Silvio Rodríguez, de Pablo Milanés. Recorrió el mundo con su música, Europa, Africa y América Latina. Pensaba seguir, Brasil o Argentina tal vez, pero cuenta que la belleza de Uruguay lo atrapó.

Habla rápido y con un entonador acento, huella de su tierra que el paso del tiempo y las vueltas por el mundo no lograron borrar. Fuma ansiosamente, le gustan los cigarrillos La Paz: «Son iguales a los cubanos.»

Extraña la familia y algunos amigos maravillosos con los que piensa reencontrarse en algún momento. No sabe de fechas de regreso, aunque sí está en sus planes. ¿La razón? Dice que en este país encontró la libertad de hacer lo que le gusta, sin presiones, sin las exigencias de grandes orquestas, y que puede vivir de esa independencia. Y por si hace falta otro motivo, afirma que le encanta este lugar, principalmente la gente. Se niega a creer en algo que escuchó por ahí: «Hay quienes dicen que el uruguayo es aburrido, todavía no conocí ninguno ni triste, ni aburrido».

–¿Cuánto tiempo hace que llegó a Uruguay y en qué lugares tocó desde ese momento?

–Hace tres años que estoy acá. Desde que llegué toco con un grupo de compatriotas cubanos, llamado «Cuarteto Habana», hacemos música de la nuestra y del Caribe, que es muy buena. Actuamos en el Conrad de Punta del Este, en San Carlos, en la Casa Cuba, en Flamingo. Yo también trabajo solo, hago recepciones y bodas. Además doy clases a domicilio, ahora comencé un curso muy bueno que no se conoce aquí.

–¿En qué consiste ese curso?

–Es un curso de armonía. Es muy avanzado y permite una actualización a nivel mundial. Yo tuve la posibilidad de aprender con un maestro excelente que dictó un curso solo para directores y músicos de primera. En esto siempre hay que estar actualizándose.

El problema es que aquí los músicos no están muy bien económicamente. Yo les tomo aprecio y si no tienen dinero, igual siguen adelante.

–En Cuba usted toco en el Cabaret Tropicana, uno de los más bellos del mundo, también estuvo junto a Buena Vista Social Club y en grandes orquestas, ¿por qué se fue?

–De tropicana me tuve que retirar. Allá la ley dice que después de una cierta cantidad de años hay que retirarse por el desgaste físico que los instrumentos de viento producen. Luego me cansó la responsabilidad de las orquestas y me dediqué a dar clases y tuve que evaluar. En Cuba hay clasificaciones, yo siempre obtuve las más altas, por eso me designaron para evaluar a otros músicos. Eso a mí no me gustó. Todos nos conocemos y hay algunos que no saben reconocer sus errores, se creen que son muy buenos. Cuando yo no les daba la calificación que ellos creían merecer, se convertían en mis enmigos.

En fin, me fui en busca de cosas nuvas, pero relacionadas con la lo mío, lo que yo sé hacer. La música es mi vida, siempre viví de ella. *

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