Cosas de la memoria
Hace miles de años, cuando era un adolescente, en el glorioso barrio Malvín fuimos con unos amigos al tablado de Alfredo Moreno, donde supe ver a Marta Gularte, Edmundo Rivero, Barry, los Churumbeles de España, D’Arienzo, la gran Maysa Mattarazzo, Zitarrosa y tantos más. Eran otros tiempos aquellos, ¿no?
Aquel día la atracción era un hipnotizador que con una música muy sugestiva nos hizo levantar los brazos y cerrar los ojos, al rato 4 o 5 personas quedaron con aspecto de dormidos, uno de ellos era nuestro amigo, El Negro Pablo.
Subió al escenario y como un zombie tuvo que hacer de perro, tocar un instrumento inexistente, quedarse duro como una tabla, rascarse como si tuviera mil pulgas y llorar porque estaba perdido. Estaba totalmente hipnotizado. Al finalizar su acto el hipnotizador «despertó» a todos. Menos a Pablo. No pudo, le dio tres golpes en la frente, puso otra música, dijo palabras mágicas y nada… siguió tratando de sacarlo de su estado hipnótico hasta que cerró el tablado.
El mago dice que eso le pasa mucho en Brasil porque, según él, a los negros y además malcomidos, el hipnotismo les pega más fuerte.
Es así que lleva a Pablo a comer unos chorizos, el negro va como un zombie. Chorizo que le dan se lo mete en el bolsillo, así lo hace con cuatro chorizos, el quinto se lo morfa ávidamente y se despierta aunque muy boleado. El hipnotizador se las toma de apuro por miedo a la recaída.
Nosotros muy preocupados comenzamos a interrogar al grone, que nos hace callar con un gesto y dice: «Qué hipnotismo, ni hipnotismo, giles, les saqué un chorizo pa cada uno».
Esta, que es una anécdota real, se me vino a la mente cuando leí que la audiencia de Gran Hermano en su último día fue del 90%, y no puedo darme cuenta por qué. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad