El día después del festejo
Caso:
El país se ha sacudido de una larga modorra de tristeza y desesperanza. Los festejos de grandes y chicos, hombres y mujeres, todos-juntos sin distingos de ideologías, partidos o cuadros de football han dejado un dulce sabor a alegría y esperanza. Se han visto festejos en todo el país, cada jugador ha sido recibido en sus departamentos de origen con todos los honores y las caritas de los niños han vuelto a tener una sonrisa desde el profundo de sus anhelos.
Es un tema de conversación que en todos los ámbitos se plantea desde la interrogante: «¿Qué te ha parecido lo de la celeste?» Surge la necesidad de encontrar explicaciones a esa conmoción generalizada, a ese contagio de alegría, a esa extraña vivencia de cantar el himno nacional en voz alta y todos juntos. Las preguntas que siguen podrían ser las siguientes: ¿Qué va a pasar mañana? ¿Qué repercusiones tendrá todo esto? ¿Cuál es el saldo en nuestra sociedad?
Comentario:
Una extraña corriente de energía ha pasado por la sociedad en su conjunto que ha redescubierto su identidad detrás del seleccionado nacional. «Ser uruguayo» ha tomado cuerpo en la vivencia de todo un pueblo, que hoy más allá de su sorpresa se plantea la reflexión. Se ha iniciado ahora un camino de búsqueda de explicaciones de este fenómeno colectivo, de esta experiencia que ha atravesado a toda una sociedad sin generar resistencias ni disputas y ha integrado personas más allá de ideologías, partidos o divisas. El día después de esta experiencia, cada uno intenta a su modo encontrar explicaciones. Es natural, el ser humano necesita responder a sus «¿por qué?», es un insumo del pensamiento lógico, sin embargo es necesario situarnos en el «¿para qué?» y aprovechar la fuerza de esta experiencia colectiva en toda su potencialidad. Superar la inercia de una carreta que hace mucho tiempo estaba quieta requiere sin duda mayor energía que empujarla sí ya está andando. Pues bien, la actuación del seleccionado en este campeonato mundial ha vencido la inercia de una juventud con pocas esperanzas. Y eso es más que una alegría circunstancial motivo de un festejo, es nada más ni nada menos que el empuje necesario para seguir andando. Es la invitación a luchar por evitar que la energía se disipe para quedar nuevamente escondida detrás de las penurias cotidianas.
Sin duda surge de inmediato la pregunta acerca de ¿quién será el encargado de continuar alimentando la energía resultante de esta experiencia colectiva? La respuesta está en las manos de cada uno de nosotros, en cada una de las personas que atravesaron la experiencia de luchar, desear, seguir luchando y alcanzar circunstancia a circunstancia, gol a gol lo máximo posible. Y después integrarse en el festejo, el disfrute, la alegría por lo obtenido, sin reproches y sin críticas. Aquilatando cada fortaleza, cada momento para seguir luchando. Ese proceso de construir hechos, superar frustraciones, alcanzar objetivos requiere primero la capacidad de soñar. Y esa capacidad de soñar es la que se ha recuperado en el colectivo. Es la posibilidad de pensar como posible un esfuerzo, basados en la confianza de que fue posible. El archivo de esa experiencia vital, es sumamente valiosa para seguir construyendo y seguir soñando. También para seguir luchando por los sueños. Este proceso que se ha redescubierto, que se ha fortalecido por los últimos acontecimientos está ahora en las manos de cada uno de nosotros. En hombres y mujeres, en adultos y en niños, en gobernantes y en el ciudadano común, en expresiones grandilocuentes o en el solitario balance de todos los días. La energía que ha conseguido sacudir la inercia debe ser conservada y aprovechada para continuar el movimiento de construir cada uno de nosotros acorde a nuestros sueños.
Sin duda la autoestima del ser uruguayo ha crecido. Este es el alimento que todas las personas necesitan para tener confianza en sus actos y en su lucha cotidiana. Para restablecer los límites de respeto perdidos y afianzar nuevos encuadres de negociación y no de confrontación. Para restablecer la capacidad para modificar aquello que no deseamos y salir de la indiferencia o del abandono indolente frente a la adversidad.
Este momento vivido recientemente es del punto de vista psicosocial una experiencia que como comunidad no debemos perder. Provocar algo así en forma intencional tiene un altísimo costo de planificación, esfuerzo y recursos que no siempre da los resultados que esta vez se dieron casi en forma natural, escondidos detrás de un descreimiento inicial. Es hora entonces de prolongar la alegría y el festejo con acciones, con más esfuerzo para seguir luchando cada día por aquello que deseamos, por modificar aquello que no deseamos y superar cada dificultad de a una por vez. Sorteando cada escollo partido a partido, gol a gol. Es este el camino que «la celeste» nos ha mostrado y es el que no debemos olvidar.
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