LAS CUARTETAS, UN BAR DE ANTAÑO
Por la calle Andes, entre 18 y Colonia, estuvo Las Cuartetas un bar de enorme local que atravesaba la cuadra y tenía otra entrada sobre la plaza, al lado del Cine Los Angeles. Por sus enormes puertas entró la historia urbana que no recogen los libros. Seres anónimos junto a personajes populares del viejo Montevideo. Su ubicación enfrente al local de apuesta llamado «El Sport de Maroñas» determinó su concurrencia en horas de la tarde. Los timberos de la calle Andes tenían para elegir entre bares de la zona como «Los Veteranos», «El Derby», «El YoYo» al lado de El Sport y la gran comodidad de Las Cuartetas. Esos clientes de las tardes atraían a conocidos usureros y prestamistas que andaban entre sus mesas aprovechándose de los pobres tipos que se habían «pelado» en los pingos. Les pagaban «chirolas» por anillos y relojes que los timberos les vendían o empeñaban buscando guita para la revancha. Ya al caer la tarde y siendo la noche dueña de la ciudad en Andes y Colonia prendían sus luces El Teatro Artigas y el cabaret Chantecler. La clientela de Las Cuartetas cambiaba abruptamente. Desaparecían los fanáticos de las carreras y surgía una fauna que desbordaba sus mesas hasta que salía el sol. Muchas parejas, algunas de ellas haciendo tiempo con un cafecito hasta que empezaba la última función del Teatro Artigas y muchos músicos que tocaban en el cabaret de enfrente.
Viejos solitarios que alargaban su copa porque sabían que en sus casas nadie los esperaba. Por el mes de setiembre comenzaban sus actuaciones en el Teatro Artigas los muchachos de La Troupe «Ateniense», que eran asiduos a Las Cuartetas. Eran jóvenes universitarios con gran pasión por el baile y el canto, dirigidos por el gran Ramón «Loro» Collazo. Les decían «los atenienses» y elegían este bar para antes y después de sus actuaciones. A nadie le extrañaba ver en una mesa a Juan D’Arienzo, «El Rey del Compás», que era presencia habitual junto a su afamada orquesta en El Chantecler de enfrente. Al comenzar la madrugada, el bar adquiría un nuevo perfil mas sombrío. Se jugaba a los naipes por dinero y la timba se adueñaba de la voluntad de muchos parroquianos. No se jugaba a «La Generala» pues era casi un privilegio, al menos en la zona del cercano boliche «Antequera» sobre el ala norte de la plaza. Pero le daban con todo a la conga y al truco por pesos que dolían en los bolsillos de gente de humilde condición. Sobre la entrada que daba a la plaza, en una mesa pegada a la pared estaba siempre un «tahur», un timador profesional que todos conocían como don Carrizo. Muy astuto se las ingeniaba para conseguir incautos que estafaba con su hábil juego de cartas. El negocio para muchos clientes de la madrugada era esperar que don Carrizo se levantara y comprarle por unos pesos algún relojito de chaleco, ganchos de corbatas y hasta algún sobretodo que los desprevenidos habían jugado y perdido. Las bebidas de Las Cuartetas eran múltiples pero se destacaba el chopp de barril y una copita de caña con orejones que se llamaban «el pucherito». Las barras de amigos preferían ese trago antes de emprender un paseo por El Bajo de la Ciudad Vieja. Las Cuartetas también tenía una clientela de actores que concurrían a las horas del mediodía. Eran integrantes de las compañías de radioteatros que trabajaban en las fonoplateas de Radio América y la vieja Radio Nacional del Palacio Salvo. Gente como Julio Alassio, Aurora Rodríguez, Semillita y el popular Julio César Armi tomaban un café con medialunas y se contaban los chismes del ambiente radial. Las Cuartetas fue el primer bar en tener unas máquinas traganíqueles, donde por una moneda se podían ver por un visor a muchas chicas desprovistas de ropas. A veces algún pibito se quería pasar de listo y dar una vichadita pero los mozos lo sacaba rajando.
Con más recuerdos y música los esperamos todos los domingos a las 18 horas en CX 40 Radio Fénix. También en Internet: You Tube «Prohibido para Nostálgicos».
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