SANA MENTE

Ivette Almendras (*)

Una noche soñada

Caso:

Por fin ha llegado esa noche soñada desde hace mucho tiempo. Lorena no puede creer la felicidad que siente. Su familia, sus amigas, todos sus seres queridos están ahí, junto a ella, dándole todos los mimos posibles. Los besos, los abrazos y la alegría desbordan contagiando a todos los presentes. Lorena recorre cada una de las mesas de los invitados para la foto infaltable y cada uno de estos momentos es la confirmación de la mujer serena, afable y hermosa que asoma tras de la jovencita vestida de fiesta. Esta noche mágica ha conseguido limar las asperezas existentes entre algunos miembros de la familia. Y allí están todos a pesar de sus diferencias dejando como testimonio de esta noche de felicidad, todas las fotos posibles. Esta noche feliz es el resultado de muchas otras de insomnio. Lorena ha tenido muchos meses de incertidumbre, no sabía si este sueño se podría concretar. Sus deseos y esperanzas se mezclaban con los planes de las personas que invitaría, del modelo de su vestido, de los detalles de la fiesta. Por otra parte los padres de Lorena también pasaron otras tantas noches haciendo cuentas y más cuentas para darle este gusto a su adorada hija. Esta noche feliz ha sido el resultado de algunas renuncias, otros tantos esfuerzos y muchos sueños.

 

Comentario:

En la vida no todo es color de rosa suelen decir las abuelas. Es tal vez la voz de largos años llenos de experiencia en los que sin duda no todo tiene la clave de felicidad y alegría del ejemplo. Si bien esto es cierto, también lo es que la felicidad, la alegría, la satisfacción son el resultado de un conjunto de elementos en los que están siempre presentes algunas renuncias, muchos esfuerzos y aún sacrificios. Y sobre todo el ingrediente que no puede faltar: los sueños para alcanzar ese objetivo deseado. Visualizarlo en todos los detalles posibles, alimentarlo y tenerlo presente como un norte, predispone toda la energía de nuestra psiquis a alcanzarlo y convertir el sueño en realidad. Por supuesto que este proceso que no es mágico, puede comprobarse en la vida cotidiana y en la práctica, una y otra vez, en la medida en que se cumplan todos sus pasos. La noche de felicidad de Lorena, tuvo por detrás sacrificios, renuncias, mucho trabajo, una planificación detallada y un sueño que guiaba toda esa energía. Desear algo con fuerza requiere más fuerza aún para los preparativos, la planificación y especialmente para poner toda la energía destinada a conseguir ese objetivo.

Nuestra cultura nos advierte frecuentemente sobre los malos momentos que la vida nos va a deparar. Es la transmisión casi de una certeza paralizante: la vida es penosa y la felicidad no existe o es escasa. Abundan frases ilustrativas: «nacimos para sufrir» o «ya vas a ver cuando seas grande», sin embargo no existe nada en contrario, nada que aliente a la búsqueda de la felicidad. Tanto es así, que no hay dudas sobre el concepto que encierra la desgracia, la frustración o las penurias. Son fáciles de imaginar, sin embargo no queda muy claro qué es la felicidad y si es posible pensar en ella como algo alcanzable.

De esta forma las certezas llevan a la penuria y las incertidumbres son siempre amenazantes. No se entrena ni fortalece la capacidad para soñar y lograr hacer realidad esos sueños que requieren un punto de partida saludable. Un sueño será posible en tanto esté sustentado por una persona con la autoestima suficiente para luchar por construir esfuerzo a esfuerzo el camino de sus logros. No es posible alcanzarlos en tanto se sienta inseguridad, temor, duda, inadecuación o cualquier otra manifestación de una psiquis empobrecida. Alimentar la autoestima de los niños se hace entonces imperativa. Esto significa afianzar sus capacidades para lograr cada día superar sus frustraciones. Esta es la primera lección en este camino. No es posible hacer realidad un sueño en tanto no se cuente con la capacidad para superar obstáculos y renacer de entre los escombros.

En este sentido es deseable plantearse una actitud proactiva con la vida, que admita los matices de la realidad. Educar para ser feliz es una tarea que implica aceptar la posibilidad de serlo así como la capacidad para superar las dificultades. Conceptualizar la felicidad, no como un imposible, sino como un aspecto de la vida por el que se puede luchar y alcanzar. El temor a la felicidad hace desperdiciar esos preciados momentos, los desdibuja. Se siente que es inalcanzable y por ello no se la reconoce o no se la vive a pleno. Es como un paladar no acostumbrado a degustar un manjar, tal vez escupa el bocado de alimento desconocido. El colmo de esta situación es reconocer el momento de felicidad y tornarlo en una desgracia o un problema. Suele suceder que la inadecuación en la reacción o la incapacidad para el disfrute, genere un problema donde no existe, el temor sustituya a la alegría, la indecisión no habilite la acción oportuna y la felicidad así desfigurada se escape de esa persona que quedará convencida que no existe y que la vida es sólo sufrimiento. La felicidad existe a cada paso de la vida, en circunstancias cotidianas, en momentos simples, sólo requiere descubrirla tal vez escondida detrás de iniciales penurias. No se confunda con su apariencia y atrévase, estimado lector a encontrar la satisfacción y felicidad en la lucha para alcanzar sus sueños.

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