Adolescentes vivieron un nuevo "primer día de clases" en liceos
«Papá, dejame acá que camino» dijo el adolescente, con pinta de niño en su rostro pero con facha de adolescente con su camisa blanca y vaquero nuevos. Su primer día de clases en el liceo de la calle Asilo y Agraciada en el Prado.
Los más grandes, alumnos de segundo y tercero, que «hacían puerta» ayer a las 12.00 ya sabían la dinámica de los recreos, y que no es necesario «venir de vaquero y camisa», tal como los de primer año.
A medida que pasan los años biológicos, y los curriculares, los alumnos se van adaptando a las dinámicas, a la institución, su historia, sus tecnologías, y a los demás, para sentirse parte de un colectivo.
«Soy docente, venimos a comenzar un año, a pesar de que hace algunos días que estamos aquí trabajando», explicó Estela, profesora de Matemáticas del Instituto Alfredo Vázquez Acevedo (IAVA).
Allí los alumnos, que cursan el ciclo superior, no están tan predispuestos a «hacer puerta», sino «a salir rápido del liceo» dijo Estela. En la noche, donde el público educativo es aún mayor en cuanto a la edad, los estudiantes «vienen cansados de trabajar y no están para que se los obligue a nada, sino que ya saben lo que tienen que hacer», dijo.
A pocas cuadras, en Cuareim y 18 de Julio está el liceo número 34, extra edad de bachillerato. Ernesto deja su moto estacionada en la puerta y le pide al cuidador que se la mire hasta las tres de la tarde. «Vengo a ver si retomo el liceo en quinto, después de doce años», explicó.
El primer día
El primer día de clases es para los docentes, una jornada que no está fuera de su planificación. «Debemos conocernos, y comenzar a trabajar en la primera evaluación, que es la de diagnóstico que se realiza sobre el estudiantado». Así lo explicó Angel Curbelo, docente de filosofía de un liceo de Canelones. Pero para los estudiantes, el primer día significa mucho más. «Es reencontrarme con mis amigas, y volver a encarar» dice Estefanía, alumna del IAVA. «Nosotros venimos a estudiar, pero ya nos faltó una materia» dice un estudiante que pasaba la hora libre de física fuera del Liceo número 3 Dámaso Antonio Larrañaga. Junto con los demás compañeros (véase fotografías), en un primer instante se resistieron a la idea de dialogar con la prensa, pero inmediatamente después recalcaron que «no estamos acá afuera porque seamos vagos, no hay docentes».
Grupos
En algunos centros recorridos por LA REPUBLICA en Montevideo, al ver las listas de alumnos fuera de los salones, se revelaba que por ejemplo en el caso del Liceo Instituto Batlle y Ordóñez, y los liceos anexos, los grupos no superaban el ideal de 25 estudiantes, lo mismo que en el Liceo Dámaso. Ayer se buscaban soluciones para superar los problemas edilicios en el liceo de Playa Pascual ocupado al inicio de clases, aseguraron las autoridades.
Grupos en Primaria y UTU
Según la consejera de Primaria María Inés Gil «sólo una o dos escuelas urbanas del Interior no pudieron abrir debido a las inundaciones». La jerarca dijo ayer que se llegó a cumplir con el objetivo de llegar a tener casi el 100% de los grupos escolares con menos de 25 alumnos. En el caso de la enseñanza técnica, fuentes educativas informaron que se estaba haciendo todo lo posible para cumplir con las vacantes de docentes faltantes para cumplir con el dictado de clases.
En el caso de Secundaria, el consejero Martín Pasturino dijo que en términos generales estuvo bien. «En algunos lugares tuvimos problemas, y ayer fuimos y personalmente hablé con el sindicato y algún grupo empezará las clases en un aula prefabricada». En algunos liceos de Canelones, la lluvia generó problemas, y por eso no pudieron culminarse.
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