TIENE LA PALABRA
Perdimos al compañero Marcos Canetti
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Cuando cae un luchador social es preciso saberlo. Este país ha tenido muchos hombres luchadores que trabajaron día tras día, esfuerzo tras esfuerzo, para construir una sociedad nueva y mejor. El compañero Marcos Canetti, abogado penalista, defensor de los presos políticos, en particular del hoy senador Fernández Huidobro, falleció sorpresivamente cuando parecía estar recuperándose el miércoles pasado después de una lucha intensa por su vida, que se prodigó con eficacia en el Hospital Maciel por su personal y la dirección del CTI ejercida por el profesor Bagnulo.
Marcos Canetti se hizo desde abajo y estudió su carrera trabajando como empleado de la Biblioteca de la Facultad de Derecho. Fue fundador y directivo de la Agrupación Nuevas Bases y de la Unión Popular colaborando en la construcción de un nuevo camino de la izquierda, que junto con el Fidel serían las columnas formadoras del Frente Amplio.
Luchador gremial estudiantil, desde la Facultad de Derecho, fue allí fundador también de la primera lista de izquierda Lucha Universitaria y activista permanente del movimiento estudiantil en las importantes luchas de las décadas del 50 y 60.
De una ética inconmovible y generoso en el ejercicio de su profesión estuvo siempre a la orden para apoyar con su eficacia de abogado a todos los que ya desde la predictadura requerían su asesoramiento.
Como pasó con otros uruguayos, ante el aviso que le diera Zelmar Michelini tuvo que exiliarse viviendo ese exilio riesgoso en Chile y en Argentina hasta que finalizó su periplo en Venezuela, donde reunido con su familia vivió y trabajó hasta ahora. Homenaje y recuerdo siempre para el idealista luchador que cae en el camino, para el compañero Canetti. Sus amigos
Por sus amigos
HELIOS SARTHOU
El periplo de Larrañaga
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Después de la derrota sufrida por el entente «rosado», representado mayoritariamente por el Partido Nacional, en las elecciones de 2004, al político blanco que, por su condición de presidenciable más le impactó el fracaso fue al temperamental Larrañaga. Al otro día de asumir el Dr. Vázquez la Presidencia de la República, el candidato nacionalista se convirtió en un torpe y ofuscado opositor, pletórico de frustración y resentimiento, llegando en este período de gobierno de izquierda a no aceptar ninguna propuesta ni concreción del oficialismo. Un ejemplo paradigmático de lo expresado lo constituyó el Plan Ceibal, ante el cual el senador de marras hizo una sesuda advertencia: «La mejor política social es el trabajo», «de nada vale un niño, una computadora, si ese niño tiene la panza vacía» (LA REPUBLICA 24/8/09). Un razonamiento típico de oposición mediocre y desubicada, común denominador de Larrañaga.
El hombre público que nos ocupa, no sólo se opuso visceralmente a todo, sino que también tuvo veleidades absurdas, como pretender imponerle al gobierno que el oficialismo quedara en minoría en la integración del Tribunal de Cuentas. El senador no recuerda que en los dos gobiernos de Sanguinetti y en el de Lacalle, el TC se integró respetando rigurosamente la correlación de fuerzas surgidas de las elecciones nacionales. No obstante en el contubernio Batlle-Partido Nacional, el Frente Amplio obtuvo el 40% de los votos, y sin embargo, el TC no fue modificado por los excelsos «rosados».
La postura de Larrañaga en el tema derechos humanos, para ser piadosos, digamos que fue lastimosa. Basta recordar la irónica frase: «Vázquez prometió remover hasta las raíces de los árboles, y lo único que removió fue la tierra y no encontró nada» (LA REPUBLICA 6/12/05). A los pocos días se producía el hallazgo del primer cuerpo. Colosal frangollada de este hombre público.
El vehemente «Guapo» pretendió obtener réditos políticos de barricada, con una coyuntura que exigía, independientemente de quien gobernara el país, un mínimo de respeto y recogimiento. Pero, el rencor de perdedor y la envidia hacia Vázquez, lo han llevado, frecuentemente a cometer este tipo de groseras insensateces.
Ligado a lo recién expresado, es bueno recordar el pensamiento de Larrañaga respecto a la violación de los derechos humanos: «No se puede estar siempre mirando hacia atrás» y agregó, «no voy a aplicar el artículo 4º de la Ley de Caducidad, porque es un tema que ha tenido su conclusión». (Ultimas Noticias). Estas infelices declaraciones del senador blanco, configuran un grave retroceso democrático.
En su ya clásico nebuloso confusionismo, Larrañaga deja olímpicamente de lado que Wilson, con quien él se identificó permanentemente, estampó sabiamente el mencionado artículo con la única finalidad de desnudar verdades y hacer justicia. No en vano la aplicación del artículo de marras permitió a este gobierno, con bastante más glándulas masculinas que otros que le precedieron, encarcelar execrables sujetos civiles y militares ligados a la dictadura.
Otra de las desubicaciones de Larrañaga, fue la solicitud al Presidente de la República de «derogar el IRPF a las pasividades, como un gesto de respeto institucional» (LA REPUBLICA 15/4/08). El popular «Guapo», independientemente del discutible «respeto institucional», buscaba obtener ventajas políticas demagógicas, pues obviaba que el 80% de los pasivos o no pagaban dicho impuesto, o contribuían con una reducida suma, lo cual fue informado, hasta el hartazgo, por el ministro Astori. Si Larrañaga había percibido descontento en los jubilados por la aplicación del IRPF, una lluvia votos de los mismos le mostró la cruel realidad.
La campaña preelectoral del senador, con miras a las elecciones internas, se caracterizó por una inusitada diatriba hacia su oponente Lacalle. Entre las innumerables flores que el «Guapo» le ofrendó al «Cuqui», extraigamos algunas: «Lacalle hace enormes esfuerzos por maquillarse de centro»; «si dice que ahora es más humilde, está reconociendo que tenía posturas de soberbia»; «no creo que se pueda ganar al Frente Amplio desde la posición de Lacalle»; «tenemos diferencia en la capacidad de diálogo, en la política económica, en las políticas sociales, en el combate de la inseguridad, en el tema de la imputabilidad penal», «es evidente que en su gobierno, hubo la percepción de un gobierno de derecha, que el sector productivo tuvo atraso cambiario, ajuste fiscal, posturas neoliberales» (LA REPUBLICA 5/5/09).
No obstante este duro rosario de cuestionamientos a sus contrincantes, el bodevil del célebre «abrazo del balcón», que dejó embelesadas a las huestes nacionalistas, selló definitivamente la fórmula blanca y desenmascaró al «Guapo». A partir de ese momento, Larrañaga comenzó a mimetizarse con la ideología lacallista, hasta tal punto, de mostrarse contento «por estar apoyando a quien, sin duda, es el mejor candidato a la Presidencia de la República (LA REPUBLICA 9/8/09).
Se habían esfumado así, los perfiles wilsonistas de Larrañaga. Ya las frases hechas: «gobernaremos con las ideas de Wilson» y el agitar de banderas con la efigie de Ferreira, pasaron abruptamente al olvido. Su idilio con el peor enemigo nacionalista que tuvo el prohombre blanco, fue, sin dudas, la más grosera contradicción política de Larrañaga y la traición a quien fuera un excepcional hombre público, y al cual el senador sanducero, proclama a los cuatro vientos, representar política e ideológicamente.
El futuro del apasionado «Guapo» y su AN es totalmente incierto. Ya no podrá exhibir su mentado wilsonismo, ni su famosa posición «centrista». El hecho de identificarse con el pensamiento derechista y neoliberal de Lacalle, le ha quitado, sustantivamente capacidad de maniobra, y lo que es peor, le ha restado adherentes que, desilusionados, votaron al Frente Amplio. Muy triste lo del senador blanco, muy triste.
RF C.I. 677.807-5
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