Cazameteoritos español obtiene en Uruguay el mayor de su colección
El buscador es José Vicente Casado y desde hace quince años busca meteoritos por todo el mundo, muchos de los cuales una vez hallados los pone a disposición de instituciones científicas. Se enganchó con esta singular afición cuando trabajaba en Estados Unidos «en el mundo de la paleontología», dice él mismo.
«Allí vi que en los museos le dedicaban a los meteoritos su propio espacio». De esta forma, este particular «cazameteoritos» comenzó a recorrer el mundo en busca de las codiciadas piezas. Perú, México, Chile, Estados Unidos y, sobre todo, Mauritania, Marruecos, Libia y Túnez «por estar más cerca» son algunos de los países que frecuenta para buscar los bólidos.
«Donde se suelen encontrar más es en los desiertos», relata. Muchas veces inicia la búsqueda «a ciegas»; otras, las menos, cuenta con algunas pistas: «por ejemplo» dice «la pasada semana ha caído un meteorito en Irlanda, del que todavía no se ha encontrado nada. Si encontraran algún fragmento seguramente tendré que ir la próxima semana, porque si no se recupera en unos años, acaba perdiéndose».
Pese a sus múltiples hallazgos más de cuarenta meteoritos José Vicente Casado explica que la pieza de cuyo descubrimiento guarda un «especial recuerdo» es un bólido que halló a pocos kilómetros de su casa, en Palencia, en Villalbeto de la Peña. Este meteorito, aparte de que fue visto por miles de personas, «es uno de los pocos casos en los que se ha podido conocer su trayectoria de aproximación a la Tierra y se han recuperado fragmentos para realizar completos análisis químicos», por lo que tiene un «impresionante» valor científico.
Ahora este meteorito es una de las piezas estrella de la exposición que se acaba de inaugurar en el Museo de la Ciencia de Valladolid.
Existe todo un mercado en torno a este mundo de los meteoritos, aunque es muy limitado y en él «es fácil que te terminen vendiendo gato por liebre» alerta este especialista ya que «el 98 por ciento de lo que se pone a la venta en Internet es falso».
Según Casado, no hay más de 30 o 40 personas en el mundo que comercializan meteoritos y prácticamente todo se queda en coleccionistas de alto nivel casi todos alemanes, estadounidenses o japoneses o museos de gran poder adquisitivo que adquieren las piezas para estudiarlas y exponerlas. «He visto cómo se han llegado a pagar hasta 6.000 dólares por un solo gramo de meteorito».
Esta compra-venta suele hacerse en convenciones especializadas. Se realizan tres a lo largo del año una en Estados Unidos (Tucson, Arizona) y dos en Europa (Francia y Alemania) y allí acude este exclusivo grupo de expertos (unas 20 o 30 personas en el mundo) para intercambiar experiencias, buscar piezas para completar colecciones, etcétera, explica Casado.
El español defiende la «valiosa» información que se puede obtener de los meteoritos: «Nos cuentan el origen y la evolución de los planetas del sistema solar, o sea que nos hablan de nuestro propio origen». Por ello, deseando ya emprender su siguiente viaje con destino a Mali, califica su trabajo de «fascinante».
«Es como tener un trocito de cielo», comenta.
El extraño objeto
Un objeto de 15 metros de diámetro ha rozado la Tierra. Es un asteroide, pero el extraño objeto de 15 metros que pocos días atrás ha pasado rozando la Tierra a gran velocidad es una roca natural, según confirma la NASA en la página web que destina a la observación de estos fenómenos. La agencia espacial norteamericana descarta que el objeto sea un fragmento de basura espacial, como se había sospechado en un primer momento.
La roca, denominada 2010 AL30, se acercó a nuestro planeta a unos 128.750 kilómetros de distancia. Ha sido su máximo acercamiento.
Aunque no lo parezca, supone una distancia minúscula en el espacio, ya que se trata de la tercera parte de la que separa la Tierra de la Luna.
El asteroide, por supuesto, no llegó a hacer impacto contra el planeta. Fue descubierto por científicos del programa Lincoln para el seguimiento de asteroides del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés).
Su imagen también pudo ser captada por astrónomos italianos del Observatorio de Remanzacco. Debido a que su período orbital es casi idéntico al de la Tierra durante un año, algunos astrónomos sospecharon en un principio que se trataba de un objeto artificial, como el propulsor vacío de un cohete.
Precisiones científicas
Sin embargo, según explican los expertos de la NASA este objeto alcanza la órbita de Venus en su punto más cercano al Sol y casi la de Marte en su punto más lejano, que atraviesan la órbita de la Tierra en un ángulo muy pronunciado.
Esto hace que sea muy poco probable que 2010 AL30 sea un fragmento perdido de algún cohete. Además, la trayectoria del objeto no puede ser asociada a un reciente lanzamiento.
Por eso los científicos se inclinaron a pensar en la posibilidad de un asteroide, una de los aproximadamente dos millones de rocas que deambulan por el espacio más cercano a la Tierra, que en alguna forma es chatarra espacial.
Un asteroide de este tamaño puede pasar cerca de nuestro planeta alrededor de una vez por semana, en promedio. El problema es que no siempre se detectan a tiempo.
El asteroide no representa un riesgo. De hecho, las rocas de menos de 25 metros de diámetro explotan al entrar en contacto con la atmósfera, causando escasos o ningún daño.
El objeto pudo ser observado como una estrella de magnitud 14 en las constelaciones de Orión, Tauro y Piscis. La trayectoria completa puede comprobarse en la web de Solar System Dynamics, de la NASA. Diversos telescopios siguieron su recorrido durante el día.
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