Un archivo nefasto
Caso
¡Pobre! ¿Qué te ha pasado ahora? Pregunta alarmada Marta a su amiga del alma Inés, que está lloriqueando en un rincón de la oficina, rodeada de otras compañeras. El resultado es un coro de lamentaciones mezclado con expresiones de lástima y consuelo. No se habla de otra cosa que de las difíciles y tristes circunstancias de la vida de Inés. A su turno ella cuenta con lujo de detalles la monstruosa intervención de su marido a corto plazo ex marido ya que el trámite de divorcio está a punto de terminar. Su relato casi supera al guión más lacrimógeno de las telenovelas de la tarde mientras el coro de amigas la consuela con expresiones acordes a las circunstancias.
El resultado es que Inés, no consigue despegarse de ese tema. El trabajo se transforma tarde a tarde en un seudo grupo de terapia en el que a su turno cada una de las amigas aporta con sus recuerdos algo más del sufrimiento vivido por Inés. Se trata de una pareja disfuncional, cuyo resultado era previsible. El trámite de divorcio está a punto de terminar, sin embargo en la mente de Inés y de sus amigas se mantiene permanente y fresco cada detalle de las innumerables peleas. Además y por si fuera poco, Inés también tiene problemas con su madre y un hermano. Parece que nadie la quiere y solo le traen problemas a su vida. Todo se convierte en una gran montaña de penurias en la que la víctima inevitablemente es Inés.
* ¡Qué barbaridad!, parece que nadie reconoce todo lo que hacés por ellos. Son unos malagradecidos.
La cuota de quejas y expresiones de lástima da paso a una Inés que de pronto se agiganta para contar todo lo que ella hizo y sigue haciendo por su madre anciana, en permanente desavenencia con uno de sus hermanos. Resulta que nadie la comprende, en todos los esfuerzos y sacrificios que hace para contentar a todos. Solo ella es la que se sacrifica a cambio de indiferencia y en el mejor de los casos de críticas injustas. Inés nuevamente cae en un mar de llanto, no ve otra salida que pensar en morir. Y este comentario refuerza el coro de lamentos de las amigas, que no saben qué hacer para animar a Inés.
Comentario
A veces parece que la vida se ensaña con algunas personas y los acontecimientos dolorosos se suceden como en un collar de perlas. Cada circunstancia es peor que la anterior, hasta que la o el protagonista sucumbe anímicamente, sin encontrar la salida a tanto sufrimiento. Cada hecho doloroso es sumado al siguiente provocando como resultado un dolor imposible de tolerar. Es entonces cuando se menciona a la muerte como una posible salida de alivio al sufrimiento. Es la aparente puerta de escape a un túnel que la mente crea, si se la alimenta con dolor.
Si bien es cierto, que existen situaciones penosas o que en ocasiones parece que la vida se conjura en castigar a la misma persona con una sucesión de hechos dolorosos; es también cierto que algunas personas por su personalidad ejercitan permanentemente una memoria emocional vívida, que termina jugándoles malas pasadas. De esta forma sus recuerdos no pierden la intensidad del dolor que acompaña cada momento vivido. A lo largo de todos los días de su vida se acumulan todos los dolores experimentados, dando como resultado grandes dosis de sufrimiento que se viven sin duda como insoportables. Es posible y además necesario ejercitar a la mente a saltar por encima de las circunstancias. A no focalizarse solo en el dolor y quien en el «culpable» de esa situación. Este archivo de «dolores» y «culpables», suele alimentar en contrapartida un archivo paralelo de lástima por uno mismo. Todo lleva a entrar en un túnel que se alimenta de lástima, rencor, dolor y sucesivamente más dolor, rencor y lástima. Nada bueno sale de este ejercicio al cual muchas veces y sin quererlo, se suma la lástima que el entorno suele manifestar por quien ha entrado en este nefasto circuito. Es necesario desactivar de la mente el «archivo del dolor». Ejercitar la capacidad para superar las frustraciones y las dificultades de la vida, focalizando no en lo que se perdió sino en las posibilidades remanentes para seguir viviendo, seguir buscando oportunidades y creando caminos nuevos.
Es necesario brindar la ayuda profesional a quien se siente quebrado por sus circunstancias, sin embargo también el entorno puede ayudar. En el afán de prestar apoyo a quien está sufriendo, muchas veces los amigos o familiares caen en la misma lógica de penurias y manejo de la lástima. De esta forma la bien intencionada ayuda, solo brinda más de lo mismo: dolor y autocompasión. La idea no es negar el sufrimiento sino aceptarlo, pero reforzar los aspectos positivos de la persona: su integridad, su resistencia, sus intenciones y todos aquellos atributos que permitan alimentar su autoestima. Agregar lástima al dolor es la mejor manera de abonarlo. Por ello es necesario distraer la mente hacia los aspectos positivos de la persona para reforzarlos. Destacar lo positivo de las características de esa persona para construir o apuntalar, a partir de ellas, los puentes con la realidad. No importa lo difícil que ésta sea, siempre se podrá superarla mientras no se alimente o se actualice el «archivo de dolor» de la mente. Este ejercicio no saludable, suele ser frecuente en nuestra sociedad. Es hora de abandonarlo por una mirada que apunte siempre a reforzar los aspectos positivos de las personas.
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