Atrapa. Tronar de Tambores tiene una historia bien contada y excelencia en los rubros técnicos

Momosapiens, más consecuente que nunca, defiende lo suyo

Tronar de Tambores, la comparsa de Julio Sosa «Kanela», ni bien se abrió el telón dejaba la sensación de que esta temporada no andaría con chiquitas. El despliegue de vestuario fue fastuoso ya que el propio director se encargó personalmente de él.

En cuanto a la historia, podemos indicar que es absolutamente comprensible, y la interpretación de Leonardo Martínez rindió lo esperado. A eso hay que sumarle una muy buena puesta en escena, obra de Alberto «Coco» Rivero, que permitió el lucimiento de todo el grupo.

Su creación musical es de las mejores del año, con un texto candombero pero a la vez muy poético, lo que permitió el destaque de sus solistas. En especial deberíamos mencionar a Hugo Núñez, Edelweis Loyate y Heber Izquierdo como estandartes en el rubro.

El cuerpo de baile interpretó muy bien y un aparte la mención a «Nacho» Cardozo, quien realizó un cuadro muy jugado con ribetes eróticos, salvado con la fineza que se pide en estos casos y la maestría del famoso coreógrafo.

Tronar se prende a la pelea y tiene serias intenciones de festejo.

 

Japilong

Esta murga viene buscando su camino desde que entró en la gran fiesta de Momo. En este año se mejora ostensiblemente la parte coral con algunos cambios que aportaron lo suyo.

En cuanto al texto, creemos que tiene muy buenos momentos pero en otros el nivel no se mantiene y la murga no logra acomodarse. En cuanto al vestuario, es un rubro que este título cubre notablemente, y no fue la excepción en esta temporada, aunque debemos decir que por el volumen de sus trajes estos muchachos deben dejar varios «kilitos» en cada presentación.

Habrá que esperar para saber cuál es la suerte que le toca a la murga de Rodrigo Díaz, que tendrá revancha dentro de pocos días.

 

Queso Magro

Fiel a su estilo, Queso Magro nos regaló un espectáculo pleno de risas y buen humor. Desde la presentación las situaciones jocosas están a la orden del día. La búsqueda de «Aquello» es la excusa para que este conjunto salga a romper moldes preestablecidos y logre la complicidad de la platea.

Su punto más alto es sin dudas el cuplé de la sexualidad, donde sin medias tintas logra la carcajada generalizada.

Luego la murga decide hacerle un homenaje a Michael Jackson y el Canario Luna y ahí está el punto más débil de la actuación, lo que indudablemente desacomoda a los componentes, que seguramente notando el poco rebote entran en un bajón que se revierte poco antes de la retirada.

En resumidas cuentas, la murga láctea tiene claroscuros que deberá mejorar en la segunda rueda si pretende estar entre las que definan la categoría.

 

Momosapiens

Cambió su receta y sorprendió con un espectáculo que mezcla risas y emoción.

Los liderados por Horacio Rubino plantean una muy buena presentación y luego se pasa a la primera parodia, «Martín Aquino», en la cual el conjunto logra la complicidad con el público con los recursos de siempre y un rendimiento del propio Rubino que raya la excelencia.

La segunda parodia es una mezcla de momentos en la vida de Mario Benedetti y Astor Piazzolla. En ella se ven algunos errores en la interpretación propios de un conjunto que todavía no tiene el rodaje necesario.

Una característica de este año en Momosapiens es la permanente presencia de canciones y bailes, cosa que no veíamos hace años en esta categoría. Obviamente eso no es un demérito para nada, pero no era a lo que este título nos tenía acostumbrados.

La despedida logra su objetivo aunque a nuestra humilde forma de ver resultó demasiado larga, ya que comienza a falta de 12 minutos.

Resumiendo, buen año del conjunto de Rubino, que con otro rodaje puede entreverarse en la conversación.

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