DEFICIENCIAS FUNCIONALES Y DISCAPACIDAD (PARTE II)
Cuando, como consecuencia de esa limitación, la persona pierde la habilidad de usar una computadora, se presenta la discapacidad. Por último, si no se resuelve el problema de base, debe cambiar de actividad porque tiene una minusvalía para seguir realizando sus tareas habituales. En otro ejemplo, si el tejido pulmonar de una persona pierde su elasticidad, se compromete la mecánica respiratoria (limitación funcional); como consecuencia, el enfermo no puede realizar sus actividades habituales (discapacidad) y además queda afectado su rol laboral y recreativo.
En 2001 la OMS estableció la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF). Como resultado del nuevo enfoque, se cambió la terminología de deficiencia, discapacidad y minusvalía o desventaja por los términos deficiencia, actividad y participación. La revisión se basó en la modificación de la jerarquía que se le otorgaba antes a la discapacidad y ahora al funcionamiento. El cambio conceptual le asigna mayor importancia al aspecto funcional que permanece sano y que la persona mantiene como posibilidad (factor positivo) y no en la discapacidad (factor negativo). El factor positivo incluye no sólo las funciones de las estructuras corporales sino también la capacidad de realizar las actividades cotidianas básicas y el desempeño de su papel en la sociedad.
La Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (Ciddm) describía las consecuencias de la enfermedad en forma lineal y progresiva (daño, deficiencia, discapacidad y minusvalía o desventaja), asociadas con la condición específica de salud. Pero la progresión lineal no siempre ocurre en la realidad; en ocasiones, es la minusvalía la que puede ocasionar la deficiencia. Por ejemplo la hospitalización prolongada por una patología crónica puede causar deficiencias físicas, sociales y psicológicas. La CIF no propone una progresión lineal, sino que describe todos los componentes funcionales, correlaciona todos los elementos que intervienen en la discapacidad e incluye el hábitat como un factor independiente que debe ser clasificado. En consecuencia, la estructura de la Ciddm acentúa lo negativo y la CIF se enfoca en lo positivo.
Medicina de rehabilitación
La medicina de rehabilitación estudia los mecanismos y las tecnologías para mejorar, restaurar y reemplazar las pérdidas que son consecuencias o secuelas de deficiencias del desarrollo o del deterioro de la función. Su objetivo es mejorar el funcionamiento general de la persona afectada por deficiencias o limitaciones funcionales, para facilitar su integración activa en las actividades cotidianas de acuerdo con su edad, preferencias y factores ambientales, mediante las intervenciones terapéuticas y tecnológicas necesarias para facilitar el funcionamiento individual. Se trata de intervenciones que influyen en el ambiente cercano a la persona, porque la acción sobre los diversos factores del ambiente como la accesibilidad física a los edificios, los cambios de actitud de la sociedad, la planificación y el control de medidas laborales incumben a otros sectores.
Una de las contribuciones más valiosas de la medicina de rehabilitación ha sido la introducción del concepto y la práctica del trabajo en equipos multidisciplinarios para el tratamiento de la discapacidad. La posibilidad de elaborar un enfoque integral del problema médico que afecta a un individuo con limitaciones funcionales y discapacidad, permite resolver problemas de diversa índole que afectan las áreas funcionales y sociales de esa persona, su familia y su entorno.
Extraído de «Discapacidad, lo que todos debemos saber»
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