TIENE LA PALABRA

Obama y  el premio  Nobel de la Paz

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

El señor Gonzalo Perera finaliza su excelente nota «Diario de campaña: se aceptan devoluciones» con «Barack Obama aún tendría un gesto para honrar la dignidad y significación del Premio Nobel de la Paz: devolverlo», cosa que no hizo, ni creo que hará. Y por asociación de ideas me recordó un artículo de Michael Moore: «Miedo a los blancos».

En él destaca que todas las afrentas que ha recibido a lo largo de su vida, fue de individuos de tez blanca y escribe: «La gente blanca me da un miedo que te cagas». Más adelante: «pero no son los afroamericanos los que han hecho de este planeta un lugar tan lamentable y peligroso».

Y menciona (no en este orden y faltan algunas): ¿Quién construyó la bomba H? ¿Quién nos trajo la peste negra? ¿Quién inventó el PBC, el PVC, el PBB y tantos otros productos químicos que nos están matando? ¿De quién fue la idea de contaminar el mundo con el motor de combustión interna? ¿El Holocausto? ¿El genocidio de los americanos nativos? ¿La esclavitud? Y ¿quién empezó cada guerra en la que ha participado EEUU? Es cierto que Obama no las empezó, pero las que estaban, quedaron y ampliaron. Y Moore le remitió un mensaje luego de conocida la noticia, que termina: «Ahora usted tiene que finalizar nuestro involucramiento en Afganistán. Si usted no lo hace, no tendrá otra opción que devolver el premio a Oslo». Y como bien lo dice Perera, hay otras razones. La duda que queda, es si Michael habrá cambiado de opinión sobre algunos descendientes de afroamericanos. Lo saluda atte.

P. MEDINA

 

Carta abierta al Pepe

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Luego del triunfo de nuestro pueblo quiero expresarte mi honda satisfacción por la actitud con que comenzaste la esperada transición. Es cierto que comparto la preocupación de algunos compañeros en el sentido de que el tiempo que te insuman tus conversaciones con los blancos no sea el que le quites a tus propios compañeros. Confío en que el trabajo en equipo te sostenga en el difícil equilibrio de llevar adelante el ambiente de diálogo que el país reclama, sin relegar los principios.

En concreto, hoy me preocupa la forma cómo se está llevando dentro del FA la discusión sobre el Plan Cardales. Tal vez fue algo que no tuviste más remedio que heredar, pero hoy todos somos responsables. No voy a reiterar los argumentos públicos que se han dado. Tampoco pretendo que se hagan públicos los delicados problemas que estarán presentándose ­y que deberán zanjarse­ luego (y antes) de los líos en Ancel, etc. Pero me resisto a aceptar métodos ­que en cierto modo vos estás corrigiendo­ como el que ha llevado este proceso. Nuestros militantes no pueden (no deben) aceptar que un problema tan polémico y discutido explícitamente sea resuelto entre gallos y medianoche, con un decreto (totalmente vertical) inmediatamente posterior al resultado electoral. Nuestros militantes nunca pueden (nunca deben) aceptar formas como la única información oficial del FA que da el compañero Brovetto a través de la TV que, lejos de responder inquietudes legítimas de los militantes luego de la polémica no saldada, informa que el presidente saliente ya explicó todo y se aceptó todo. En resumen: olvida que nuestros militantes piensan.

Por suerte los compañeros se resisten a que les impongan posiciones valiéndose de cargos circunstanciales.

Me permito esta «llamada de atención», porque si bien comparto que hay que tragarse algunos sapos y ensuciarse las manos, nadie tiene derecho a obviar la consulta, a saltearse la participación, a imponer métodos verticales (si no, arbitrarios) que tanto daño han hecho a lo largo de la historia de nuestro país y del mundo.

Vos has resaltado el potencial militante de nuestro pueblo. Tenemos el deber de consolidarlo y no decepcionar a la gente. La participación no se logra por decreto sino que se construye desde abajo y se fortalece desde la fuerza política. Que la militancia siga vigorizando el lugar que se ha ganado y no se la limite a la tarea coyuntural de nada más (ni nada menos) que agitar en su momento. Que la experiencia no haga perder el entusiasmo. Como tantos, que lucha y resiste

UNA MILITANTE

 

Haití vive desde siempre en condiciones  infrahumanas

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Que estos no sean los niveles de atención del mundo globalizado, sobre esta pequeña media isla del Caribe.

Que la tragedia de este terremoto, con todas sus peculiaridades, sirva como punto de despegue, para que se recuerde que ahí viven millones de seres humanos que ya antes del terremoto vivían en condiciones infrahumanas.

Que los centenares de periodistas que se aglutinan en el aeropuerto de Puerto Príncipe, permanezcan luego y acompañen el desarrollo necesario que se merece este y cualquier pueblo de la Tierra.

Que las pantallas de los informativos de la TV del mundo, que hoy le dedican largos minutos a mostrar imágenes de la tragedia actual, sigan mostrando lo que ya pasaba anteriormente, que era la falta de dignidad humana en que se desarrollaba la vida habitual de los haitianos.

Que más tarde o más temprano se llaman a silencio y olvidan en qué forma se va reconstruir el futuro de esta población.

La ONU, que una vez más ha demostrado su capacidad para hacer llegar la solidaridad del mundo a Haití y su incapacidad para realizar su distribución, recuerde que las necesidades de los haitianos ya existían y que ha pretendido resolverlo enviando tropas para desalentar la desesperación de un pueblo que vive en condiciones inenarrables en forma permanente.

La falta de agua, de saneamiento, de vivienda decente, de educación y de salubridad solo se han agudizado con el terremoto pero eran de uso cotidiano y eso lo sabe la ONU y el mundo entero.

Todos nos hemos conmovido con las imágenes del terremoto pero, ¿cuántos nos hemos conmovido con la vida sin la mínima dignidad humana en que Haití se debate desde hace muchos años?

Si el terremoto sirve para despertarnos de una buena vez y elevar un clamor de reclamo para que esta permanente indignidad se resuelva de una vez para siempre, es posible que pueda ser algo positivo que haya dejado este desastre ecológico.

El mundo tiene la obligación de construir las obras de saneamiento, las cañerías de distribución de agua, los hospitales, las escuelas, los liceos, las viviendas, el sistema de educación y de salubridad, a que tienen derecho los haitianos y en cualquier otro lugar de la tierra, en este llamado mundo globalizado, donde parecería que hay millones que viven fuera del globo.

La ONU y en particular las grandes potencias, dueñas de los grandes capitales y donde viven las grandes transnacionales, deben cumplir con su obligación de distribuir muchas de sus excesivas ganancias en bien de la humanidad.

Los aplaudimos por volcar millones de dólares frente a la tragedia inmediata, pero los criticamos por olvidar esa misma ayuda para las tragedias permanentes.

Esto hace referencia a todos, porque todos somos responsables de mirar para otro lado para no ver ni sentir, estos graves problemas que conviven día a día alrededor nuestro.

EDISON CONDINS

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