Verano y más allá: vivir y pintar en Costa Azul
Costa Azul no es uno más de los tantos balnearios que orlan la Costa de Oro canaria. Para los lugareños, turistas y visitantes ocasionales, es un lugar especial, pleno de magia y encanto. Creado en 1934, en la actualidad forma un solo conjunto urbano con La Floresta, a la que se une por el puente sobre el arroyo Sarandí. Su población permanente no llega a los mil habitantes, pero alcanza a multiplicarse por diez durante los meses de verano.
Hasta Costa Azul llegaba la familia del artista plástico Martín Vila, desde antes de su nacimiento en Montevideo, en diciembre de 1975. Precisamente, es en la casa de sus padres donde Vila se instaló cuando a partir de 2002 decidió radicarse en Costa Azul, cuya población permanente va en aumento. Allí, en el garaje del chalet paterno, abrió las puertas de su atelier galería, que se convirtió en un clásico de las «artes y la cultura» de la región.
Siendo niño, Vila manifestó su gusto por las artes plásticas y se formó como un auténtico autodidacta.
La decisión de irse a vivir a Costa Azul en donde tiene ahora su propia casa «bajo viento y marea», fue todo un desafío para el artista, que habla con profunda devoción de sus caminatas por la playa en pleno invierno, los crepúsculos intransferibles y las calles casi desiertas del balneario en épocas alejadas del estío.
El artista y su mundo
En el momento en que visitamos su ateliergalería, ubicado a escasos metros de la rambla de Costa Azul, frente al ex hotel Lido, es mucha la gente que se acerca, turistas más que nada, eventuales compradores, coleccionistas de arte, curiosos, algunos vecinos y paseantes. La obra de este montevideano de 34 años una suerte de «hacedorcreador de cosas», que optó por dedicarse de lleno al arte en un balneario situado a 56 kilómetros de la capital del país, se compone de marinas, campos y bodegones, y de algunos trabajos esculturas y artesanías en la línea de los ready-made de los surrealistas, en los que revela una gran sensibilidad y una envidiable pasión por lo que realiza. Vila expuso en el Ateneo de Montevideo, en la apertura en la Bienal Internacional de Escultura de La Floresta y en el Club Vivir de ese balneario, y mantiene exposiciones permanentes en las galerías Atica, Camino al Mercado y Espacio Tres, de Montevideo, galería los Caracoles en José Ignacio y en su propio ateliergalería de Costa Azul. Ha obtenido premios y reconocimientos y muchas de sus obras fueron adquiridas por coleccionistas de Argentina, Brasil, Chile, México, Paraguay, Colombia y Estados Unidos.
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