SANA MENTE
Necesito una dieta milagrosa
Caso:
Las noticias no son buenas: el médico ha dejado caer la hipertensión, la diabetes y otras sombras sobre los asustados ojos de Julia.
Desde pequeña ha sido un poco gordita, pero nunca le habían dicho «obesa». Esa palabra le quedó repiqueteando en los oídos y las lágrimas se le agolparon en los ojos. La angustia se sumó a su permanente dolor de rodillas y columna. Esas molestias ya estaban integradas a su vida desde hace años, así como la resignación por su cuerpo. Su adolescencia no había sido nada fácil. Se tuvo que acostumbrar a las risitas de sus compañeras y a las descalificaciones de los varones. Por supuesto también renunció a soñar con el «príncipe azul», sobre el que sus amigas se pasaban conversando en las largas tardes de verano.
A pesar de sus kilos de más, era una joven bonita, pero ella deseaba desaparecer detrás de una ropa enorme y gris. Su objetivo era siempre evitar la mirada de los demás. Vivía con el apoyo de sus padres, ya que como estudiante había sido un fracaso y la búsqueda de un trabajo que nunca llegaba era una forma de disimular su imposibilidad para relacionarse. Se había vuelto una experta para evitar estar en lugares que la expusieran a miradas indiscretas. Por supuesto el cine, un teatro o un paseo de compras no entraban nunca en sus planes.
Esa visita al médico la había sacudido porque la confrontó con una realidad que hace mucho evitaba. La balanza y el espejo eran sus «enemigos» y los había proscrito de su entorno. Julia sentía las palabras del médico como una sentencia que la conminaba a ¡una nueva dieta! Ya había vivido años empezando dietas que nunca le sirvieron: la de la Luna, la de la manzana y otras mil que surgían como el «milagro» esperado. Sus esfuerzos siempre la llevaban a pasar hambre y perder unos pocos kilos que luego recuperaba con gran rapidez. Y como saldo la frustración y la convicción de que nada era posible. Luego la resignación y el abandono de todo intento. Hoy Julia debía empezar una lucha que ya había abandonado y para la que ya no tenía fuerzas.
Comentario:
Situaciones similares a las de Julia enfrentan diariamente a muchas personas a la frustración y a la secreta angustia de no poder cumplir con ciertos «ideales estéticos», que en apariencia fueron los que llevaron a la postergación de sueños en el ámbito laboral, social y afectivo. Sin embargo es importante descubrir que tras este aparente rótulo estético hay mucho más en juego. Se trata de una actitud frente a la vida que lleve a quererse y respetarse como alguien valioso. Este sería un pilar muy importante para alcanzar los objetivos que el médico en este caso está impulsando a favor de la salud de Julia.
De nada sirven las arengas sobre los temas de salud, estéticos o sociales. Ningún discurso aleccionador será lo suficientemente motivador. Se trata de cambiar una forma de vida no saludable por otra saludable. Se trata de buscar desde el fuero íntimo y personal la fuerza para llegar a aquello que uno se ha propuesto como objetivo. Este es el punto clave que a la hora de emprender una dieta en general no se tiene en cuenta. Sin esta fuerza interior no es posible lograr lo deseado, aunque se esté de acuerdo en el aspecto racional o discursivo. Se trata de alimentar una autoestima que seguramente está disminuida.
Esta primera acción requiere redescubrirse bajo un sinfín de excusas o rutinas que han pretendido «esconder» aquello que no deseamos ver en nosotros mismos. Redescubrir la valía del «yo» es imprescindible para lograr cualquier objetivo, ya sea en el área de la salud o en cualquier otra de la vida. Y estamos hablando de salud integral, ya que si bien el médico le ha señalado a Julia su sobrepeso y ha hecho mención a aspectos físicos de posibles enfermedades, en primer lugar hay que reparar un aspecto de su salud psíquica. Se trata de su autoestima, de su capacidad para cuidarse y sentirse valorada por ella misma, lo suficiente para dejar de esconderse de su propia mirada y aceptarse «tal cual es», aun con sus kilos de más. Este es el primer paso para luego proponerse el camino de un verdadero cambio, no sólo de hábitos dietéticos, también de rutinas diarias que integren una vida activa y saludable.
El verdadero y primer cambio apunta a integrar en lo cotidiano el reconocimiento de la valía personal y en consecuencia el «disfrute» por cuidarse y lograr metas. Este es el verdadero secreto de una dieta o cualquier otra propuesta que una persona se haga en la vida. Saber que se cuenta con la capacidad para «lograr» aquello que uno se propone. Para esto es necesario valorar cada pequeño logro, el más nimio. Si uno se propone levantarse a una determinada hora, por ejemplo, cumplir es ya un logro. Es algo pequeño, estamos de acuerdo, pero la capacidad de «lograr» aquello que uno se propuso se alimenta de muchos de esos pequeños logros. Y de pronto se empieza a restablecer la confianza en uno mismo y como consecuencia también crece la autoestima. Los objetivos ya no se ven lejanos, se ven posibles.
Compartí tu opinión con toda la comunidad