SANA MENTE

El año que viene

Caso:

Carlos está una vez más diciéndose a sí mismo: «El año que viene, seguro que saco la grande». Está en el bar de al esquina, con una copa más, «la última». Porque el año que viene también dejará de tomar. Seguro que entonces podrá conseguir un trabajo como la gente, no estas changas que le dan apenas para comer.

Marta está cansada de sus promesas. Ella también piensa que es hora de cambiar y se ha prometido que el año que viene buscará trabajo. Ya no confía en los juramentos de Carlos y es seguro que si trabaja podrá algún día salir de estos aprietos.

De paso piensa que el año que viene empezará una buena dieta y de una vez por todas adelgazará esos kilitos que la horrorizan cada vez que se mira al espejo.

Año Nuevo, vida nueva, piensa mientras está preparando una opípara comida para la reunión de esta noche. No puede imaginar una mesa servida sin una abundante cantidad de bebidas alcohólicas y una gran variedad de carnes y postres. En fin, por algo tiene esos kilitos de más. Ha debido recurrir a un pequeño préstamo. «Otra mancha más qué le hace al tigre y el año que viene se verá como se sale».

 

Comentario:

«El año que viene» es una forma de expresar un propósito que pretende modificar algo con lo cual no se está conforme. Es sin embargo una trampa que tranquiliza la conciencia y deja el esfuerzo del cambio suspendido en el futuro.

El verdadero cambio es únicamente posible en el presente. La proyección al futuro sirve para visualizar en ese tiempo «el mañana», aquello que se desea alcanzar, el sueño, la fantasía que se construirá con ladrillos del presente.

Las acciones necesarias para conseguir ese objetivo colocado en el futuro deben empezar ya, hoy, en el instante presente, ya que éste es el único espacio temporal que existe con posibilidad de cambios.

El pasado sólo existe en la memoria y el futuro sólo existe en la imaginación. Esta visión de la temporalidad es muy práctica y permite entender el fracaso de los más firmes propósitos que no contaron con un asidero de acciones en el presente.

Es en el día de hoy, en el instante presente que se deben producir los cambios cuyos frutos se verán en el futuro. Es como una sucesión de «presentes» que se van archivando como si fueran fotografías de un álbum que está en la memoria. Es este tiempo en el cual es posible modificar todo aquello que abone el objetivo deseado.

El ser protagonista de un pequeño éxito en el presente habilita a juntar en la memoria una sucesión de fotos de «presentes exitosos» en los que el cambio deseado fue posible y se obtuvieron los cambios soñados. Es entonces fácil imaginar un futuro en el que el objetivo se cumplirá.

En el caso analizado, los personajes expresan una serie de deseos que ocurrirán el «año que viene». Ambos dejan para mañana cambios de sus respectivos presentes. Carlos podría dejar de tomar y Marta iniciar su dieta hoy.

Esos pequeños éxitos del presente se acumularían así en sus respectivas memorias, fortaleciendo su autoestima. De esta forma sería más fácil lograr nuevamente lo deseado. La sucesión de presentes modificados construirá fácilmente en la imaginación un futuro en el que los objetivos serán conquistados.

Este es el secreto que le facilita el éxito a algunas personas y frustra a otras. Centrar las acciones en el pasado, en lo que pudo hacerse y no se hizo, es una trampa que impide modificar las acciones en el presente y sólo genera culpas. Se pierden así las oportunidades para generar el cambio deseado. Con cada presente perdido se pierde una nueva oportunidad de acercarse al objetivo deseado y se suma una nueva frustración.

Por otra parte, centrarse en el futuro da un alivio momentáneo ya que supone realizar el esfuerzo de cambio mañana. Se «patea para adelante» el problema al que se desea buscarle solución. Sin embargo esta actitud también encierra una trampa. Ese mañana no llegará nunca, ya que el espacio temporal del futuro sólo existe en la imaginación. Por ello es inaccesible a los cambios reales. Sólo serán sueños no realizados. De esta forma el futuro actúa como un refugio protector en el que se evade la responsabilidad de las acciones presentes.

En ese mundo de sueños Carlos expresa la fantasía de «ganar la lotería». Eso lo eximiría del esfuerzo de buscar trabajo, dejar de tomar y salir de su quejosa comodidad.

El presente es la oportunidad única de realizar los cambios deseados. Por ello la energía del cambio debe ponerse en el «hoy». Esto obliga a modificar la actitud pasiva refugiada en el pasado o en el futuro por una actitud proactiva en la que es posible asumirse como protagonista de una vida personal que se construye día a día con pequeños logros.

Implica asumir también la responsabilidad de los propios actos y sus consecuencias. Es un camino en el que la autoestima se fortalece y se gana paulatinamente mayor autonomía.

Es en esta concepción que les deseo a todos mis lectores un muy feliz año 2010, en el que puedan concretar sus objetivos construyéndolos en presentes muy activos. El disfrute de cada logro obtenido, por más pequeño que sea, será entonces un poquito de felicidad ganada para construir así una vida activa, saludable y feliz.

Esta columna y las anteriores están disponibles en www.prosalud.com.uy. Dra. Almendras. Informes y Seminarios 4099983

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