Doble fiesta

Cumpleaños de Nicolás

Nicolás Achard cumplió ayer, 25 de diciembre, 35 años. Es de profesión veterinario, vive en Cardona y se crió con sus hermanos en el departamento de Paysandú.

El 24 Achard llegó al salón principal del aeropuerto de Carrasco y el primer encuentro fue con Silvana, su novia, y con Inés, su madre.

Días atrás, Silvana dialogó con LA REPUBLICA. Contó que tiene 26 años y viaja a menudo a Cardona, departamento de Soriano, para poder ver a su pareja.

«Estamos esperando a que llegue con mucha ansiedad». Esa ansiedad se transformó primero en expectativa, tras la larga espera, y luego en emoción, una vez que desembarcó Guillermo.

Abrazado por Silvana, Guillermo expresó que «contar la experiencia y ser recibido por la familia es muy importante». Dijo que la demora del viaje «fue difícil también» y que en los vuelos «se movía el avión un poquito y ya nos asustábamos» pero «estamos contentos de haber llegado». Una periodista aprovechó la instancia para sacarle una sonrisa a Silvana y a Nicolás al preguntarles sobre la posibilidad de casamiento. Entre risas Achard respondió: «Me están apurando ahora…»

 

La tragedia

El último viaje del «Danny F II» comenzó el 23 de noviembre en el Puerto de Montevideo, desde donde transportaba 10.224 cabezas ovinas y 17.932 vacunos en pie.

Tras 20 días de travesía el barco llegó al Puerto de Tartus (Líbano), donde no le fue autorizada la entrada por la tormenta reinante.

Los sobrevivientes uruguayos fueron muy cuidados al relatar la historia de la tragedia. Los cuatro coincidieron en decir que aquellas horas fueron «muy difíciles».

Perdomo, uno de los más serenos, no quiso especular sobre la idea de «milagros» o de que se los viera como «héroes», sino que consideró que «nos salvamos de pura suerte».

El jueves 17 el barco de bandera panameña «Danny F II» surcaba las aguas libanesas cerca de las 19.30 hora local, cuando una tormenta provocó el desastre, tras el movimiento brusco de los animales que cargaba el navío.

Tenía 82 personas a bordo, 76 eran marineros y seis pasajeros, contando los cuatro uruguayos sobrevivientes, un ciudadano brasileño y otro australiano.

Según Perdomo, con el pasajero de Brasil «logramos una muy buena relación». Por otra parte, «lo más traumático fue que poco antes de salir nos enteramos de que había aparecido el cuerpo del australiano, y nos dolió mucho».

La gran mayoría de la tripulación del barco provenía de Pakistán y Filipinas. El capitán del buque era británico.

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