DISCAPACITADOS HOY: Extractado de la página de R. Jiménez Lara

La imagen social de la discapacidad Parte II

Escrito por: Comisión Nacional Honoraria del Discapacitado

Jueves 24 de diciembre de 2009 | 5:08
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El cine le ha otorgado tradicionalmente a todo aquel que tenía alguna discapacidad o diferencia física el papel de personaje malvado o de víctima sumisa. La mayoría de las películas ha contribuido a aislar mutuamente a los personajes discapacitados de sus semejantes, al presentar a las personas con discapacidad como individuos extraordinarios que luchan contra lo imposible, como personajes violentos y autodestructivos o como personajes extraordinariamente bondadosos y llenos de inocencia, cargando a menudo las tintas sobre cuestiones emocionales de amargura y superación mientras se silenciaban los problemas sociales y la falta de respeto a los derechos civiles que lleva a la marginación.

Los niños con discapacidad fueron la siguiente categoría que obtuvo la atención de los medios. Las maratones radiofónicas y, posteriormente, las televisivas fueron un llamamiento masivo para recaudar fondos que permitiesen a las sociedades benéficas suministrar juguetes, ayudas, tratamientos, escuelas y campamentos especiales a los “niños lisiados”. Esas maratones, que tuvieron gran éxito en los 50 y los 60 en Estados Unidos, (Jerry Lewis condujo una de las más famosas), son ahora muy utilizadas en América Latina, donde el popular presentador chileno Mario Kreutzberger, más conocido como “Don Francisco”, impulsó este modelo de recaudación de fondos.

El desarrollo de las “maratones” se dio en un momento en el cual las responsabilidades de los gobiernos no estaban claramente definidas y las sociedades benéficas dependían en gran medida de las donaciones (algo que todavía ocurre en América Latina). La súplica emotiva directa de niños tristes o débiles se utilizó por las sociedades benéficas más destacadas y los adultos con discapacidad aparecían muy raramente en los programas o en la literatura educativa.

En aquel momento (la denominada “era especial”) los niños y adultos con discapacidad eran en gran parte invisibles para el público: iban a escuelas especiales en autobuses especiales, vivían en centros especiales o permanecían en sus casas. En los medios de comunicación, como en la vida, no aparecían los detalles relativos a la discapacidad. Los mensajes hacían un énfasis directo en la curación, como si la realidad de la vida de las personas con discapacidad fuera demasiado desagradable o demasiado compleja como para ser tenida en cuenta.

Una película típica de este momento fue la versión de Walt Disney de “Heidi”, donde una niña pobre de buen corazón cura la incapacidad para andar de su amiga rica a base de ejercicios y optimismo. También es típica de la época la “soap opera” o culebrón, sagas sentimentales por capítulos que con frecuencia presentaban a personajes que perdían y recobraban milagrosamente la vista, o se recuperaban milagrosamente de una parálisis o de otras condiciones de vida que se presentaban como terribles.

La epidemia de polio de finales de los 50 proporcionó a la prensa diaria y a los medios de comunicación un nuevo filón de historias emotivas por entregas.

En los años 60, la elección de John Kennedy como presidente de Estados Unidos indujo un cambio súbito en el tratamiento informativo de la discapacidad cuando el nuevo presidente, que se había convertido en un símbolo de valor y vigor por su actuación en la Segunda Guerra Mundial y por su juventud, anunció que en su familia existía una hermana con retraso mental. Fue entonces cuando se iniciaron los juegos olímpicos especiales y se fundó el Comité Presidencial sobre Retraso Mental.

También fue entonces cuando los medios de comunicación comenzaron a llamar la atención del público sobre las condiciones de vida en las grandes instituciones.

En el contexto general, los cambios sociales y políticos de los 60 (la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles de los negros, la rebelión estudiantil, la Primavera de Praga) hicieron que los temas sociales ganaran “cuota de pantalla” y los medios de comunicación (impresos y emitidos) se convirtieron en un auténtico poder.

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