Sábat y el poder
A usted lo premiaron, en su momento, por su conducta «intachable» frente al poder. Sin embargo, el año pasado la presidente argentina dijo que uno de sus dibujos había sido «cuasi mafioso».
¿Qué sintió al respecto?
Lo escuché directamente. Yo de eso nunca hablé ni pienso hablar. ¿Sabés por qué? Porque públicamente lo que hago es dibujar.
En una ocasión usted dijo que las palabras pueden confundir…
Sí…
…pero los dibujos no…
No, yo no sé si los dibujos no pueden confundir. Pueden, también, depende de quién los haga.
Me preguntaba si ese dibujo en particular pudo haber confundido.
No sé. Los dibujos merecen muchas interpretaciones, eso sí.
En el libro «Pesimista militante» hay una frase que usted toma de Susan Sontag: «La interpretación es la venganza del intelecto sobre el arte». Usted, que es artista, ¿qué opina al respecto?
Ah, sí. Es verdad. Me parece una frase absolutamente rotunda y perfecta.
EL AUTISMO MORAL
¿Cómo vivió la dictadura?
Fue tan duro para mí como para el 99 por ciento de la gente. Yo insisto, y es una cosa que repito: no se puede ser «baby sitter» de adultos. Me acuerdo de una frase que le escuché una vez a mi abuela argentina mi madre era porteña: si querés conocer a Juancito, dale un puestito. No soy un juez de la conducta ajena, pero cuánta gente hemos visto que parecía el pibe del barrio, el mejor, le dieron un puesto y cambió. Y los que nos equivocamos somos nosotros, no ellos.
¿Al confiar?
Claro. Nosotros partimos de un principio que nos afecta a todos: nacemos honrados, honestos y aparentemente libres. Todos. Después, la vida… Pero insisto en un punto: hay que aceptarse como uno es. Lleva mucho tiempo, pero hay que sostener eso, que es la única creencia válida que nos queda. Yo creo no creo, estoy seguro que el uruguayo está dotado de una evidencia inicial: sabe que arriba está Brasil y al costado, Argentina. Entonces no nos podemos remontar mucho. Es asombroso que uno va a Quilmes, en Buenos Aires, cruza en un botecito hasta Colonia y se da cuenta de que está en un lugar diferente.
¿En Argentina la gente se remonta más?
-En estos momentos en Argentina se vive una suerte de autismo moral. Hay que tener en cuenta, además, que para el que vive en Buenos Aires la vida es muy diferente desde el principio. En Buenos Aires, para tener una playa hay que ir 400 kilómetros. Lo artificial sustituye lo natural, y eso es un punto de partida. Me acuerdo de una tapa de la revista «Gente»: había una preciosa criatura en tanga y, al costado, un título que decía «La historia secreta de la guerrilla argentina». Era ordinario.
¿Y usted cómo hace para escapar de ese autismo moral?
Ya te digo, leo a Onetti y a Fernando Pessoa; escucho a Mozart. No sé si me escapo, porque formo parte de todo eso, pero soy consciente de que pasa. Y además soy consciente de que yo no lo puedo cambiar. Pero el asunto es éste, en definitiva, y eso vale para Juan Carlos Onetti y para toda esa gente: o vivís una vida mínimamente estructurada con valores defendibles, o estás en la pavada.
Compartí tu opinión con toda la comunidad