TIENE LA PALABRA
Bienvenida gratitud
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Pueden no votar al Frente Amplio las doce mil personas que recuperaron la vista, los jubilados que en el período de enero de 2005 a 2010 recibieron 30% de aumento, la educación, que recibía 500 millones y ahora recibe 1.500 millones, los que gozan de un sistema de salud que incluye el núcleo familiar, los peones rurales y servicio doméstico, y los artistas, que tienen ahora su jubilación, las familias socorridas por el Plan de Emergencia y las bien aumentadas Asignaciones Familiares, una computadora por cada niño, salud bucal con atención odontológica gratuita, 180 mil nuevos puestos de trabajo, los empresarios que obtuvieron últimamente grandes ganancias.
Sería de seres ingratos olvidarse de los beneficios recibidos y no votar al Frente Amplio, que prometió y cumplió y que ahora nos hará sentir orgullosos de pertenecer a un país de primera, justo, solidario y altamente democrático.
ELSA MENDEZ CHIODI – ESCRITORA Y UNIVERSITARIA – C.I. 781.54408
El equilibrio
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
El 25 de octubre la sociedad uruguaya en su conjunto resolvió buena parte del futuro político del país. Decidió darle nuevamente al Frente Amplio mayorías parlamentarias en ambas cámaras. Resolvió «resucitar» al Partido Colorado bajo el liderazgo de Bordaberry, aumentando su representación parlamentaria. También decidió bajar considerablemente la cantidad de legisladores del Partido Nacional. Duplicó la cantidad de diputados del Partido Independiente, no permitiéndole llegar al Senado. Por diferentes motivos, decidió no aprobar ninguna de las dos reformas propuestas. Y fundamentalmente, postergó la elección del presidente y del vicepresidente para el 29 de noviembre.
Ahora bien, el Partido Nacional recibió el apoyo inmediato del líder emergente de la derecha, Pedro Bordaberry. Y Lacalle «abandonó» a su partido, pretendiendo constituirse en un líder suprapartidario, con el fin de alcanzar la presidencia de la República. Pero no nos engañemos: Lacalle fue, es y será siempre herrerista y antibatllista. Por otra parte, los blancos decidieron centrar su campaña electoral en la consigna del «equilibrio». Dicho equilibrio frente a un Parlamento controlado por la izquierda, se lograría, según los blancos, con un presidente de derecha. Esa es la propuesta que le van a realizar a los uruguayos en su conjunto. La situación política que se plantearía si triunfara Lacalle «obligaría» a todos los partidos a negociar y a ponerse de acuerdo en algunos temas centrales. Pero si así no fuera, obligaría a Lacalle a gobernar por decreto y seguramente lo llevaría a vetar leyes votadas por la izquierda. Dicho de otro modo, provocaría un enfrentamiento entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo, lo que contribuiría a generar un verdadero desequilibrio. Tendríamos una situación política demasiado extraña y difícil de manejar. Lo más lógico, lo más probable y lo más sano, sería que la ciudadanía apoye mayoritariamente a la fórmula integrada por Mujica y Astori. Esa es la única forma de asegurarle al país el equilibrio y la gobernabilidad de la que tanto hablaba Wilson. Si una fuerza política cuenta con mayorías parlamentarias, debe ser la encargada de gobernar al país. Esto no es «concentración de poder». Es lisa y llanamente darle la confianza a las personas y a la fuerza política que realmente pueden gobernar sin sobresaltos, asegurándole estabilidad al país. Un eventual triunfo de Lacalle, además de ser un giro demasiado pronunciado a la derecha, no generaría ningún tipo de equilibrio. Ojalá que el país no tenga la necesidad de vivir esta situación, para probarlo y darse cuenta del grueso error que se cometería. Seamos sensatos a la hora de elegir.
Imaginemos una situación exactamente inversa. Imaginemos que el Partido Nacional hubiera obtenido la mayoría parlamentaria absoluta en ambas cámaras y que el Frente Amplio ni siquiera hubiera captado el 30% del electorado. Imaginemos más. Imaginemos que para que la situación fuera realmente inversa, que el Partido Colorado estuviera dominado mayoritariamente por el ideario progresista de Don José Batlle y Ordóñez, y por lo tanto, le diera su apoyo a la izquierda. Imaginemos también, que el Frente Amplio le propone a la ciudadanía la «ingeniosa» e «iluminada» idea de que para lograr el «equilibrio» político en el país deberíamos tener un presidente de izquierda frente a un Parlamento controlado por la derecha. Sigamos imaginando. Imaginemos cuáles podrían llegar a ser los calificativos que dicha idea tendría por parte de la derecha. Se me ocurre que entre otras cosas, la calificarían como un verdadero disparate. Y se la mire por donde se la mire, la idea del «equilibrio» planteada por la derecha uruguaya no tiene ningún sustento lógico. No le da al país certezas ni gobernabilidad. Sé que a muchas personas no les agrada la idea de votar a Mujica, pero como no hay dudas de que él debe ser el futuro presidente, en todo caso, siempre está la posibilidad de votar en blanco o anulado. Quienes ya votaron por Mujica-Astori tienen que ratificar ese voto. A los blancos y colorados que se sientan progresistas, los convoco a desobedecer a sus cúpulas partidarias. A los votantes del Partido Independiente les pido que ayuden con su voto a asegurarle al país la gobernabilidad que se necesita. A los que apoyaron a Asamblea Popular, les sugiero que no ayuden a avanzar a la derecha.
Después del balotaje, Mujica deberá convocar al resto de las fuerzas políticas para dialogar y diagramar el gobierno de los próximos cinco años. Y ojalá que después de las instancias de diálogo correspondientes, surjan algunos acuerdos básicos sobre los temas fundamentales (seguridad, energía, etcétera). Y si tomamos en cuenta que el gobierno de Tabaré Vázquez en líneas generales fue muy bueno, es fundamental darle al país la continuidad y el equilibrio que sólo puede asegurarle el Frente Amplio. En esta elección, más allá de lo que nos pueda dictar nuestro corazón, tenemos que votar usando fundamentalmente la razón. Y es precisamente el uso adecuado de la razón lo que nos permitirá elegir lo que más le conviene a Uruguay. Una decisión equivocada nos podría costar muy caro. Muchos de los logros obtenidos durante el gobierno de Vázquez se pueden perder si colocamos a Lacalle como Presidente de la República. Y hablando de Tabaré Vázquez y de equilibrios, vuelvo a insistir con la idea de que el líder de la izquierda debería ser el presidente del Frente Amplio, después del 1º de marzo, al menos por un tiempo. También creo que la propuesta debe hacerse antes del balotaje. Si Vázquez está de acuerdo y quiere colaborar, el Frente Amplio pierde el Poder Ejecutivo y más allá de su muy buena presidencia, también sería una derrota para el propio Vázquez. Todo lo que todos puedan hacer para que el país tenga un verdadero equilibrio, bienvenido sea.
JUAN CARLOS AMARAL – [email protected]
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