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JULIO SOSA, "EL VARON DEL TANGO"

Como éramos uno de los «animadores» o maestro de ceremonias de ese baile, salimos a buscarlo con gran nerviosismo. Los bailarines coreaban su nombre y el ambiente subía en temperatura y ansiedad por ver al ídolo. Llegamos hasta la puerta principal de la calle Yatay y lo encontramos. Estaba charlando con la gente más humilde, canillitas, floristas y cuidadores de coches. Así era Julio: aún en la plenitud de su fama, jamás olvidó su origen de humilde muchacho de Las Piedras. Siempre conversaba con la gente pobre y les daba su franca amistad y apoyo económico. Julio Sosa jamás olvidó que en sus inicios, por el año 1945, en las ciudades de La Paz y Las Piedras tenía que cantar en mangas de camisa porque no tenía siquiera un saco de vestir. Por esos tiempos, en el bravo ambiente del bailongo Los Rosales, cuyo propietario era un jockey pedrense, allí lo descubrió el promotor artístico don Agustín Pucciano. Lo trajo a Montevideo para que se presentara en los concursos de cantores en el viejo Café Ateneo de la plaza Cagancha. Lo acompañó su amigo del alma Cacho Maggiolo, el propietario del Bar Continuado de Las Piedras. Uno de los habitués del Café Ateneo le prestó un saco y Julio subió al pequeño escenario para deslumbrar a todos. En ese bastión de la noche montevideana cantaba acompañado por la orquesta dirigida por Carusito, un vecino de la Unión y gran músico. Luego Julio fue contratado por la orquesta de Di Carlo y la suerte comenzó a sonreírle a ese humilde muchacho cantor. Actúa en la fonoplatea de El Espectador y graba un par de discos con Carusito. De ese año 1950 es la anécdota que con gran emoción nos contaba.

Fue cuando una noche en El Ateneo escuchó a Carlitos Roldán cantar el tango «Tengo miedo». Decía Julio que al finalizar ese tema, él lloró conmovido y en ese momento decidió que por más adversidades que tuviera su vida, la dedicaría a cantar tangos. Luego, con el apoyo fraternal de Pucciano y Maggiolo cruzó el charco y llegó a la tanguera calle Corrientes. Fue contratado de inmediato por grandes orquestas que reconocieron su gran talento. Cantó con la Típica de Francini y Pontier con la que grabó uno de sus temas favoritos: «Viejo Smoking». Luego lo contrató la cotizada orquesta de Francisco Rotundo con la que recorrió toda Argentina. Cuando volvió al lado de Pontier ya era una estrella. En la década del 60 se vinculó a Leopoldo Federico y su nueva orquesta. En esa época el tango luchaba por sobrevivir ante la arremetida de La Nueva Ola, El Club del Clan y la música de los geniales Beatles. Julio Sosa junto a luminarias como Edmundo Rivero, «El Tata» Floreal Ruiz y Susy Leiva son los abanderados de esos tiempos difíciles para los tangueros. En una película, Julio canta el tema «El Firulete» que se convierte en el emblema de los amantes del tango contra los avances de los nuevos ritmos. Aún así logra grandes ventas con sus discos «Madame Ivonne», «María», «La Casita de mis viejos» y «Nunca tuvo novio». Como ídolo indiscutido vuelve a Montevideo y se presenta en Saeta en un ciclo titulado «Las noches de gala de Manzanares» donde canta y recita poemas, muchos de su autoría. Un 27 de noviembre de hace 45 años, en la madrugada porteña, se estrella con su auto. Sus amigos, con la periodista Lilián al frente, organizan un recordado movimiento para juntar bronce y levantarle un monumento en Las Piedras. La noche montevideana se llena con sus historias y leyendas de gran cantor y amigo de los humildes. Con más recuerdos y música los esperamos todos los domingos a las 18 horas en CX 40 Radio Fénix.

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