TIENE LA PALABRA

El Interior también existe

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Le escribe Abraham Aliskevich, desde Israel, observando el resultado de las últimas elecciones. Veo que no le erré «por mucho cuando pronostiqué» que el Frente llegaría a los doce departamentos en todo el país. Ganó en once, muchos por abundante mayoría y aumentó su caudal de votos en varios más. Aunque eso me da mucha alegría, me da pena lo que sucedió en muchos casos. Sobre todo en Montevideo.

Recuerdo cuando en EEUU, mi tocayo el presidente Abraham Lincoln, le dio la libertad a los esclavos, y fue asesinado como varios presidentes americanos, hubo esclavos que protestaron. ¿Y ahora qué hacemos? Porque preferían seguir siendo esclavos, porque así tenían techo y comida segura. Lo demás no importaba. También recuerdo cuando uruguayos dirigentes obreros comenzaron sus idas al Interior y, cuando podían, hablaban con peones de campo sobre sus vidas casi esclavas, cómo sus patrones se enriquecían a costa de sus trabajos y de sus vidas miserables. Hubo, más de uno, peón miserable, que peló su facón, queriendo atacar a quien venía a desasnarlo. ¡Cómo iba a hablar mal de su patrón! De modo pues que la lucha es cruel y es mucha. Hay que seguir demostrando a los ciudadanos del Interior, que, por fin hay un gobierno que piensa en ellos, que quiere que la gente, hasta el último rincón del país, tenga las mismas comodidades de la población pueblerina, que trabajen ocho horas, que tengan energía eléctrica, que tengan Internet, que en lugar de cerrar Escuelas se abran y que sirvan como lugar de reunión para los vecinos, para hacer sus planes comunitarios. Que les ayude a construir tajamares, y así no tener más problemas de agua. Que por fin un gobierno se preocupó en conseguirles comida a sus animales y se preocupa de que aumenten su producción para poder vivir mejor. Que les arrime técnicos agrícolas para impartirles conocimiento, y les acerque la Universidad para que sus hijos, puedan estudiar cerca de casa y no tener que abandonar el «pago».

Lo que falta, y espero que el gobierno del «Pepe» lo haga.

Es viendo el cambio climático, no confiar más, en el clima. Así como el Pepe quedó encantado con Nueva Zelandia, me gustaría que se diera una vuelta por Israel, y comprobase como en un país del tamaño de Tacuarembó, con el 60% desierto, y que nunca llueve durante ocho meses del año y con una población de más de siete millones de habitantes, y con guerra permanente, hostigado por sus vecinos que les tiran cohetes y mandando suicidas para reventar gente, nunca he oído que los agricultores se quejen de heladas, sequía, etc.

No se qué saldrá más barato, si pagar Seguros contra Catástrofes como están haciendo en Uruguay, o cubrirlas con plásticos para protección. He visto invernaderos con estufas y ventiladores, para tener el clima necesario. Y a las vacas lecheras, las tratan mejor que muchos maridos a sus mujeres. Cuando hace mucho calor, las tienen fresquitas, con ventiladores y una llovizna, y alimentándolas todo el tiempo, y ellas en pago a tanto cariño producen el doble de leche que en el Uruguay.

Sí señor, el doble. Así que me alegra, todo lo que hace el gobierno del Frente, pero hay que hacer más, para llegar a ser el número uno del mundo. Un abrazo desde Israel.

ABRAHAM ALISKEVICH -ALIS – [email protected]

 

Un padre ante el máximo dolor

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Soy Agustín Omar Corbo Fernández, padre de Marcelo Corbo Ribero, asesinado el 9.11.08 día que cumplió 21 años.

Quiero compartir con mi sociedad un conjunto de vivencias a raíz del impacto, el profundo dolor y aún empapado de ese dolor, el razonamiento como integrante de esta sociedad ¿qué nos está pasando?

Primero, reconocer y agradecer públicamente a quienes, en el ejercicio de funciones encomedados por el Estado, excedieran largamente la profesionalidad que requiere la función policial, y me dieran un respetuoso apoyo humano, en su actitud, tomando en cuenta mis planteos, informándome lo actuado y comprendiéndome.

Reitero por este medio mi pedido ante el Ministro del Interior, la Suprema Corte de Justicia, los señores legisladores y el presidente de la República, avalado por los artículos 8º y 30º de la Constitución, de ser atendido personalmente. En el entendido de que ejerzo mi derecho-deber a aportar a mi sociedad.

Estoy convencido que es sabio tener la humildad y claridad de escuchar a los sin voz, a los que la vida nos da elementos que quizás sean el camino más firme para recuperar las partes añoradas en valores y convivencias en el estado que componemos.

La inseguridad tiene (al menos) tres grandes formas: 1º) las que sufren (a qué nivel) las mujeres a mano de quienes las deberían proteger; 2º) los robos que asolan el tejido social; 3º la violencia física que dirime problemas mediante homicidios.

1º) La sociedad de hombres (guapos) les deja a las mujeres como caminos, el cajón, la cárcel o el sometimiento a golpes y voluntad ajena (del guapo).

O sea, la sociedad que no sabe, no puede proteger (amparo constitucional incumplido) o no quiere, negligente ante el derecho mayor (la vida). Cuando una mujer es golpeada, casi con naturalidad, impunemente y se defiende matando al agresor, ¿no se configura legítima defensa incompleta?

Señores jueces, sé que es difícil ser justos (imposible) con jurisprudencia fría. No los juzgo, no soy soberbio: quiero ser útil a mi sociedad.

2º) La sociedad es responsable de violencia física y robos. En lo primero cultural: el camino para solucionar problemas hoy, es con cuchillos o armas de fuego. Sólo atendemos nuestro derecho ¡no el ajeno! Se va a bailes y estadios armados ¿para divertirse matando?

Aunque la carga magna confiere derechos, no son contemplados. Los socios marginados y los que se crían solos, son la mayor causa de la ola de robos. Sin olvidar al que paga y es el mayor beneficiario de lo robado.

El gran responsable, y a ese la sociedad lo mira con indulgencia en el peor de los casos.

No miremos para el costado, hay una tremenda deuda social en este sector de la sociedad marginada. No hay derechos sin obligaciones. Pero tampoco obligaciones sin derechos. Será lento y difícil sanar esas heridas. Lo escrito es síntesis de mi visión del problema.

Quiero agradecer a quienes cumplieron su deber con largueza. A las compañeras del Casmu que con su ternura de madres me protegieron. A los compañeros con sus manos cargadas de apoyo, al os compañeros de mi sucursal y mi gremio de vendedores de diarios (sucursal Bertolozzi). Y sobre todo a mis hijos, nietos y hermanos que cargaron con gran parte de mi dolor y me dan motivo de vida. ¡Eso es amor!

Pregunto, además de mi derecho. ¿A ninguna autoridad le interesa darme una entrevista?

OMAR CORBO  – C.I. 951.270-9

 

Plebiscito por la anulación de la Ley de Caducidad de la pretensión punitiva del Estado

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Escribo a usted estas líneas en relación al artículo del analista Nicolás Grab titulado «Se acabó la ley de impunidad», publicado el día 4 de noviembre.

Respecto al mismo, no es mi idea en esta ocasión entablar un debate, ni expresar argumentos contra la posición sustentada por el articulista, a lo que también me siento tentado.

Tan sólo pretendo dejar en claro un error trascendente respecto a un hecho objetivo, que me parece impropio de alguien que estudie los temas sobre los que opina y que es idéntico al cometido recientemente por un columnista de un semanario montevideano, al cual también me he dirigido.

En concreto, considero que el Sr. Grab se equivoca u omite parte de la información, espero que involuntariamente, cuando afirma que: «No cabe duda que todo esto pes
ó en la votación, una vez que la Corte Electoral impuso la triquiñuela deleznable de su ingenioso invento: de que no hubiera votos por No, y los votos por Sí tuvieran que competir, no sólo con quienes se opusieran a la iniciativa, sino también con todos los que no se pronunciaran».

Quien se tome la molestia de leer la Constitución con detenimiento, verá que el Art. 331 refiere a las reformas constitucionales y prevé distintas posibilidades.

Los promotores de la anulación de la Ley de Caducidad de la pretensión punitiva del Estado, procuraron alcanzarla por la vía prevista en el inciso A (iniciativa del 10% de los ciudadanos inscriptos en el Registro Cívico) y en relación a ello, la Carta Magna dice textualmente: «Para que el plebiscito sea afirmativo, se requerirá que vote por Sí la mayoría absoluta de los ciudadanos que concurran a los comicios …»

O sea que es bien claro: de acuerdo a la Constitución, para esta vía que se planteó, todos los votos que no sean Sí, (por el No si existiera, en blanco y anulados), cuentan contra la aprobación de la reforma propuesta, y siempre, no sólo en este caso. Es decir que todo aquel que bajo cualquier forma (incluso quien no va a votar y paga la multa) no vota por Sí, se expresa contra la reforma propuesta.

Es para otros casos, como se verá si se sigue leyendo el mismo artículo, que se determina que se debe votar «por Sí o por No»

Nada entonces de «triquiñuela deleznable» de la Corte Electoral, porque la forma en que se votó, guste o no al Sr. Grab, es la que dispone la Constitución.

Si actuara yo con la ligereza del Sr. Grab, tal vez podría calificar de «deleznable triquiñuela» a la actitud de su columnista y de su colega WP, al tratar de desinformar a los lectores, de dejar un manto de duda sobre la honestidad de los miembros de la Corte Electoral y de buscar una nueva justificación para la derrota en las urnas de quienes vienen, desde hace años, combatiendo sin éxito con todas las armas a su alcance, contra una de las leyes que ha sido sometida a más controles y ratificación populares de la historia del Uruguay.

Como procuro, sin embargo, no actuar con ligereza, digo que tal vez la pasión o la urgencia por escribir el artículo lo ha llevado a error y pido que en su carácter de analista honesto, del cual no tengo por qué dudar a priori, analice los hechos que expongo y aclare la situación.

Me parece que es lo que corresponde y que toda la ciudadanía quedaría agradecida

AFG  – C.I. 1.239.845-3

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