TIENE LA PALABRA

Los antiguos virus y su cura

Señor Director de LA REPUBLICA Dr. Federico Fasano Mertens

Por mentir sin vergüenza y con descaro cierta clase humana nacional diariamente promete con engaños, a sus nuevos y «viejos» partidarios (ya) infectados de los «antiguos virus» del amiguismo y el acomodo.

Los que son en general una pandemia muy, pero muy antigua, para la que no se ha desarrollado una vacuna y esta «peste» va a continuar de por vida en el ánimo de estas personas para regocijo y provecho de quienes los engañan.

«La oración es como un ruego». Fueron palabras que quedaron en nuestros oídos de niños, cuando nos enseñaban a orar.

Pero hoy, al invertir la frase y decir: «El ruego es como una oración», podemos rogar que esas mentiras y esos mentirosos no sean tenidos en cuenta; o no quieran ser oídas y el veneno de esas palabras va a matar a quienes las pronuncien. Pues no pueden cambiar de actitud de beneficiarse a costas del país y de los más necesitados.

Llevan en la sangre ese «virus maldito» que quieren seguir trasmitiendo, sin ningún escrúpulo, y tienen muchos aliados en cierta prensa que también saca provecho. Al ser socia de ese propósito despreciable que empobrece la mente y la salud del pueblo que engañan y explotan a la vez.

«¿Que será, que será?

¿Que será, que pasará?

Hoy, la gente anda distinta…

¿Se ha puesto a considerar?

Nos preguntaba, cantando, el querido, el inolvidable, el inmortal «San Pablo Estramín» y la respuesta a su anticipada pregunta es:

«Que se descubrió la vacuna» para prevenir un mal; declarado pandemia nacional y quien no esté inmunizado puede contraer ese mal que se manifiesta con los síntomas de una persistente «fiebre» de amiguismo, acomodo y corrupción generada (contagiada) por las promesas, las mentiras y los engaños que saltan como chispas candentes de las lenguas que las destilan y desparraman ese virus con la complicidad de muchos medios que aumentan y alimentan esa fiebre destructiva y maldita.

La vacuna que sólo es preventiva, tiene el nombre de pila del laboratorio que la produce con las iniciales del mismo que ya es muy reconocido, y por satisfacer las ansiosas preguntas para obtener esta poderosa vacuna que se proporciona gratuitamente con las iniciales que la identifican en los lugares adecuados a lo largo y a lo ancho de todo el país con las iniciales FA, cuya marca es fácil de reconocer por quienes la soliciten con la confianza de que quedarán inmunizados de por vida contra esa «fiebre inventada».

ERNESTO BALSEIRO

 

Carta abierta a los cristianos uruguayos

Señor Director de LA REPUBLICA Dr. Federico Fasano Mertens

Queridos hermanos en Cristo:

Primero, presentar al que esto escribe. Soy católico, apenas de ir a Misa y recurrir al Sacramento de la Reconciliación cuando me siento en pecado, pero con fe absoluta en el poder salvador del sacrificio de Nuestro señor Jesucristo. Soy un pecador, sin autoridad moral ni intelectual para pontificar, así que opinaré como un cualquiera, como un hijo del vecino. En política, soy frenteamplista.

En segundo lugar, indicar la circunstancia y la intención: escribo en respuesta ­discrepante­ al documento de la jerarquía de la Iglesia uruguaya en el que, de modo indirecto, se nos sugiere a los fieles católicos que no debemos votar al Frente Amplio, en base al hecho de que esta fuerza política incluye en su programa la legalización del aborto y distintas medidas de reconocimiento a preferencias sexuales y modelos de familia diferentes del matrimonio heterosexual. Tras las aclaraciones, al asunto.

Tengo claro que un católico no debe votar la legalización del aborto, en tanto cree en el valor de la vida humana, y en la existencia de un alma inmortal, desde la concepción. Por eso es que, si el tema se llevara a referéndum, yo votaría «No». Ahora bien, si el aborto se legalizara, siempre me queda, convencido de que es algo terrible, abstenerme de usar esa Ley (vale decir, no presionar a ninguna mujer para que aborte), así como también promover las acciones para que la norma se derogue.

Asimismo creo que, si yo fuera gay y quisiera seguir siendo católico, debería vivir en celibato y castidad. Pero esto lo escribo refiriéndome a mí, que soy católico, y si fuera gay.

Lo anterior implica que hay aspectos del programa de mi fuerza política que no apoyo y hasta algunos a los que me opongo, por considerar que no son compatibles con mis creencias. Entonces… ¿cómo es que sigo siendo frenteamplista?

La explicación es simple: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», dijo Jesucristo. Como ciudadano y como cristiano tengo el deber de contribuir a que mi sociedad se dé el mejor gobierno. Debo votar y hasta incluso puedo tener militancia política. ¿En qué partido? Pues en el que según mi conciencia se adecúe mejor a mi condición de cristiano. Adecuación que siempre será imperfecta.

Todos los partidos políticos contradicen, en algún aspecto de sus programas o de sus prácticas de gobierno, algún punto mayor o menor de la doctrina cristiana. ¿O me van a decir que los partidos que plantean una conducción económica neoliberal hacen con ello una obra de bien? Jesús fue pobre y trabajador. Yo siento que cumplo mi deber de cristiano si voto el partido que mejor defienda los intereses de los trabajadores y los pobres, el que mejor trabaje hacia su dignificación humana.

Con el gobierno del Frente Amplio, primero viajando a Cuba y, más recientemente, yendo al Hospital de Ojos, «los ciegos ven», y estoy citando adrede el Evangelio. Con este mismo gobierno los trabajadores domésticos tienen leyes que los protegen y los peones rurales han conseguido la jornada de ocho horas. Los salarios se negocian … ¡y crecen! En Bella Unión, donde la miseria de los niños era una ofensa que clamaba por justicia, hay trabajo y esperanza. Se ha avanzado en el esclarecimiento de las violaciones de los derechos humanos en la dictadura, enjuiciándose a los principales responsables (y espero en Dios que esta obra de justicia sin rencor se pueda profundizar, mediante la anulación de la Ley de Caducidad). Hubo Plan de Emergencia y, mejor aún, Trabajo por Uruguay. Los hijos de los trabajadores tienen mutualista. Y podría seguir.

No estoy suponiéndole mala intención a la jerarquía. Tampoco afirmo que para ser buen cristiano sea necesario ser de izquierda. Dios, que ve el corazón, conoce la intención de cada uno y es quien juzga su buena o mala fe. Lo que sí afirmo, sin un ápice de vacilación, es que el ser frenteamplista no hace menos cristiano a ningún creyente.

Finalmente, invito a mis hermanos a meditar su voto, sin preconceptos de índole alguna, pero a la luz del Cristo trabajador y pobre, que dio su vida por todos nosotros, que hacía sus milagros sin cobrar, que no se sometía al poderoso, que corrió a latigazos del Templo ­la casa de su Padre­ a los mercaderes-ladrones que se enriquecían esquilmando a los más humildes.

Bendiga Dios a Uds. y a nuestro pueblo

JUAN DE MARSILIO C.I. 1.864.466-4

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