¿Trabajás o estudiás? Respuesta forzada
«En Delta del Tigre (San José) la dicotomía ‘¿trabajás o estudiás?’ no corre», explicó Germán Bassi, sociólogo y profesor de educación física, coordinador del Aula Comunitaria en esa zona.
«Siempre va a perder el estudio, porque si yo le digo a los chiquilines que dejen de trabajar, automáticamente van a dejar de estudiar. Ellos necesitan trabajar para el sustento de su familia, necesitan los 200 pesos que ganan en cada jornada», agregó.
En esa zona del departamento josefino los chiquilines a los 13 o 14 años ya tienen experiencia de trabajo. Se desempeñan en las zafras de frutilla, uva y limón en las quintas ubicadas a unos cuantos kilómetros.
Asimismo se dedican a cortar y vender juncos, o producen esteras, manteles y cercos para tener un ingreso, en una economía de corte familiar.
«Por más que el ideal es que los gurises no trabajen, la realidad nos supera. No podemos prohibirle trabajar a esos chiquilines sabiendo que pierden un jornal que necesitan para vivir, porque no es para comprarse un porro o una cerveza, como piensan algunos», dijo Bassi.
«Nosotros generamos estrategias que posibiliten la educación sin dejar de sobrevivir», puntualizó.
Trabajo informal
Se estima que en Uruguay trabajan unos 35.500 niños y adolescentes. Pero sin embargo a nivel del Instituto Nacional del Niño y Adolescente (INAU) se registran en promedio nada más que unas 3.500 autorizaciones al año.
La habilitación laboral implica un control médico previo y una delimitación de tareas.
La contratación debe ser como máximo por seis horas diarias y los jóvenes tienen que tener ciclo básico aprobado.
«Nos preocupa la poca formalidad que hay, y principalmente la parte de trabajo rural, porque la mayoría de las autorizaciones que se dan son en el Interior del país», dijo a LA REPUBLICA Graciela Pardo, secretaria técnica del Centro Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CETI). La preocupación pasa por las dificultades que existen para acceder a controles en el campo. Sobre este tema, Pardo dijo que actualmente «hay muy pocos inspectores como para cubrir todo el país».
Esta realidad llevó a que se dictara un curso para inspectores, que recién el año próximo comenzarán a inspeccionar.
A los problemas para el control se suma la falta de denuncias recibidas; 10 en menos de un año.
«Las denuncias no nos llegan y cuando se producen son difíciles de comprobar, porque no existe el lugar o está mal la dirección o porque terminó siendo una situación de vecinos y no de trabajo», detalló la secretaria técnica del CETI.
Frente a toda esta problemática y para incrementar la cantidad de denuncias se busca sensibilizar a la población. Por este motivo se realizó ayer la «Jornada de Sensibilización acerca del Trabajo Infantil y acercamiento a la metodología de Defensa de los Derechos del Niño a través de la educación, las artes y los medios de comunicación», en la que participaron docentes y educadores.
«Pretendemos sensibilizar a los docentes para trasmitir que el lugar de los niños es la escuela. Ellos tienen un rol muy importante y no están muy formados en el tema del trabajo infantil», reflexionó Pardo.
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