TIENE LA PALABRA

¿Por qué «voto obligatorio»?

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Se nos podrá decir que este tema no está en discusión, o que en plena campaña electoral tratarlo es como «gastar pólvora en chimangos».

En ese caso, permítaseme, dar vuelta esa afirmación con otra pregunta: ¿Acaso alguien cree, que puede ser tema, para después de las elecciones?

Entonces, llegaríamos a la conclusión, que nunca es apropiado discutir esto. Tal vez por eso sigue tan campante, esa norma…

La disposición constitucional del voto obligatorio viene desde nuestra primera Constitución. Vayamos por un instante a esa época. 1830.

En el último lustro había ocurrido la patriada de los «33 orientales», la expulsión de los portugueses-brasileros, etc. Nuestra campaña, era «tierra de nadie».

Recordemos que luego de cuatro décadas, recién se alambraron los campos. Continuaban llegando emigrantes de distintas partes.

El país, debía tener necesariamente, unidad política, por tanto fue imprescindible una fuerte centralización, para cohesionar a toda esa población tan dispar. Desde la perspectiva histórica, parece una norma adecuada a esas circunstancias. ¡Han pasado 180 años! Vaya que el mundo cambió y también nuestro país.

En el último siglo, tuvimos tres golpes militares. El último, fue el más ambicioso. Intentó, a través del plebiscito de 1980, cambiar el sentir democrático de nuestra nación, y así le fue…

Si faltaba alguna muestra del valor republicano y democrático de este pueblo, fue ese plebiscito. Y desde ese momento hasta ahora, y seguramente por muchos años más, no ha habido siquiera el más mínimo intento de parte de nadie, de desconocer lo que las mayorías fueron decidiendo en el correr del tiempo. Por otro lado, es palpable la recuperación que vive el país y los reconocimientos internacionales que casi a diario se nos hacen por los más diversos motivos. Siempre fuimos una nación de libre pensadores. Las frases de Artigas calan hondo en las generaciones de escolares, y luego perduran toda la vida. En los países desarrollados, el voto obligatorio no existe. Allí nadie cuestiona los resultados electorales, en función de la poca o mucha abstención. Se toma como un dato de la realidad.

Cuando la abstención es importante, son los partidos políticos los responsables de no haber «entusiasmado a los votantes», e incluso en ese caso, la abstención pasa a ser también una manifestación de la ciudadanía.

Pero a nadie se le ocurre en pleno siglo XXI, obligar a la gente a manifestarse a través del voto, so pena incluso ¡de multas!, como ocurre en nuestro país.

En el fondo esa norma, hoy en día totalmente innecesaria, es restrictiva de la libertad. Porque se está obligando a muchos, a hacer algo que no desean y en tiempos de normalidad.

Cuando ocurre una catástrofe, a veces los gobiernos deben imponer restricciones a esa libertad en bien del interés general. Y siempre por un breve lapso.

¿Pero a santo de qué, debemos tener esa norma coercitiva, en nuestra Constitución? ¿Qué unidad política estamos protegiendo, en un país que ha dado innumerables muestras de su madurez?

LUIS FERNANDEZ – [email protected]

 

El nacimiento del Liceo Nº 46

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Según los anales de la Educación Pública, en el año 1992, se inauguró el Liceo Público Nº 46, durante el gobierno del Dr. Luis A. Lacalle y el hecho fue publicitado en cuanto balance económico y/o político cabía hacerlo.

He aquí la historia de los hechos:

En el año 1984 el Liceo Nº 24 que funcionaba en Camino O’Higgings y Sanguinetti se traslada a la calle Presbítero Barrales Nº 2500, Paso de la Arena, a 200 metros de Avda. Luis Batlle Berres inaugurando un local liceal construido a esos fines. Hoy aún sigue ahí como Liceo de Ciclo Básico. Hasta el año 1994 funcionó con 1er. y 2do. Ciclo y su nombre es «Carlos Sabat Ercasty».

En marzo de 1992 los docentes y funcionarios del 24 llegamos al mismo y nos encontramos con una situación surrealista: dentro del local del 24 iba a funcionar también y al unísono un «nuevo» Liceo; nombre tenía: 46.

Comienza el año, comienza el caos total.

Espacio físico para la Dirección, Secretaría, Adscripción, etc. del Liceo 46 no había, por lo tanto el destino fue ambular por los patios, pasillos, cantina, las más de las veces con los biblioratos bajo el brazo. Baños, Sala de Profesores y alguna máquina de escribir se le prestaban.

En un Liceo deben darse clases. ¿Dónde en este caso? en los pasillos, en el Laboratorio si estaba disponible y en lo que quedaba de un Salón Multiuso que en parte ya estaba ocupado por una Biblioteca. Eso sí ­había cierta organización­ las clases del Liceo 46 no empezaban hasta que el último alumno del 24 entrara a su salón dejando libre el pasillo de recreo. Entonces sí, profesor y alumnos buscaban el «clima» de trabajo previa colocación de bancos que durante el recreo descansaban estibados contra la pared. Cierta mañana ocurre un hecho que desbordó la paciencia. Entra una madre de un alumno, muy, pero muy nerviosa y enojada, encara a una adscripta y la insulta soezmente y en alta voz. En algún momento se descubre el error: el hijo de la mamá increpante era alumno del 46 y la adscripta era del 24. Sin justificar nada de lo ocurrido y tratando de sobrellevar tanta promiscuidad, alguien buscó una mesa y dos sillas, llamó a directora y secretaria del Liceo 46 y las instaló en un rincón del pasillo; con el tono que aparece siempre en los «cortes de cinta» les dijo que a partir de ese momento «eso» era el Liceo 46. Una mesa y dos sillas fueron entonces el primer mobiliario de la flamante institución educativa.

En otra ocasión respiró de satisfacción la directora cuando casi por azar descubrió que una adscripta que hacía dos meses se desempeñaba en el Liceo 24 en realidad había sido designada para el Liceo 46. Alguien más que se incorporaba al equipo ambulante.

La historia del Liceo 46 «inaugurado» por el Gobierno del Partido Nacional en el año 1992 no termina aquí.

A los 21 meses de la situación anterior el Liceo 24 «parió» al 46. El Liceo 46 tendría su local propio. ¿Dónde? en la calle Presbítero Juan Ortiz Nº 6690 a tiro de piedra del 24. Menos mal que estaba cerca pues el camión de Proveeduría, que podría haber hecho la mudanza estaba fuera de uso. El esposo de una profesora trasladó en su camioneta lo más pesado, el resto lo trasladaron los alumnos cual hormigas. Pero había que esperar un poco. El tiempo que llevara transformar la «vivienda familiar con parral al frente» en un Liceo Público. Se transformó sí; recuerdo que lo primero en hacer fue sacar el calefón y dividir el «baño familiar» en dos mitades: baño para niñas, baño para varones. Siempre pensé que este relato merecía la pluma de nuestro inolvidable Juceca. La «casita con parral al frente» fue Liceo Público durante seis años hasta que el Liceo 46 se trasladó al lugar donde funciona actualmente, la antigua «Quinta de Batlle Berres», que comparte con otras instituciones educativas. Dispone de la infraestructura lógica de un liceo público y hasta posee un «espacio cultural» con un Teatro y Sala de Exposiciones hecho con trabajo y aportes de su comunidad educativa y del Consejo de Educación Secundaria a través del Proyecto de Iniciativas Locales de Mejoramiento de la Infraestructura Edicilia (Fondos Concursables) e inaugurado en marzo de este año.

El Liceo 46 toma con sorna su pasado. Hay candidatos políticos que por respeto a la memoria e inteligencia de muchos no deberían abrir la boca para hablar de educación en este país. Agosto 2009.

Profesor JUAN CARLOS GARCIA ARANDA – C.I. 817.800-3

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje