Escrito por: Federico Bentancor

Carlos Gardel cantaba que veinte años no es nada, pero en el caso de los Buitres es mucho, ya que remiten a una carrera que se ha mantenido en ascenso hasta consolidar al grupo como referente indiscutido de nuestro rock.
Prueba de lo anterior son los más de 15.000 espectadores, que colmaron el Velódromo Municipal, pese que la celeste se jugaba la vida en Quito, para tributarle su pasión a la banda.
El show comenzó simbólicamente con “Una noche”, primer tema del álbum debut de Buitres, al que siguió una muy buena selección de lo más destacado del repertorio del grupo.
“Vamos a repasar todos los discos”, aseguró el “Pepe” Rambao y efectivamente sucedió de esa manera. Fue así que sonaron verdaderos clásicos como “La plegaria del cuchillo”, “No te puedo matar”, “El baile del caballo” y “Ojos rojos”, junto a otras composiciones más recientes como “El instrumento”, “Carretera perdida” o “Soy del montón”.
Cada tema fue adecuadamente acompañado por imágenes abstractas o simbólicas (por ejemplo, nubes en “Afuera la lluvia”) que se iban sucediendo en una gigantesca pantalla colocada detrás de los músicos. También se contó con otra pantalla, bastante más pequeña que la anterior, que se centró en el grupo y las reacciones del público. Sobre esta última pantalla se proyectaron a su vez mensajes de texto enviados por los asistentes, lo que fue una propuesta atípica para nuestro medio. Sobre el escenario, Gabriel Peluffo desató todo su histrionismo y mantuvo un diálogo muy fluido con el público. Pasa el tiempo pero este pediatra de cuarenta y tantos no pierde las mañas ni su atractivo para el público femenino.
Por su parte, Gustavo Parodi, “Pepe” Rambao, Orlando Fernández y Nicolás Souto sonaron impecables de principio a fin. Los Buitres han recorrido un camino largo y eso quedó más que claro en la heterogeneiddad de los asistentes. Desde niños en edad escolar hasta varios cincuentones vibraron a su manera con el espectáculo.
Algunos prefierieron verlo de forma más tranquila desde las gradas o la pista del Velódromo; otros optaron por estar más cerca de los músicos y dejarse llevar por el “pogo”.
Un momento muy especial de la noche fue la llegada de la información del triunfo de la selección nacional en Ecuador. El rumor corrió rápido entre el público, lo que desató por unos minutos el clásico canto de “Soy celeste, celeste soy yo”.
Tras este breve paréntesis, la banda prosiguió deleitando a sus seguidores, que se mantuvieron al firme, incluso bajo el potente temporal que se desencadenó pasadas las 23.00 horas.
En defintitiva, los Buitres alimentaron el idilio con su gente, una pasión que parece no tener fecha de caducidad.
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