TIENE LA PALABRA

Las «malas palabras» de Mujica

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Me dirijo a Ud. y a todos sus lectores para hacer algunas puntualizaciones sobre las «malas palabras» y los comentarios del Dr. Lacalle al respecto. El ha dicho que el hecho de que un presidenciable las diga es un mal ejemplo para los niños de nuestro país, pero creo que debería mirar para atrás y verá que Mujica no está diciendo nada que ya no digan esos «niños», y otras peores y no fue Mujica quien se las enseñó. Soy una persona de 58 años, educada en este país, y en una época donde la educación era tal, no como la de la dictadura y la que le siguió; mi padre era un obrero y mi madre una ama de casa, yo hice la escuela, el liceo y lo que antes era preparatorios de Abogacía, también hice Secretariado Comercial en la UTU, también algunos años de Facultad de Derecho; y la verdad es que todas las palabrotas (que no son ni sombra de lo que hoy dicen) las aprendí con compañeros de Preparatorio en adelante, y no eran los de bajos recursos e hijos de obreros los que las decían sino los hijos de clase media alta y de clase alta, lo que llamábamos los pitusos de Carrasco y de Pocitos. Esos se las sabían todas, de 10 palabras que decían 9 eran lo que el Dr. Lacalle arenga que dice Mujica, esto no es de ahora, y es a ellos, los engominados (como los llamábamos) los que peor hablaban y todo el tiempo.

Creo que el Dr. Lacalle no tiene autoridad moral para criticar a nadie, porque yo misma lo he oído hablar de forma más incorrecta y soez que el propio Mujica, y con toda la educación y apellido que tiene… como ejemplo es muy bajo, porque tendría que mirar como habla la alta sociedad donde él se mueve y después ver el respeto con que se trata la gente de clase media baja. Además Mujica no dice palabras en términos de ofender a nadie, es peor ofensa hacer cosas que denigran al ser humano, como tratarlo como un casi esclavo (trabajador del campo) o mirar desde arriba o de soslayo y con desprecio, aquí no pertenece a su clase social o no tiene apellidos ilustres o de abolengo.

Todos somos gente y seres humanos, tenemos los mismos derechos y obligaciones, tenemos derecho a vivir dignamente, a criar a nuestros hijos en un país sin clases sociales, donde tanto el hijo del pobre como del rico pueda tener las mismas oportunidades de realizarse, como profesional, como persona, no limitar las cosas solapadamente que a ciertos empleos o trabajos privados (por suerte con los públicos con el Frente no) se les pida a personas recibidas y cito un ejemplo conocido: para entrar a una sociedad médica, un médico tiene que ser hijo de un médico que allí trabaje, o conozca políticamente a alguien (blanco o colorado según la institución) para tener la opción de llegar a una ficha de ingreso, si no es así andará trabajando miles de horas en donde encuentre, y eso no es justo para nadie. Lamentablemente en este país los «apellidos con abolengo» tienen más valor que la sabiduría de una persona. Vale más ser «Hijo de Fulanito que llamarse Juan Pérez».

Espero que haya quedado claro lo que he querido expresar, las «malas palabras» no hacen a una persona ni buena ni mala. Son sus cualidades, su don de gente y su solidaridad con el prójimo, en este caso con el pueblo uruguayo.

[email protected]

 

Los griegos y el habla gauchesca

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Hace ya cinco años publiqué en Orbe Letras un ensayo con el título «Vestigios léxicos griegos en el habla gauchesca». En el mismo exponía la tesis de que la mayoría de las palabras gauchescas tienen origen griego, presentando más de cuarenta ejemplos (algunos con total probanza).

Pese al tiempo transcurrido dicho ensayo no ha merecido nunca el menor comentario, reseña ni noticia en ningún órgano de la prensa escrita de Montevideo.

Nos resulta por demás sorprendente que habiendo en el país grandes conocedores, estudiosos del tema, profesores de lengua griega antigua y moderna, de lingüística, antropología y/o interesados en nativismo y temas similares, no haya salido nadie a señalar los errores… (¡que los hay!!). Seguimos a la espera de una refutación.

ROBERTO LARREA – C.I. 3.443.411-4

 

Al senador Penadés

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Confieso no salir de mi asombro, al escucharlo pedir, poco menos que romper relaciones con la República Argentina, por la presencia en un acto del senador Mujica en Buenos Aires, en el cual se encuentra presente el embajador argentino en Uruguay Sr. Hugo Patiño Meyer. Sin perjuicio de desconocer si es inconveniente o no, diplomáticamente ­el estar presente­ no podemos negar que el señor es argentino y estaba en su país. Pero decime Gustavito: ¿Tenés tan poca memoria? No recuerdo haber escuchado en radio, visto en TV o leído en diarios, criticar al embajador americano (creo que se llama Silverstein alias «El Carretilla») que en un acto del Partido Nacional, organizado por Larrañaga en la Meseta de Artigas, participó dicho embajador «disfrazado de gaucho» y en un caballo blanco. No se te ocurrió, Gustavito, pedir que echaran a dicho embajador. Creo que dentro de las muchas condiciones que para ser político se necesitan, una de ellas es ser memorioso. Por lo tanto, como tu memoria es corta, no podrías ser ni edil barrial. Y como dijera Astori (pero al revés) tu no sos inepto, ¿o sí? Pero seguro sos un mala «leche».

A. FALLA – C.I. 765.430-1

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