La fiesta del encuentro uruguayo
LA REPUBLICA estuvo viviendo la fiesta con ellos, acercando las vivencias de esos uruguayos que viven fuera del país.
Las fechas patrias siempre guardan un dejo de nostalgia y emoción; estos sentimientos se ven multiplicados al estar lejos del país, cuando ver una bandera y escuchar el himno son actos no sólo de patriotismo, sino también de un gran anhelo de regresar al país.
El pasado fin de semana fuimos testigos de este maravilloso ritual, en el que uruguayos residentes en diferentes puntos de Buenos Aires se fueron dando cita en el Complejo Gatica en Avellaneda; la excusa más cercana era la conmemoración del 25 de Agosto, aunque, con sólo unos minutos allí, era fácil notar que la intención era reunirse, encontrarse en la mirada con un compatriota, compartir unos mates y traer desde el relato oral los recuerdos del paisito.
En pleno Buenos Aires, al caer la tarde del sábado, todo parecía ser una filial de Uruguay; la música empezaba a sonar y la gente llegaba con una sonrisa y el termo bajo el brazo. Tres niños con la bandera de los Treinta y Tres Orientales, la de Artigas y la Nacional dieron por empezada la reunión de los uruguayos residentes en Buenos Aires, que se colmaría de emoción cuando comenzaron a sonar los primeros acordes del Himno Nacional, momento en el que todos de pie y con pasión lo entonaron haciendo flamear sus banderas.
Espectáculos musicales
Luego fueron los espectáculos musicales los que pusieron a todos de pie. Actuaron el grupo Los D’Enfrente, Carne Levare, Hermandad Bonga, y Con La Murga en el Alma, que hizo un repertorio de las murgas más representativas, haciendo cantar y emocionar a todos los presentes.
Como locales, los uruguayos en Buenos Aires no ahorraron detalles para hacer sentir a los visitantes como en su hogar. El embajador, Francisco Bustillo, el cónsul, Eduardo Rosembrock y la representante de la colectividad de uruguayos en Buenos Aires, Patricia Reino, nos mostraron su entusiasmo por la presencia de LA REPUBLICA en la fiesta. Lo mismo sucedió con la gente, que, como amigos que no se veían desde hace mucho tiempo, no repararon en amabilidad y verdaderos gestos de amistad.
La fiesta familiar hizo que muchos abrieran sus experiencias a los desconocidos. Las historias tristes y felices fueron alternando a medida que pasaba la noche, duras historias que desencadenaron el abandono del Uruguay hacia un lugar donde poder vivir mejor, o simplemente poder asegurarse seguir viviendo.
La premisa que se repetía constantemente era el anhelo de volver; poder vivir nuevamente en la tierra añorada es una realidad no sólo de los que viven en Buenos Aires, sino también de la mayoría de los que emigraron hacia otras tierras. Ese anhelo muchas veces no se lleva a cabo por el hecho de mantener una seguridad económica, o también por el hecho de que, luego de tantos años de lejanía, la vida suele formarse, los hijos crecen, forman sus familias, y la posibilidad de volver se sigue alejando, aunque muchos admitieron con felicidad que conmemoraciones como las del sábado dan la oportunidad de estar más cerca del país, de compartir un momento familiar junto a sus compatriotas y disminuir las distancias.
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