PREVINIENDO LA DISCAPACIDAD

Dentro de la Prevención, en el modelo clásico de salud pública, se establecen niveles de acuerdo con el momento en que se realizan las intervenciones preventivas, considerando que, a lo largo de la vida, existe un continuo riesgo progresivo de padecer enfermedad, deficiencia y discapacidad.

De acuerdo con la clasificación de Leavell y Clark estos niveles incluyen la Prevención Primaria, la Prevención Secundaria y la Prevención Terciaria. En la Prevención Primaria las intervenciones se orientan a evitar la presentación de la enfermedad o traumatismos y está dirigida a la población sana para que mantenga un buen estado de salud tratando de evitar los daños que producen los factores ambientales, accidentes y los hábitos de vida no saludables, como por ejemplo el tabaquismo, el consumo de alcohol y otras drogas, el sedentarismo o una dieta inadecuada.

Dentro de las actividades de prevención primaria se distingue la promoción de la salud que tiene por objetivo prolongar la vida sin enfermedad y sin deficiencias mediante la educación para la salud, modificando los hábitos de vida y detectando los factores de riesgo y la protección específica que incluye la inmunización y el control de la exposición a agentes patógenos.

La Prevención Secundaria se establece una vez que la persona ha sufrido o sufre una enfermedad o un trauma, por lo tanto ya no está dirigida a población sana pero sí a la población que no presenta deficiencias o discapacidad y las actividades o intervenciones tienden al alterar positivamente el curso de la enfermedad mediante un diagnóstico temprano y tratamiento precoz. Mediante estas intervenciones se procura evitar la aparición de la deficiencia y la discapacidad.

La Prevención Terciaria procura que luego de recuperado el estado de salud se recupere la función a través de actividades de rehabilitación.

Como se señalara, la Prevención y especialmente la Prevención Primaria es la que presenta una mayor eficacia en relación con los costos y es a través de las intervenciones dirigidas a evitar los factores de riesgo que se puede reducir la prevalencia de la deficiencia y discapacidad.

Dentro de los factores de riesgo se señalan los factores biológicos (presentes en el organismo como parte de su estructura biológica y orgánica relacionados con la herencia de las personas ­enfermedades hereditarias­), ambientales (son factores sociales y físicos externos a la persona que no pueden ser corregidos fácilmente por ésta) y aquellos relacionados con el comportamiento de las personas y sus hábitos de vida, sobre estos últimos la educación para la salud puede influir positivamente, asimismo se han determinado un conjunto de causas que pueden acelerar o empeorar la aparición de la discapacidad, entre estas se destacan: desórdenes genéticos, complicaciones perinatales, enfermedades agudas y crónicas, traumatismos y lesiones, violencia, problemas de la calidad ambiental, sedentarismo, abuso de alcohol y drogas, tabaquismo, desórdenes nutricionales, falta de educación, maltrato infantil, creencias familiares inadecuadas, malas condiciones de la vivienda, falta de acceso a los servicios de salud y estrés.

Si tenemos en cuenta que en el Uruguay se ha completado la transición demográfica y nos hemos convertido en una sociedad envejecida, así como la transición epidemiológica ya que las principales causas de muerte son aquellas que se producen por enfermedades crónicas no transmisibles y propias de la edad adulta, cobra especial importancia la prevención de estas enfermedades que en un alto porcentaje están relacionadas con los hábitos de vida y con factores de riesgo prevenibles, como se señalara anteriormente. Por tanto, la estrategia de Promoción de la Salud, y las actividades de intervención en salud inherentes a la misma resultan las más adecuadas para prevenir la discapacidad.

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