DISCAPACITADOS HOY
PENSANDO EN LA INTEGRACION LABORAL DE LOS JOVENES CON DISCAPACIDAD
Hace varias décadas se habla de la inclusión social de las PCD. Desde los años 50 los principios de integración y normalización plantean el derecho de las PCD a ser reconocidos como miembros naturales de la sociedad.
Hay planes de integración educativa, laboral y de apoyo económico, se hacen accesibles los soportes técnicos, se eliminan barreras arquitectónicas. Hay leyes que establecen la igualdad de derechos y oportunidades. Pero la inclusión social no es hoy, aún, una realidad. Veamos hoy algunos aspectos en los que incide la realidad familiar
Muchas veces, el fracaso en las propuestas de integración escolar y laboral, se debe más a una incapacidad de adaptación social aceptación de normas, desempeño adecuado en un grupo que a una incapacidad para realizar las tareas.
En Cindis recibimos consultas ante dificultades para incluir a un integrante «diferente». La sociedad tiene responsabilidad, pero hay situaciones estrictamente familiares, que dificultan la integración, desde el principio.
Hablando de inclusión social, aparecen enseguida los temas de educación y trabajo. Cuando la familia busca adecuarse, rearmando expectativas y proyectos, surgen las preguntas: ¿va a ir a la escuela? ¿va a trabajar?
* A menudo observamos confusión en los gustos y elecciones de los jóvenes con discapacidad, desconociendo sus posibilidades y limitaciones. Quieren ser «doctores» sin considerar sus dificultades para aprender.
* El mercado es inestable y cambiante, exigiendo gran capacidad de adaptación. Es importante desarrollar cierta plasticidad a través de una formación que enfatice la socialización y la participación en grupos.
* Como dijimos antes, el fracaso laboral, a veces, se debe más a dificultades de adaptación en lo social que a una incapacidad para realizar el trabajo.
Muchas veces las aspiraciones familiares, las exigencias culturales según la edad cronológica y la imposibilidad de una inserción social real traban al desarrollo personal.
La inclusión social empieza por ser parte del proyecto familiar. El diagnóstico debe dar a los padres información precisa sobre potencialidades y debilidades. Así se puede construir un vínculo sano, sin sobreproteger, dando y exigiendo.
Desde el nacimiento, el niño se enfrenta con lo que necesita y no tiene y las carencias serán motor de búsqueda y esfuerzo, si los adultos toleran el proceso.
Decir «no» expresa confianza en lo que el otro puede hacer por sí mismo, aunque le cueste. Para crecer hay que aceptar que no se puede tener todo de inmediato. La conciencia de ser dependiente es el primer paso para pedir ayuda. Pero también para hacer por uno mismo todo lo posible, experimentando, y exponiéndose al fracaso, aprendiendo a elaborar las frustraciones.
Estos procesos se alteran en las PCD por las características del relacionamiento con los otros.
* Se los considera «niños eternos», «pobrecitos», y no se les exige ni se les dice «no», «por todo lo que les pasa».
* Los otros familia, docentes son los que saben y pueden, se los idealiza, se les puede pedir sin límites, porque no dicen que «no».
* Se resuelve por ellos, sin preguntarles ni exigirles, sin darles oportunidad de hacer el esfuerzo y obtener el mayor logro del que sean capaces.
* Independizarse requiere rebelarse frente al otro, portador de respuestas seguras, y tomar los riesgos.
No sabemos cuánto avanzará cada niño / adolescente, si podrá ir a la escuela o trabajar. Sabemos que es un ser social, que aprenderá a depender y a hacerse progresivamente independiente en la medida de sus posibilidades, reconociendo normas y límites, aprendiendo conductas adecuadas a los intercambios sociales, para diferenciarse y constituir una subjetividad propia.
El acceso a la vida laboral, como parte de la socialización y participación en la sociedad, sigue las reglas de todos estos procesos.
Mag. Psic. Alicia Mañán Cindis 908 60 90
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