Campo de estudio
«En diciembre de 2008 empezamos a armar el equipo multidisciplinario», recuerda González, quien sostiene que «armar un equipo de estas características requiere tiempo, y de hecho nos llevó un tiempo la selección de los integrantes».
Hoy día el campo de trabajo está determinado por una población de entre 2.400 y 2.700 presos en el Comcar. Entre muchos de ellos existe, notoriamente, una problemática relacionada con el consumo de drogas, aunque todavía no se manejan datos precisos. Una encuesta a nivel nacional que realiza la JND sobre el consumo de drogas en las cárceles, permitirá disponer de datos más certeros.
De todos modos, González advierte que «en la cárcel nada es legal y el consumo está penado», de modo que «afuera es más fácil sacar números». Por otra parte la incidencia de las «sustancias prohibidas» es mucho más fuerte en las cárceles donde, de alguna manera, todo es igual: tabaco, alcohol, otras drogas. «No lo puedo afirmar, pero de alguna forma llegan sustancias, eso pasa acá y en todo el mundo», comenta el entrevistado.
«No se puede negar la realidad, siempre es cierta la probabilidad de que haya circulado alguna sustancia», aunque «no sé en cantidad, cuáles pueden ser las sustancias que más se consumen, seguramente eso saldrá del estudio de la JND».
De todos modos, vale una precisión y es que «la pasta base cambió el perfil» y, si bien «es relativamente poca la gente que la consume», su efecto «es tan nocivo que es gente problemática». Y agrega: «problemática por efecto del tipo de dependencia y también por el efecto que causa en el organismo». González describe a jóvenes con nivel importante de deterioro físico: daño biológico, sistema nervioso, también en la parte pulmonar. «Una suerte de patología crónica, muchas veces cerca de los síntomas de la psicosis».
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