
Un dispositivo clónico, aunque no fuéramos conscientes de ello, es más común que lo que se puede imaginar. Tanto teléfonos como ordenadores portátiles o videoconsolas tienen componentes que han sido elaborados en serie por empresas externas al fabricante principal.
Desde procesadores hasta placas de microcircuitos pasando por las carcasas se han encargado a factorías especializadas. En el sector de la tecnología, además, hay productos totalmente creados a partir de piezas ensambladas que representan un volumen importante de ventas, de tal suerte que sus lanzamientos forman parte de los más vendidos en determinados nichos del mercado.
En sectores como la telefonía, los terminales clónicos están ganando terreno.
Desde móviles hasta ordenadores, pasando por ratones, monitores, lectores de CD y DVD, reproductores de MP3 o grabadores de televisión; tanto el hardware informático como la imagen y el sonido se nutren de aparatos alternativos a los de los grandes fabricantes que permiten al usuario poder comprar un reproductor de canciones asequible aunque no sea un iPod, o adquirir un portátil eficaz en el trabajo aunque no sea un Sony Vaio, por citar ejemplos extremos.
Los clónicos ya estuvieron de moda en los años ’90 del siglo anterior, con el boom de Internet, sobre todo en entornos corporativos y en el sector de los ordenadores de sobremesa, que ya de por sí suponen un conjunto de periféricos interconectados.
Así, los llamados “clónicos” consistían en una carcasa con un conjunto de tarjetas, placas, ventiladores y complementos ensamblados en la torre del ordenador propiamente dicho. También se ofrecían televisores y teclados, todo ello montado de manera artesanal en talleres locales.
Una de las alternativas a la crisis pasa por dejar de mirar el diseño y la exclusividad y retornar al campo de los “clónicos. Ahora la situación de crisis no permite adquirir a precios elevados equipos informáticos, pero nadie puede prescindir de ellos, y menos las empresas.
En un entorno digital consolidado ordenadores y los móviles son imprescindibles para trabajar. Así, la solución se encuentra en dejar de mirar el diseño y la exclusividad y retornar a este campo que tan buenos resultados dio antaño.
Normalmente, este tipo de productos tiene un precio más bajo debido a que el fabricante se ahorra los costos asociados a la puesta en el mercado del producto, que corre por cuenta del distribuidor. Como este último suele tener el canal de distribución ya diseñado, no le resulta costoso hacer llegar el producto al punto de venta y por tanto puede ponerlo a precios competitivos con los grandes del sector y con una calidad equiparable.
Entre esta nueva hornada de clónicos no todos los aparatos tienen la misma calidad, ya que depende de los requerimientos impuestos por los distribuidores de tecnología, que determinan los diferentes acabados y los componentes, así como las diferentes calidades de los materiales empleados en su construcción.
El único “pero” que se le puede encontrar a estos aparatos respecto a los de los grandes fabricantes tradicionales es el servicio posventa. Aunque la mayoría suele tenerlo, la reposición de piezas averiadas queda en función de que el distribuidor cambie o no de fabricante. Si cambia, puede resultar difícil encontrar determinadas piezas.
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