Blanquita dada ayer de alta
Blanquita Filippini fue dada ayer de alta en el hospital Pereyra Rossell y ahora encara una nueva etapa en su recuperación.
Días pasados LA REPUBLICA había hablado con su madre, quien adelantó que la niña estaba ya atendiéndose en sala, había dejado el CTI, se recuperaba rápidamente y tenía mucho apetito, al punto que «siempre quiere comer helados».
La niña de dos años tiene todavía por delante un proceso de recuperación que constituye todo un desafío, pero también es cierto que la difusión de su caso movilizó los ofrecimientos de ayuda de parte de diferentes sectores de la sociedad.
Uno de ellos es la Teletón, que tiene a la niña salteña entre sus prioridades, el otro es el del técnico que hizo la pierna ortopédica de Darío Silva, quien dijo a sus padres que colaboraría con el diseño de las extremidades para la pequeña salteña.
Como se sabe, Blanquita se presentó con fiebre muy alta en dos oportunidades en el hospital de Salto, donde no se le dio un diagnóstico preciso. Cuando concurrió por tercera vez a la urgencia se le constató una peritonitis como consecuencia de lo cual tuvo que ser operada de urgencia.
Adicionalmente, y en la medida en que la infección se apoderaba de su cuerpito, fue víctima de la amputación de sus piernas, de su brazo izquierdo y de algunos dedos de la mano derecha.
La infección generalizada dio lugar además a que se instalara en su organismo una bacteria que costó muchísimo desalojar, al punto que la pequeña tuvo que sufrir más de una decena de intervenciones quirúrgicas. De hecho, una vez que se encontraron los antibióticos adecuados, la salteña comenzó a recuperarse y, en las últimas semanas, el proceso se concretó a gran velocidad.
Después que se constató la infección generalizada, la pequeña fue transportada desde Salto hasta Montevideo, e internada en el hospital Pereyra Rossell, en el que permaneció por un período de tres meses.
La recuperación de la niña fue en los comienzos lenta, y se vio especialmente complicada cuando se combatía la infección con antibióticos.
Justamente, LA REPUBLICA pudo compartir con sus padres la tarde en que los médicos daban las primeras señales esperanzadoras, oportunidad en la que su madre, Ana Lafuente, destacaba que en la mano derecha había tenido escasas lesiones y que pronto se pondría a escribir.
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