TIENE LA PALABRA

El concepto humano y cristiano de Mujica

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Lamentablemente debo recurrir a usted para tocar un tema en el cual nunca hubiera ingresado, tomo la decisión porque me obliga el compromiso contraído en la lucha que sostengo desde hace mucho tiempo por los sectores más desposeídos.

Es en carácter personal y nada tiene que ver con la Fundación Winners de la cual solo soy únicamente un contribuyente, junto a mi hijo, muchos amigos y algunos empresarios del sector público y privado.

El domingo 31 de mayo del corriente veo una editorial en el diario El País, titulado o referido a «Los muros de Mujica».

Antes de llegar al punto debo decir que con el diario El País me crié, admirando el talento y altura humana y periodística del Doctor Washington Beltrán, crecí con el Negro y Diego, a quienes también admiro, fueron solidarios como los Scheck con el proyecto de la Fundación Winners, y yo, fundamentalmente, soy un hombre agradecido y con devoción cultivo las amistades de la infancia.

No puedo olvidar las mañanas en que jugamos al tenis, inclusive hasta con el doctor Lacalle y aunque la vida me había ido conduciendo por otros caminos que me convocaron a otros aprendizajes, siempre lo hice con respeto y afecto.

El mencionado artículo, señala que el discurso de Mujica crea muros y división entre los barrios de Carrasco y Pocitos y nuestras barriadas humildes y del margen.

Y yo Juan Pedro Ribas que no logré que Mujica concurriera a mi Radio (aunque sí lo entrevisté cuando era diputado, en CX 30 Radio Nacional) debo decir que no es tan así o por lo menos que esa es una visión parcial de un problema que en su profundidad tiene otra forma.

Digo, que algunos ricos, no todos, sí algunos, que pueden ser considerados conductores de opinión han levantado muros con rejas, con vigilantes, con armas y también inmensas murallas espirituales signados por la indiferencia e irrespeto por los más desposeídos.

Lo puedo decir con propiedad porque lo he vivido en carne propia, luego de épicas batallas dialécticas por un kilo de papas o de arroz, por un sms de $ 5 o las pocas contestaciones a veinte cartas desesperadas.

No hay Proyecto Charruitas ni Revés a las Drogas que valga.

Creo que puedo hablar con tranquilidad de conciencia porque no soy político, soy simplemente un trabajador social y aunque muy arriba no estuve abandoné por voluntad propia y sin rencores una clase social que está más bien en la vereda de enfrente a Mujica, quien no creo ni siquiera me ubique y tampoco creo que goce de su mayor simpatía.

Por lo tanto, no me mueven consignas ni odios ni la calidad de meterete, ya que en veinte años nada dije.

Simplemente creo que las víctimas son los que padecen frío y hambre y que Mujica al estar de su lado reivindica un concepto humano y cristiano de la vida y si en su desesperación por los que sufren (afirmó que ha conocido un nuevo Frente de los dientes podridos y los viejos de las caras curtidas) si Mujica digo, incurriera en alguna equivocación, los ricos desde su confort y educación privilegiada deberían escuchar todas las cosas ciertas que dice y en base a mucha grandeza de espíritu hacer gala de comprensión y buena voluntad. Y no deberían levantarse en nombre de Mujica más muros que ahonden las diferencias y la profundicen aun entre los propios humildes de los barrios sencillos que tuvieran otra opción y se vieran enfrentados entre sí.

No hace a la pacificación y a la convivencia llevar inquietud a los corazones recorriendo un camino que se critica.

Yo mismo, y no Mujica, sentí en muchas oportunidades la necesidad de ir con los hambrientos y desarrapados de nuestros barrios a sentarnos en el cordón de la vereda frente a las mansiones y centros de estudios de los barrios privilegiados, hablar con los niños y jóvenes que por esa condición mantienen la pureza del alma para que intercedan ante sus padres cuando estos se comporten como empresarios inclementes.

Nadie mejor que los propios niños y jóvenes les digan a los mayores que deben mirar con solidaridad y respeto a sus hermanos de la vida, que por otra parte siguen siendo los pobres humildes y desamparados que siguieron a Artigas hace más de ciento cincuenta años.

JUAN PEDRO RIBAS C.I. 1.222.827-8

 

Viví una pesadilla en el aeropuerto de Madrid

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Dada la situación de la que he sido víctima en España, me lleva a publicar lo vivido con el objetivo de que la gente no ignore lo que sucede en aquella tierra donde suelen llamarse demócratas.

Siendo el día 11/5/09 a las 14.15 hs. partí en el vuelo con escala en San Pablo, para luego continuar a Madrid, adonde llegué a las 11.15 hs. del día 12/5/09.

Durante el trayecto en mi mente sólo albergaba la idea de encontrarme con mis amigos, que hace 4 años no veo. Este viaje lo hice gozando de la licencia reglamentaria anual, ya que me reintegraba el 16 de junio y había elegido mi regreso para el 8 de junio, y así tomarme un tiempo al comienzo de mis tareas.

Llegamos a Madrid y comencé a hacer la cola para inmigraciones, me atiende un funcionario, toma mi pasaporte, verifica la estadía en un hotel (Beds) en Lanzarote y además constata mi pasaje de vuelo por estadía de 1 mes (ida y vuelta).

Con muy malos modos me pide que me retire y que espere lejos de allí; constaté que habían más personas en mi situación y ahí comienza mi odisea. Me conducen a un cuarto despojándome de mi abrigo, de todas mis pertenencias personales que se encontraban en mi bolso de mano. Me obligaron, siempre de malos modos, el control del dinero que llevaba (1.000 euros) por tres veces hicieron que lo controlara; en forma insidiosa en todos los procederes haciéndome sentir más que una delincuente. Mis amigos de España se comunicaron con la Cónsul en España y habló conmigo vía Antel explicándome que «si el señor de Inmigraciones no permitía la entrada ella no podía hacer nada».

Pasaron las horas, sentí frío, dolor en el alma, e impotencia al ser trasladada a un salón en donde se encontraban unas cuarenta personas en igual situación: chilenos, brasileros, porteños, bolivianos, argentinos provincianos, uruguayos. Me explicaban que detrás de unas puertas, por supuesto controlados con cámaras (ojos) estaban los calabozos en donde había gente detenida. Transcurrían las horas y mi ser ya no respondía de mí; tenía mucha sed; solicité hacer mis necesidades fisiológicas y me contestaron que no era permitido pasar la puerta. ¡Al fin!, a las 21 horas se aproxima una oficial quien me comunica que regreso a San Pablo a la hora 22.50 y luego a Montevideo; por supuesto mis documentos me hice de ellos acá en el aeropuerto por Interpol.

Fuimos conducidos al vuelo con un oficial y recibidos por un oficial. Quizás queden datos de los cuales en estos momentos no vienen a mi mente. Pido disculpas a los lectores.

Pero me pregunto. Juro por mis hijos, lo más sagrado que tengo en la vida, «iba a pasear», «iba de turista», reuniendo dinero con mucho sacrificio. ¿Qué se creen los españoles? Si bien es cierto que se han ido muchos a buscar trabajo allí, pero eso no quita el trato tan brutal, atacando psicológicamente a las personas, cosa que es peor que el maltrato físico. ¡Por Dios! Señores lectores si alguna de ustedes tiene la oportunidad que eso sea divulgado aún más, quedaré muy agradecida.

UNA URUGUAYA LAMENTABLEMENTE,  HIJA DE LA MADRE PATRIA

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