TIENE LA PALABRA
Recuerdos de un viajo fraybentino
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Cuando yo sumaba un par de años, Fray Bentos andaba por los 80.
De ahí en más, entre abriles y setiembres, seguimos contando juntos, siempre que la vida y los hombres lo permitieron. Alguna vez, no se pudo, como verán luego.
Cuando empecé a tomar conocimiento, Fray Bentos transitaba sin apuros su derrotero pueblerino. Por sus calles entoscadas, de cunetas a ambos lados y alcantarillas esquineras, correteábamos los gurises tras «el aro», o jugábamos «a la cabeceada» con la clásica pelota de trapo, lado a lado de la calle y con los paraísos oficiando de arcos. El trompo, la cometa y … si había una Nº 5, ¡qué lujo!
Eran los tiempos de «Venaco», el yuyero-pescador, el del lunes que nunca llega, de «Picuruya», changador con carretilla y un ojo ausente, de «Sampotesto» Y «Puricas», compitiendo con pasión en los concursos de feos que organizaba «La Taberna» en la esquina de 25 de Mayo y Lavalleja, donde además veíamos cine gratis, cuando llegaba la clásica furgoneta de Geniol y su cabezudo.
Todos estos eventos, eran anunciados por Puricas, un negro retinto, avanzado publicista callejero que, a través de una corneta de megáfono daba a conocer a los pobladores los últimos acontecimientos y espectáculos a realizarse. Para que se tenga una idea, sus anuncios eran de esta laya: «Atención, atención: esta noche, en «La Taberna», gran actuación de Catango Azul y su bandoneón. Atención la muchachada; hay dos nuevas en «La Escalera» (prostíbulo), anuncio que fuera copiado años más tarde por el director de CW 52, Radio Litoral, primera emisora radial fraybentina.
Tiempos de grifo en la esquina, donde íbamos con los baldes a buscar agua y donde llenaban el tanque los aguateros, para vender. Tiempos de vendedores callejeros, tanto verduleros, carniceros, boyeros, diarieros, maniceros, pescadores, etc. Vida sencilla de vecinos laburantes. Obreros del Anglo, del Puerto, barracas, construcción, municipales, del comercio, etc., etc.
Trabajo había. Además, en estancias y chacras de los alrededores, siempre hacían falta peones. Aradas, siembras, cosechas, esquilas… no faltaba donde ganar el sustento, con el sudor de la frente (y otras partes).
Claro que vivíamos carentes de TV, PC, Play Station, DVD, MP3, 4 o 5, no había cibers. Nuestras diversiones eran, el cine, radio novelas, fútbol y bailes (por supuesto), las revistas que nos enganchaban con sus capítulos semanales…
Al llegar a mozo, si es que pedías la mano a los padres de la novia, tenías que empezar por comprar el terrenito donde levantar al menos una pieza.
El que trabajaba, podía, con mayor o menor esfuerzo. Además, los viejos daban una mano.
Era más fácil pues, no vivíamos urgidos por el afán consumista de hoy día.
Por aquellos años, como los europeos vivían de guerra en guerra, Fray Bentos era la «cocina del mundo» y se exportaba hasta el mugido de las vacas, además de cereales, oleaginosos y cuanta cosa sirviera de alimento. Claro que, como no hay mal que dure cien años, ni dicha eterna, para suerte de ellos y desgracia nuestra, un día se terminó la «2ª guerra mundial (europea) y poco a poco fueron restaurando su economía.
Industrias, agricultura y ganadería donde era posible, todo lo cual incidió en nuestras exportaciones el grado tal que, en el año 1959, cuando Fray Bentos celebraba un siglo de vida, junto con las inundaciones más grandes de nuestra historia y el triple campeonato de la Selección de Río Negro (Febrero – del Litoral; Marzo – del Interior; y Junio – Internacional en San Isidro de Curuguaty-Paraguay), comenzábamos a importar «excedentes agrícolas» norteamericanos.
De ahí en más, nos precipitamos por el declive: cierre de fábricas, desocupación, despidos masivos, paros, huelgas, represión sindical, «Medidas Prontas de Seguridad», como norma, derechos coartados y como corolario, 11 años de dictadura cívico-militar, con su secuela de millares de militantes políticos y sindicales encarcelados, torturados, muertos, desaparecidos, exiliados.
Estas fueron algunas de las causas por las cuales no siempre pudimos seguir contando juntos, Fray Bentos y yo.
Y bueno, felizmente, soy de los que pueden contar el cuento.
Los años pasan. Hoy nuestra ciudad es más moderna y floreciente. Grandes supermercados, una mega fábrica de celulosa, motos, autos y la mar en coche. Lamentablemente, la tecnología ha desplazado la mano de obra y nuestros jóvenes emigran por miles, en procura de trabajo en otras tierras o engrosan las filas de desocupados desesperanzados que transitan por las calles fraybentinas.
Por eso es que, desde mis 70 primaveras digo: ¡No es verdad que todo tiempo pasado fuera mejor pero, que linda nuestra juventud, de trabajo asegurado, panza llena y, sencillas diversiones!
EVANGELIO NUÑEZ – C.I. 4.113.499-7
Las paternidades del presidente Lugo
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Nuestra asociación, que tiene entre sus cometidos la defensa de los niños y de la paternidad, denuncia la deshonestidad de este hombre que hoy dirige los destinos de Paraguay. En efecto, dejando de lado el anacronismo del sacerdote y obispo Lugo que va contra lo que su Iglesia Católica y él mismo proclamaba, la castidad como virtud, y, quien luego de seducir mantiene relaciones sexuales no protegidas con condón con jóvenes mujeres a quienes manipula y embaraza. Lo del preservativo así como la no interrupción de embarazo son doctrina de la madre iglesia aun ante los millones de casos de sida de Africa en eso el cura Lugo está en consonancia con su jefe espiritual el Papa. También podríamos hacer referencia a los numerosos casos de pedofilia cometidos por sacerdotes en todo el mundo y en particular en los Estados Unidos.
Este varón no asume sus paternidades y solamente cuando las madres deciden presentarse ante la Justicia y sobre todo por la investidura nada menos de Presidente de una República se ve obligado a admitirlas.
Este tipo de personajes son los que desmedran la condición masculina, forman parte de un arcaico machismo y por consecuencia tiene nuestra condena más vehemente, su falta de ética debería conducirlo a renunciar a tal alta magistratura.
Las asociaciones de padres en Latinoamérica y el mundo estamos en las antípodas de estos padres abandónicos y de estos varones irresponsables.
LUIS A. FRANCO – [email protected]
Cuando el dolor nos llega a todos
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Desde hace varios días quiero expresar mi dolor, de mujer. de madre y de compatriota por Blanquita y por su afligida familia, por lo que han hecho a su niña. Pero hoy al escuchar las declaraciones de la doctora María Julia Muñoz sobre qué pensaba, ella y su contestación fue vaga: «Hay fatalidades, bacterias muy fuertes, etc., etc.» Como si todos los días ocurriesen casos de esta magnitud y si es que los hay quisiéramos saberlo, no que los oculten y que no mencionen siquiera el nombre de la médica que cometió semejante error garrafal.
Yo pienso y lo digo, todos nos equivocamos, pero los médicos son los que tienen menos derecho a equivocarse, porque tienen las vidas de personas en sus manos y diagnostican con una mirada superficial sobre sus enfermos, este se puede salvar, este es mejor que se muera… y entierran sus errores. Yo lo digo y lo sé porque sufrí en carne propia este martirio y si no los hubiera parado en seco, mi hijo mayor hace ahora 4 años, hubiesen utilizado «su programa para que la familia no sufra» que es el tan conocido «cóctel». Pero no es de mí que tengo que hablar sino de esta familia humilde, que no fue atendida como merecemos todos los uruguayos. ¿Por qué? No lo sé. ¿La niña estaba sucia, o la doctora tenía a
lgún compromiso ineludible? No sé, no sé. Lo que sí se es que esta doctora tendría que ser separada de su cargo hasta que fuera determinada su responsabilidad. Si hubiera sido un hijo suyo, si es que lo tiene, ¿qué habría hecho ella? Yo pido que esta nota sea publicada y también les digo a todas las personas que no tengan miedo de pedirle a los médicos explicaciones de todo lo que hacen, qué estudios piden y por qué y especialmente los medicamentos que administran. Nada más. Sólo que esta desgracia que nos toca a todos no se repita nunca más.
NORAH – C.I. 820.381-6
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