"Sólo ahora tocan con lo que no tienen"
El maestro Federico García Vigil se acerca ante la mirada concentrada de 120 niños y adolescentes. «Vamos a hacer el saludo final», anuncia, y no vuela una mosca.
La música comienza a sonar, vibrante. El maestro los guía con naturalidad, y sólo hay lugar para mínimas precisiones que uno presume, más bien, actos de motivación dirigidas a los jóvenes sentados en primera fila, los que ejecutan solos que ponen la piel de gallina.
Suenan como profesionales y, según el maestro Ariel Britos, fundador de la Orquesta Sinfónica Juvenil José Artigas, y el propio García Vigil, actúan como tales. En pocos minutos revivirán un programa de obras inmortales en presencia del Presidente de la República (en la presentación del Programa para la Formación del Futbolista Juvenil) y, aunque la emoción se siente en el aire, no hay un solo instante para la desconcentración.
«Es una orquesta increíble, con un nivel de entrega superior al de muchas profesionales», dice minutos después un García Vigil que desborda entusiasmo, ya en su camarín. Mientras tanto, con la camiseta de Uruguay puesta, 120 niños y jóvenes saldrán al ruedo del Solís. Para algunos será la primera vez, pero no parece pesarles.
Tocar con libertad
La Orquesta Juvenil José Artigas surgió, junto a la Fundación Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles del Uruguay, en 1996. Desde entonces ha sumado diversos proyectos preinfantiles, infantiles y juveniles. Los adolescentes más talentosos llegan a la José Artigas, y a partir de allí para varios de ellos se abrirá una carrera profesional. Aun así, el objetivo de la fundación «no es formar músicos, sino ciudadanos», dijo el maestro Ariel Britos. «De acá no van a salir todos profesionales, pero sí personas sensibles, que van a querer que sus hijos se eduquen y van a saber trabajar en equipo».
Para el concierto en el Teatro Solís se unió a la Orquesta José Artigas una selección de las que agrupan a niños más pequeños. «Este es el tipo de evento que cambia la vida de los muchachos. Acá no sólo se definen como músicos, sino que entienden la importancia del trabajo duro. Estos niños son un símbolo de nuestra meta, que es expandirnos hacia el interior del país», dijo Britos. El objetivo no se ha cumplido, básicamente, porque la fundación no cobra cuota fija (recibe aportes sólo de los niños que pueden costearlos) y no cuenta con ningún tipo de ayuda estatal.
La consigna llevó a que Federico García Vigil no dudara en preparar a este grupo para esta gala durante cerca de un mes. «Esta tiene que ser la orquesta de los uruguayos», dijo, con la convicción viva en los ojos. No era la primera vez que el maestro trabajaba con niños. Lo hizo ya en los años 80, en Venezuela. La receta para ser tan querido y respetado por los chicos («García Vigil es excelente», sostuvo Miguel Cardozo, un violinista de 18 años; Lucía, de 12, agregó: «Y es buenísimo con nosotros») es «un poco de capacidad pedagógica y saber divertirse con ellos».
Para el destacado director, los niños tienen «frescura, ganas de tocar y libertad», algo que, en su opinión, se pierde después de los 20 años. «Entonces tocan perfecto, pero no tienen esto». Ese «esto» al que se refiere es «la risa, el ímpetu para lograr un juego hermoso y sano», porque «sólo a esta edad tocan con todo lo que tienen».
«Fijate relata: me he sentido muy libre y muy emocionado, porque acá hay niños de todas las edades y todos los niveles. Algunos tocan realmente muy bien, otros tocan bien y otros recién tocan. Pero todos van a poder decir hoy: ‘estoy en el Solís, con García Vigil. Estoy’.
Así empiezan a creer en ellos y se separan del hastío, la publicidad de cuarta, la droga. Hacen el ejercicio de vivir en sociedad, de no sentirse marginados. Acá vale tanto el que va al Elbio como el del kilómetro 16, porque el que toca, toca».
García Vigil se prepara para salir a escena. Mientras, tras las bambalinas del Solís, 120 niños y adolescentes afinan sus instrumentos, con la camiseta de Uruguay puesta. Parecen a punto de salir a un estadio para comerse la cancha.
«Hoy tenemos a las divisiones inferiores de nuestro país», termina García Vigil, antes de llegar al escenario para dirigir el Himno Nacional, que abrirá el juego.
«Están los muchachos del fútbol y también los de la música. Nunca mejor dicho: sean los orientales tan ilustrados como valientes».
Compartí tu opinión con toda la comunidad