Abril de 1959. A 50 años del peor cataclismo de la historia

Se cumple hoy medio siglo de la evacuación de Paso de los Toros

Apenas un mes después de haber asumido el Partido Nacional la condución del gobierno, rompiendo casi un siglo de hegemonía colorada, las lluvias que empezaron a caer cada vez con más intensidad fueron ensombreciendo el panorama de optimismo de la población, que había apostado a un cambio de rumbo político y a una mejora de la situación económica.

«Al mal tiempo, buena cara» fue un refrán que ya a mediados de abril dejó de tener vigencia para los uruguayos, que veían con alarma cómo empezaban a escasear los alimentos y a subir de forma exorbitante los precios de la canasta básica, mientras el novel ministro de Hacienda, contador Luis Eduardo Azzini, preparaba su paquete de medidas entre las que destacan la Reforma Cambiaria y Monetaria, el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas y los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional.

Agio y especulación preocupaban al gobierno, y muy especialmente al insobornable ministro de Industria y Trabajo, Enrique Erro, dispuesto a llevar adelante una guerra sin cuartel contra los acaparadores.

Para colmo de males, el 8 de abril dejaba de existir el veterano caudillo blanco Luis Alberto de Herrera, en medio de rumores de desavenencias y desencuentros entre el Nacionalismo y el Ruralismo, cuya alianza electoral había permitido derrotar al Partido Colorado en las elecciones de noviembre del año anterior.

Ese mismo día de la muerte del doctor Luis Alberto de Herrera, las mediciones pluviométricas revelaban registros históricos en todo el país en general y particularmente en ciertas zonas aledañas al curso de ríos y arroyos. El dicho «siempre que llovió, paró» no se cumplía, llevando desazón al más optimista.

Pero mientras en la capital los montevideanos se quejaban del mal tiempo sin padecer sino pequeñas incomodidades, en varias localidades del Interior la situación se tornaba cada día más dramática. Especialmente la zona de Paso de los Toros, a orillas del río Negro, pocos kilómetros aguas abajo de Rincón del Bonete, en el departamento de Tacuarembó.

Durante aquel funesto mes de abril, las precipitaciones superaron el registro de lo que llueve en seis meses: en Tacuarembó Chico, por ejemplo, cayeron 1.200 milímetros. El día 15 cayeron 200 mm, y ante la gravedad de la situación, el Consejo Nacional de Gobierno, presidido por el doctor Martín Recaredo Etchegoyen, decretó Medidas Prontas de Seguridad, encomendando al Ejército Nacional el control de la situación.

Las predicciones meteorológicas anunciaban más lluvias para el día 17, lo que llevó a las autoridades a declarar zona de emergencia y decretar la evacuación del poblado, que se llevó a cabo el día 18. Bajo el mando de los generales Antonio Magnani y Líber Seregni, la operación de evacuación y realojo de los refugiados isabelinos se cumplió en perfecto orden, mientras 34 oficiales y 60 hombres de tropa construían una barricada/trinchera con bolsas de arpillera rellenas de arena para contener el avance de las aguas.

Se actuó a tiempo, pues el día 21, después de que el Ejército dinamitó un terraplén próximo a la represa, las aguas del río Negro la desbordaron, inundaron la sala de máquinas y anegaron la ciudad de Paso de los Toros.

La energía eléctrica quedó reducida a la generada por la Central Batlle, por lo cual UTE dispuso severas restricciones al consumo. Fue el comienzo de un largo invierno de apagones anunciados o no, y fue entonces que empezaron los cambios de horario para ahorrar energía, mientras la venta de faroles a queroseno aumentaba de forma exponencial. También tuvo mucho éxito un implemento que servía para adaptar una mantilla al primus, por entonces la cocinilla más popular y de uso más extendido entre toda la población. En aquellos tiempos no había gas en garrafas, y las cocinas podían ser de gas de cañería o de queroseno, como las famosas Volcán.

A fines de abril se creó el Comité Nacional de Ayuda a los Damnificados, bajo la presidencia de Oscar Gestido. La población no afectada por las inundaciones respondió inmediatamente a los llamados a la solidaridad; la Cruz Roja Uruguaya se ocupó de recibir y distribuir posteriormente todas las donaciones consistentes en ropa de abrigo y comestibles fundamentalmente. El país recibió también ayuda del exterior, en dinero, abrigo y alimentos.

Coincidió que por aquellos tiempos el líder revolucionario cubano, el joven doctor/comandante Fidel Castro, realizó una breve visita a Uruguay. En esa oportunidad, sobrevoló la zona de desastre en compañía del general Seregni, y antes de partir realizó una donación en efectivo de 200 mil dólares tomados del Fondo para la Reforma Agraria en Cuba.

Muchos años después, el general Líber Seregni confesaría que aquella actividad resultó su vivencia más impactante en el desarrollo de su carrera militar y que se trató de una tarea cuya ejecución lo llenó de orgullo profesional.

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