"Después del fútbol, la jineteada es lo que lleva más gente"
Entrevistado por LA REPUBLICA al término de su desempeño, Márquez recordó sus comienzos «junto a Miguel Angel Olivera», así como con Olivio Correa y con el «Vasco» Urchipía. «Este año se sumó el ‘floreador’, una novedad para el Prado, que pone un colorido muy especial a nuestro trabajo», comentó.
Radicado desde hace 17 años en Tacuarembó, dice que «de allí salimos a recorrer los caminos permanentemente, haciendo de este arte el oficio nuestro, nuestro trabajo, conociendo y ampliando la familia americana y paisana, porque con ese grupo nos andamos encontrando, dentro y fuera del Uruguay».
«Conocemos la paisanada de todos los pagos», comenta, y añade que es posible que algún jinete esté viviendo en otro departamento y que aparezca anunciado con un origen que no le corresponde. «Pero nosotros», precisa, «sabemos que es nativo de tal departamento y dé que pago; tratamos de que la jineteada se vaya acercando al profesionalismo, porque hemos visto que después del fútbol es el espectáculo que más convocatoria tiene en el público».
Consultado sobre cómo hace vibrar cada incidencia, destaca que «es nuestro trabajo, nuestra profesión y en cierta medida un deber, y lo hacemos con mucho gusto. Esto aflora de manera natural de la mano de las emociones que cada jinete nos brinda en el campo. Tratamos de trasmitir esa emoción y cuando ellos triunfan, triunfamos nosotros, y cuando ellos se golpean, nosotros también sufrimos».
«También es cierto que tenemos que agradecerle a ustedes, la prensa, que se arrima e este tipo de manifestaciones para darle difusión».
Cuando se le habló de la proliferación de celebraciones tradicionales, por todo el territorio, Márquez opinó que «es que se han ido realizando festivales en serio. Ni qué hablar de la Criolla del Prado, que tiene su trayectoria, y es el más viejo escenario de jineteadas, siempre enfocado al pueblo. Los demás ruedos han ido copiando y encarando con seriedad un espectáculo que es muy caro: jinetes, traslado de tropillas a grandes distancias, es todo un gran desafío».
«Además de relatores somos payadores también», añadió, de manera que «en invierno, cuando cesa un poco esto de las jineteadas, andamos recorriendo escenarios del canto».
Y de la experiencia «a lomo de bagual», también «tuvimos nuestro pasaje, pero no fue muy largo: nacimos y crecimos en este ambiente, practicamos el deporte de las jineteadas algún tiempo y después ocupamos este otro trabajo que nos dio más resultado, por lo menos no nos golpeamos tanto».
«He sido siempre trabajador rural; como profesión, la animación de jineteadas, canto criollo y payada, nos han hecho sobrevivir un montón de años».
Y cuando se le pregunta acerca de las condiciones para abrirse camino en ese ambiente, señala «el apoyo de la familia y de los paisanos», del mismo modo que los medios «que se arriman con la inquietud de rescatar nuestra palabra, nuestra idea». Además «hay que tener suerte y condiciones para andar en el camino. No es sólo tener buena voz, en esto hay ganadas y perdidas; a veces uno se traslada una gran cantidad de kilómetros a un festival, llueve o surge cualquier inconveniente, hay una mala concurrencia y por ahí uno vuelve solo, con la plata para el pasaje».
Por ahora, «el 25 y 26 de abril estamos en los 25 años de la Agrupación Tradicionalista de Rivera; el 1º de mayo en Artigas, el 8 en el teatro General Urquiza de Paraná (Entre Ríos), el 20 en un festival a beneficio del hospital de Guichón, también en Buenos Aires y en Concepción del Uruguay».
Contra las jineteadas
Mientras tanto el sábado, al caer la tarde, un grupo de manifestantes se ubicó a la entrada de la Rural del Prado para expresar su protesta contra la realización de esas pruebas. Algunos de los integrantes del grupo dijeron militar en organizaciones defensoras de los derechos de los animales.
Desplegaron carteles y pancartas y entregaron folletos a los concurrentes. Dijeron a LA REPUBLICA de su absoluto rechazo a las jineteadas porque se trata de «un espectáculo sádico, donde de forma agresiva se intenta domar a un animal, literalmente mediante tortura».
El animal «aturdido, asustado y dolorido por los golpes y objetos punzantes con los que permanentemente lo pinchas, porque igual que nosotros también sienten miedo y dolor, el caballo sale desaforado».
«Lo que para algunos es diversión, casi siempre acaba con un caballo herido, el cual a los días tiene que repetir la tortura, para que luego de que acabe la ‘fiesta’ sea matado».
«Los caballos no eligen ser parte de las jineteadas. No necesitan ser criados para tal demostración de abuso y cobardía. Se debe recordar que todos somos animales. A ningún animal le gusta que le pongan peso sobre sí, ni que le hagan daño y naturalmente busca su libertad y bienestar. Se puede hacer la diferencia diciendo no a la violencia».
Compartí tu opinión con toda la comunidad