Amor exigente. Trabajo desde el comportamiento y no de las emociones

Pasos para enfrentar la adicción

Amor-exigente está concebido como grupo de autoayuda para padres de hijos consumidores de drogas, trabaja con la acción, y busca que los familiares del adicto recapaciten sobre sus conductas, recompongan los valores.

Se estructura como asociación civil sin fines de lucro que trabaja con educadores y familiares de adictos, en rehabilitación o no, involucrados en distintas adicciones, que van desde la droga hasta el juego.

El programa se lleva adelante con mucho éxito en Brasil, y se desarrolla en nuestro país desde hace ocho años.

«Nosotros no trabajamos con las emociones, si bien es lo que invade en este tipo de situaciones, sino con los comportamientos», explicó a LA REPUBLICA Doris Zerpa, responsable de llevar adelante el programa junto a su marido Eduardo Modernell.

Amor y exigencia, como el nombre indica, son los tópicos que orientan la actividad de los grupos de trabajo. «El objetivo es cómo hacemos nosotros para vivir con un adicto y cómo vamos estableciendo límites para que ese adicto en algún momento pida ayuda y pueda salir. Generamos herramientas para poder convivir con él sin enfermarse, lo que generalmente ocurre con la familia», y señaló que lo importante no es medir el éxito que tienen los familiares con sus hijos, «sino fortalecerlos».

La estrategia está concebida para hacer frente a una realidad que, según la última Encuesta de Consumo de Hogares realizada en nuestro país, muestra que el alcohol es la droga social más consumida.

Asimismo unas 28.000 personas presentaban signos de dependencia a la marihuana y 30% de consumidores de cocaína, manifestaban signos de dependencia. Ese mismo estudio reveló que los consumidores de pasta base son los menos, pero expuestos a una sustancia de altísimo impacto: 57% de quienes habían consumido pasta base en los últimos 12 meses, presentaban algún signo de dependencia.

Los indicadores dan cuenta de una realidad que no sólo afecta a los consumidores, sino que toca muy de cerca a sus familias e involucra a toda la sociedad. La negación, y muchas veces el desconocimiento, invaden el núcleo familiar. Pero una vez que las personas asumen la existencia del problema, buscan ayuda profesional. Doris y Eduardo, desde su propia experiencia, buscaron formarse e interiorizarse en prevención y desarrollo. Tras muchos años de trabajo llegaron a la conclusión de que «el ejemplo no es la mejor forma de llegar al otro, es el lenguaje».

Es que las personas tienden a pedir ayuda para salir del círculo vicioso, pero «la mejor manera de ayudar a los adictos es cambiar el comportamiento, el léxico y la actitud. Si el familiar reconoce la enfermedad y sabe poner límites, el adicto tiene menos posibilidades de manipularlo».

De esta manera, «cuando una persona nos pregunta «¿cómo puedo sacar a mi hijo de la adicción», nosotros tratamos de que entienda que no es sacar al hijo, sino cambiar su propio comportamiento, lo otro vendrá por añadidura», reflexionó Doris.

El trabajo se hace en grupos, una vez por semana, para desarrollar un programa de doce principios básicos. Los primeros seis meses son para el autoconocimiento de la persona que asiste al grupo e, inmediatamente después, se ingresa a evaluar la toma de decisiones.

Se estima que, de cada diez personas que se acercan a los grupos, cuatro permanecen, otros cuatro dejan de ir y dos vienen y van. Las jornadas de trabajo se cumplen una vez por semana, en grupos heterogéneos y gratuitos. La financiación es voluntaria, ya que la asociación trabaja en distintos departamentos y no tiene locales propios, además cuenta con línea telefónica para emergencias y comunicación permanente vía mail.

Por información: www.amorexigenteuruguay.com.

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