Recorrida por el Cielo y por la Tierra
El Planetario Municipal «Agrimensor Germán Barbato» y el Zoológico de Villa Dolores, presentaron en la víspera «Sobre Bichos y Estrellas», una actividad coproducida por ambas instituciones que se realiza pocas veces al año.
El espectáculo pudo ser presenciado en la noche del viernes por grandes y chicos. Recién en primavera (setiembre) se realizará el próximo evento.
No cabía ni un alma
En camino a Villa Dolores el periodista preguntó al fotógrafo: «¿Quién puede llegar a ir al zoológico de noche?». Pero la duda se hizo añicos apenas llegamos a la puerta del Planetario. Una cola enorme llegaba hasta le entrada. Mayoría eran familias con hijos, pero también se podían divisar a muchos jóvenes, algunos solos, otros en pareja.
La entrada era gratuita. Una vez adentro de la Sala Galileo Galilei, que lleva el nombre del astrónomo italiano, a 400 años de sus primeras observaciones y en el año internacional de la astronomía, los presentes recibieron en tan sólo 20 minutos una lección de astronomía, interesante, amena y muy bien recibida por el auditorio.
En la cúpula del instrumento planetario, uno de los más antiguos del mundo en funcionamiento y el primero de toda Latinoamérica, proyectó entre 15 y 20 constelaciones cuyos nombres se corresponden con nombres de animales.
Cygnus (cisne), Lepus (liebre), Leo (León), Taurus (Toro) Scorpiu (Escorpión), Ursa major (Osa menor), fueron sólo algunas de las constelaciones que integraron esa demostración y que extasiaron a los presentes.
Unico y mágico
Tras el mundo mágico de galaxias y estrellas, el público pasó a realizar un paseo por la zona del zoológico, en un horario atípico.
Guiados nada menos que por Don Alejo Rossell y Rius y Doña Dolores Pereira de Rossell, entre penumbras se realizó una recorrida, cuya primera novedad consistió en el recibimiento de los dueños de casa. Alejo y Dolores fueron, en efecto, quienes a fines del siglo XIX y motivados por su interés en la naturaleza, formaron una variada colección de animales que llevó a que su finca se convirtiera en un zoológico municipal el 14 de marzo de 1919.
Entre las jaulas y en el medio de las «callecitas» que formaban las luces que fueron colocadas en bolsas de papel, otros actores, caracterizados como animales, pusieron brillo y color a la noche. Una lobo-humano, a metros de la jaula de los hipopótamos, aulló fuerte y causó sorpresa, risa en mayores y llanto en algunos infantes.
También había un violinista y un saxofonista, en una verdadera fiesta del universo mágico que recién volverá en los primeros días de la próxima primavera.
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