TIENE LA PALABRA
Don Héctor Grauert
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
De indudable inteligencia y profunda vocación de servicio para con el país, la notable figura de don Héctor Grauert se proyecta en esta jornada, al cumplirse dieciocho años de su fallecimiento.
Fue un destacado periodista, un gran abogado y profesor de Derecho Constitucional.
Desarrolló una intensa y extensa actividad política demostrando a lo largo de su encumbrada actividad una capacidad de trabajo asombrosa y profunda vocación de servicio para con su país.
Era don Héctor Grauert un hombre de verbo y acción, consustanciado de la más prístina concepción batllista la que le valió el respeto dentro y fuera de su partido.
Resultó electo en dos períodos diputado por Montevideo y electo cinco veces senador ocupando la titularidad de seis ministerios, durante los gobiernos de Martínez Trueba y Batlle Berres.
Grauert además fue miembro del Directorio del Banco de Seguros del Estado y miembro del Colegiado, como presidente de la Asamblea General le tomó juramento a los presidentes Oscar Gestido y Jorge Pacheco Areco.
Héctor Grauert impulsó obras públicas que son motivo de orgullo para los uruguayos como cuando inauguró la Represa de Canelón Chico, colocó la piedra fundamental de la Planta de Cemento y Portland de Ancap, inauguró el Espinillar de Ancap, proyectó, presidió a inauguró la Primera Exposición Nacional de la Producción Uruguaya, hizo construir y también inauguró el estadio cerrado que como corresponde lleva su nombre «Cilindro Municipal Doctor Héctor Grauert». También llevó adelante la concreción del anfiteatro para carnaval, para la exposición anteriormente mencionada, que posteriormente fue trasladado al Parque Rodó.
Como si fuera poco a favor de la cultura desde el Senado redactó un proyecto de Ley exonerando del pago de impuestos a la Comedia Nacional, en las actuaciones que realice en el interior del país.
Desde su segunda presidencia en la Junta Departamental de Montevideo Grauert proyectó la concreción del moderno edificio sede del deliberativo departamental.
Si sus obras fueron trascendentes también lo fue su acción política, porque era capaz de no aceptar los ofrecimientos de embajador en París, Portugal o Buenos Aires con tal de hacer lo que sentía, que era quedarse en el Uruguay a defender las instituciones en los momentos más duros, previos al golpe de Estado.
En otra oportunidad, con la vuelta a la democracia en 1984, cuando se conformaban las listas para las elecciones, los doctores Sanguinetti, Tarigo y Batlle le ofrecieron a Grauert encabezar el Senado por el Batllismo Unido y don Héctor se dio el lujo de no aceptar, optando por retirarse a la antigua, trabajando en forma honoraria como edil. Ese era un grande que sabía hacer política con mayúsculas.
Grauert fue el penúltimo senador en manifestarse contrario al golpe de Estado del 27 de junio de 1973. En aquella oscura noche tengo presente la imagen de su querido hijo Héctor Grauert Llopart, con una tristeza tremenda en el rostro, pero ahí estaba, custodiando y apoyando a su padre en tan difícil momento.
Años más tarde al visitar al ilustre senador socialista Reinaldo Gargano en su despacho tuve la agradable sorpresa de ver una foto en la cual aparecía mi querido amigo Héctor y emocionarme con unas anécdotas contadas por el propio senador.
El hijo de don Héctor fue destituido y proscrito, tenía un gran carisma pero lamentablemente falleció de cáncer, muy joven, y ese fue el golpe más duro que tuvo que afrontar don Héctor Grauert.
Al igual que en 1933, cuando se produjo el golpe de Estado de Terra, ahí estaba el doctor Julio César Grauert manifestándose contrario a la dictadura, unos meses más tarde, en ese trágico año, Julio César Grauert moría cruelmente asesinado por la dictadura terrista, transformándose en el primer diputado y periodista uruguayo asesinado por una dictadura en nuestro país.
En cada golpe de Estado, ahí estuvieron los Grauert, para defender a la democracia y a la libertad de la República.
¡Qué coraje el de aquellos hombres! ¡Cuánta falta le hace un Brum, un Grauert, un Arena a nuestro sistema político!
Referirme a Julio César o a don Héctor es reencontrarnos con la mejor historia de nuestro gran Uruguay.
CONCEJAL LUIS EDUARDO BASOU C.I. 1.815.370-4
Reflexiones quejosas
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Hoy salgo a caminar por una playa del este de nuestro país, y me sorprendo (y molesto) por la inmensa cantidad de basura que llegó a la costa, producto de las ofrendas a Iemanjá. Respeto la libertad de culto y creo ser tolerante en eso y en otras cosas (que no me gustan). De todas formas, creo que las personas que llevan a cabo estos cultos, debieran hacerse cargo de la limpieza una vez terminada la jornada, «su fiesta», y no exponer al resto de la sociedad ni a las instituciones públicas a hacerse cargo de dejar «la casa en orden».
En otro orden, no se si vale la pena considerar todo lo que expondré, o por lo menos, que quede como otra simple reflexión (quejosa).
En primer lugar, leo una «Llamada al Director», en la cual una lectora escribe (o se entiende así) que si los médicos fuéramos agredidos, y se publicara todas las agresiones que sufrimos, también se debiera publicar la lista de errores médicos y negligencias. Usted responde en forma adecuada para la circunstancia.
Como médico, le diría que se manejan términos reales, pero incompletos e improcedentes. Los médicos y muchas otras personas somos (y son) agredidos a diario, de hecho y por palabras. Esto crea un clima nada agradable para el que brinda un servicio (médico, comunicador, panadero, etcétera) como también lo sufre el usuario. Por lo tanto, todo lo que podamos hacer como sociedad para disminuir la hostilidad en una sociedad es que necesitamos interactuar diferente.
Todos somos responsables, incluidos los médicos que fuimos víctimas de épocas de disgregación familiar y académica; basta de enojos.
DR. NORBERTO J. LIÑARES
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