UN JARDIN PARA EL CARNAVAL
No se podía perder ni un minuto porque los barrios tenían casi 100 tablados y había que cumplir con los ansiosos espectadores. La Mutual se abría casi al atardecer con grupos cómicos como «Handá ke te kure Lola», ideales para romper el fuego y andar haciendo boca. El público mientras tomaba una Bidú o la riquísima Bilz Sinalco se iba acomodando en los largos tablones. Las cómicas letras que hacía el recordado Armando García era pícaras y las familias empezaban con sus carcajadas.
Una vez el espectáculo de «Handá ke te kure Lola» se cerró con una rítmica conga que les había escrito el popular Ramón «Loro» Collazo. «Negra de mi vida, no pierdas el compás, mueve las caderas que yo no puedo más». Cantaban los muchachos y bajaban del escenario entre atronadores aplausos. El conjunto «La Cocina entró en calor» también era de los tempraneros para ir caldeando el ambiente. Llegaban con mucha hinchada que venía desde el barrio la Comercial donde ensayaban en una cantina de la calle Cagancha casi Juan Paullier. Sus directores Rodolfo Pérez y el popular Nelson Coronado fusionaban chistes, pegadizas músicas en el pout-purrit y un aire nostálgico en su despedida que recordaba costumbres de antaño como las noviecitas en el zaguán y los padres vichando. El dúo «Yo quiero dormir con mama» servía tanto para la iniciación del show como para su parte culminante. Su estilo de humor muy verde y directo impactaba en la platea que se reía desparramando en el suelo los pororó y los cucuruchos de helados de El Oso Polar. ¿Quién no se doblaba de risa con el gracioso Tomás Cortés y su compinche Francisco Marotta? Al llegar las murgas el tablado se agitaba.
Y con La Milonga Nacional la cosa iba en serio. Ya no quedaban más localidades, casi se había acabado el hielo y los garroneros esperaban un descuido de los porteros para saltar el tejido. Esa murga tenía un gran director como Pedro Sugo y en las letras brillaba la inteligencia de Ernesto Viega, conocido como Chevalier. Los respaldaban los canillitas de la Unión y también los vendedores callejeros de lotería que se hacían unos vintenes vendiendo sus libretos. Otros que contribuyeron a esa leyenda de La Milonga Nacional fueron José Calcagno y el Pocho Duarte. El Jardín de la Mutual vibraba al ritmo del palo y tamboril cuando llegaba la comparsa Fantasía Negra. Subían las bellas negritas rodeando al inolvidable bailarín Pirulo que lleno de plumas y muy maquillado demostraba porque era el induscutido número uno. Sus directores Pedro Ferreyra y Mario Páez junto a Jiménez tenían la varita mágica para que la comparsa luciera llena de esplendor y gran belleza. Se tenían que desplazar en sus dos camiones por aquellos innumerables tablados del ayer pues se presentaban con gran cantidad de banderas, estandartes, medialunas y casi 40 integrantes en escena.
Tenían el respaldo de don Carmelo Imperio y eso significaba mucho en el viejo carnaval montevideano. Las letras en su mayoría fueron de Pedro Ferreyra y aun hoy los negros de motas muy blancas las entonan suavecito en los pocos cafetines que sobreviven en El Sur y Palermo. Ya pasó la medianoche pero nadie se mueve. Quedan muchos conjuntos para actuar en aquel Jardín de la Mutual de la calle Agraciada.
COORDINACION: ANGEL LUIS GRENE
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